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Zeffirelli no se guarda nada y critica a todos

Sólo reivindica a Silvio Berlusconi, pero luego apunta sus dardos contra Visconti, Pasolini, Moretti y Benigni, entre otros

Sábado 13 de diciembre de 2003

ROMA (Corriere della Sera).- "Cargo con la culpa de haberme negado a derramar sal frente a la estatua del emperador. ¿Usted sabe cómo hacían los primeros cristianos para escapar de las persecuciones? Rendían un homenaje formal a un dios en la tierra, que en nuestra época no es otro que el comunismo, la izquierda. Tomemos el ejemplo de Luchino Visconti. ¿Que él fue comunista? Yo lo he visto despedir sin miramientos a dos ayudas de cámara que se habían olvidado de peinar a sus gatos persas. Entendámonos: hizo muy bien en echarlos, pero... ¿comunista? De ningún modo", dice Franco Zeffirelli mientras algunos de los hombres que trabajan en su casa aceleran el ritmo de limpieza de sus siete perros.

"Recuerdo -continúa- cuando filmamos La terra trema, en 1947. Vivíamos entre gente pobrísima porque Sicilia, en ese momento, era una región de una pobreza medieval. Cada día Visconti tomaba un baño caliente a la mañana y otro a la noche en agua perfumada con esencia de Penhaligon, el perfume que uso hasta hoy, Hammam bouquet. Francesco Rosi y yo, que éramos sus asistentes, nos quedábamos de pie junto a la bañera con el fin de informarlo sobre el balance de la jornada y recibir sus instrucciones para el día siguiente. Después, el "comunista" Visconti nos saludaba y cenaba en la cama servido por su mayordomo."

Franco Zeffirelli nos recibe en el archivo de su mansión de la via Appia, que está en arreglo desde hace dos años. Los trabajos están a punto de terminar. Hay mármoles, mosaicos, columnas, cajas con inscripciones como Jesús, Hamlet, Callas Forever, Infierno y Proyecto Jerusalén ("mi idea era reconstruir el primer templo y los israelíes estaban muy entusiasmados porque sería un gran atractivo turístico. Después, estalló la guerra"). Pero el punto de partida es siempre Visconti.

"No digo que haya derramado la sal por conveniencia. Lo hizo para hacerse perdonar por haber nacido en una de las familias más aristocráticas y más autócratas de Milán. Aunque la responsabilidad fue de Coco Chanel, que en París vivió muy cerca de él y le hablaba constantemente de León Blum y el Frente Popular. También fue muy importante la influencia de Jean Renoir, ferviente comunista, que quiso a Visconti como asistente y lo introdujo en el cine. Justo a Visconti, que creció en un palacio familiar con compañía teatral propia. Antes de rendir homenaje al Moloch comunista, Luchino tuvo una etapa fascistoide y otra mística. Su rasgo decadente siempre convivió con el trazo populista, "El Gatopardo" con "Rocco y sus hermanos", "Ludwig" con "La terra trema". Su personalidad asomaba en dos mundos que estaban en él."

Zeffirelli dice que otros, en cambio, obedecieron sólo por oportunismo al Minculpop comunista, mención que juega con el recuerdo de aquel Ministerio de Cultura Popular que en tiempos del fascismo ejercía una férrea censura de prensa. "Allí tiene a Picasso -continúa-: un multimillonario ruin y codicioso que no tuvo ninguna consideración con los humildes y acumuló una enorme fortuna sin haber hecho una sola obra benéfica en toda su vida. Sin embargo, alcanzaba con derramar la sal para que todo se abriera de par en par: las oportunidades de trabajo, el respaldo de la crítica, el espacio en los diarios. Y las cosas todavía siguen igual."

Se siente perseguido

El director cree que todavía se mantiene la hegemonía de la izquierda en el ámbito cultural. "No me gusta hacerme la víctima, pero este año revolucioné a todo Londres al lograr que por fin los ingleses reconocieran a Pirandello, pero aquí en Italia nadie se dio por enterado. Mi autobiografía está traducida en doce idiomas, pero en Italia no encuentro un editor. Hace 15 años llevé al Festival de Venecia "El joven Toscanini", que no fue uno de mis mejores films, pero sin siquiera esperar a verlo empezaron a correr rumores sobre la pantalla apenas apareció mi nombre. A las tres de la mañana, mientras estaba solo en mi habitación, destruido por la rabia y delante de una botella de whisky, sonó el teléfono y una voz amiga me dijo: "Me avergüenzo de ser italiano. A mis compatriotas hay que salvarlos de sí mismos porque no saben todo lo que se hace". Era Silvio Berlusconi."

Al hablar de su infancia y de su formación, dice que el apellido Zeffirelli en realidad no existe. "Lo inventó mi madre, Alaide Cipriani. Yo soy un hijo del amor. Mi padre se llamaba Cursi y se casó con otra mujer; cuando me reconoció yo ya era grande. Mamá tenía otros tres hijos, un marido en el hospital y un negocio de modas en la plaza de la República. Mi nacimiento resultó un escándalo para toda Florencia. Mi madre murió cuando tenía seis años y fui criado con dos primas de mi padre. Tres veces por semana tomaba clases de inglés con una señora, Mary O´Neill, que me introdujo en el círculo anglosajón de Florencia y me enseñó los valores de la democracia. Y tuve otros dos maestros: el padre Coiro, prior de San Marcos, y un profesor de derecho romano que frecuentaba el convento, Giorgio La Pira. El me enseñó que el aborto era un crimen y que los totalitarismos fascistas, nazis y comunistas son todos iguales, pero el comunismo es el más peligroso de todos."

Luego llegó la hora de la resistencia. "Fui a la montaña como católico liberal y casi me matan los comunistas. Los vi hacer cosas horribles, como asesinar a un sacerdote sólo porque había bendecido los cadáveres de los fascistas y arrojar el cuerpo a la fosa que usaban como letrina. Un día trataron de desarmarnos y nos salvó un grupo de polacos escapados de un campo de prisioneros que se negaron a entregar sus fusiles. De otro modo me hubieran disparado por la espalda, como era su costumbre, para presentarme luego como un caído en combate."

Zeffirelli no se incluye entre quienes piensan que las heridas de la guerra civil en Italia quedaron totalmente cerradas y que la Guerra Fría concluyó: "No hemos cambiado en nada. Ellos destruyeron al Partido Socialista e impiden que Italia funcione como una democracia normal, en la que conviven liberales y laboristas. No hacen más que estimular la obscenidad y la estupidez de quienes se oponen a la globalización, todos ellos hijos de gente rica que hacen de cuenta que son rebeldes. En este sentido pienso como Pasolini, otro que derramó la sal, pero fue siempre muy cariñoso conmigo. Yo defendí a Oriana Fallaci y compartí la rabia y el orgullo con que reaccionó frente a la gran amenaza de nuestros días, el fundamentalismo islámico. Berlusconi fue crucificado por haber reivindicado con toda justicia los valores de la civilización occidental. Siento continuamente que se trata de un hombre de una extraordinaria lealtad para con sus amigos. Los otros están todavía impregnados por la cultura stalinista del odio. ¿No aprecia la modestia que caracteriza a nuestros directores? Me acuerdo de Roberto Benigni treinta años atrás: hacía las cuentas en las mesas de algunos restaurantes romanos, que por lo menos en aquellos días le venían bien. No recuerdo de él ninguna película realmente lograda, tal vez con la excepción de "Johnny Stecchino". De Nanni Moretti no sabría decir nada; ninguno de sus trabajos logró ir más allá de mis córneas".

Zeffirelli no habla siempre bien de sus colegas, pero admite que entre los grandes no hay lugar para el amor. "Todos han derramado la sal, incluso De Filippo y De Sica, que de comunista no tenía nada. Yo soy un milagro y de haber estado a su alcance me habrían hecho desaparecer. A mí me salvó todo lo que hice en el extranjero. Ahora tengo casi listas las valijas para viajar a Moscú y dirigir "La traviata" en el Bolshoi. Eso sí, no pienso trabajar nunca más en la Scala mientras allí esté Riccardo Muti, un hombre que está borracho de sí mismo. El 12 de febrero cumplí 80 años y tengo aún una vida privada muy intensa. Conocí a Maria Callas y a la Madre Teresa, a Jeremy Irons y al padre Pío. También fui senador. Y el año próximo voy a filmar "Florentinos", con Miguel Angel y Leonardo como protagonistas. Ni siquiera ellos se llevaban bien." E inicia una larga disertación en torno de los dos Renacimientos de Florencia y sobre las diferencias entre la belleza de las actrices norteamericanas y las europeas mientras pasea por el jardín alrededor del monumento al perro, obsequio de Luchino Visconti.

Aldo Cazzullo

Retrato

Datos esenciales: Franco Zeffirelli nació en Florencia el 12 de febrero de 1923. Director, escenógrafo y vestuarista, inició su carrera como asistente de Luchino Visconti, Michelangelo Antonioni y Roberto Rossellini. También incursionó en la política: fue senador en dos períodos (1994 y 1996) por Forza Italia, el movimiento político que lidera Silvio Berlusconi.

Películas: en la pantalla grande, la fama de Zeffirelli está ligada a títulos como "La fierecilla domada", "Romeo y Julieta", "Hermano sol, hermana luna", "Jesús de Nazareth", "El joven Toscanini", "Hamlet", "Jane Eyre", "Té con Mussolini" y, más recientemente, "Callas forever".

Teatro y ópera: son famosas sus puestas en Gran Bretaña ("Otelo", "Romeo y Julieta" y "Hamlet") y en Italia ("¿Quién le teme a Virginia Woolf?", "María Estuardo", "Lorenzaccio", "Seis personajes en busca de autor"). Entre sus trabajos escénicos en la ópera se recuerdan especialmente puestas de "Carmen", "Don Giovanni", "La Traviata", "La Bohéme" y "Turandot" en algunas de las más importantes salas líricas de todo el mundo.

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