Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

El país, ante una nueva oportunidad

Domingo 18 de marzo de 2001

Como se preveía, el anuncio de las severas medidas de saneamiento fiscal que ha decidido impulsar el Gobierno -formulado anteayer por el ministro Ricardo López Murphy- ha desatado una crisis en la coalición política gobernante, ha generado duras manifestaciones de oposición entre los gobernadores de provincia y ha provocado encrespadas reacciones de descontento y malestar en diversos sectores de la sociedad.

Era prácticamente inevitable que la exposición ministerial del viernes produjera esos efectos: la reforma cuyos lineamientos se han dado a conocer incluye reducciones contundentes del gasto público nacional para el corto plazo, un recorte sustancial de las transferencias de fondos a los Estados provinciales, la eliminación de diferentes regímenes de exención impositiva, una drástica reforma de la estructura del Estado y -entre otras disposiciones no menos significativas- un reordenamiento profundo del mercado laboral.

Si a ello se agrega la enérgica ratificación de que el Gobierno llevará adelante con la mayor firmeza las proyectadas reformas del sistema jubilatorio y del régimen de las obras sociales se comprende que las expresiones de protesta sean muchas y que se estén insinuando ya situaciones de conflictividad que seguramente no va a ser fácil resolver.

Pero los argentinos debemos entender que estas medidas enérgicas de reordenamiento fiscal son rigurosamente necesarias para que la economía del país pueda salir del lamentable estado de postración y estancamiento en que hoy se encuentra.

Los sectores afectados por este inevitable programa de saneamiento de las cuentas públicas deben tener la suficiente lucidez para advertir que sin la ejecución de las reformas que el Gobierno ha resuelto instrumentar será imposible que la Argentina recupere la salud económica y vuelva a tener la competitividad y la capacidad productiva necesarias para reinsertarse en la senda del crecimiento.

Es comprensible que quienes son favorecidos por la subsistencia de estructuras o mecanismos que les garantizan determinadas ventajas se resistan a su eliminación. Pero quienes se encuentran en esa situación deben comprender que los verdaderos responsables del ajuste que hoy están obligados a soportar no son las actuales autoridades -y mucho menos el ministro que asumió días atrás- sino, las dirigencias que condujeron al país a la sombría situación en que hoy se encuentra. Lo que vive la Argentina es la consecuencia de una escalofriante suma de negligencias y errores acumulados en el tiempo por sucesivas gestiones de gobierno.

Desde luego, no se debe subestimar la importancia de la crisis política que ha quedado planteada y que se manifiesta con nitidez en la renuncia de un alto número de ministros y, sobre todo, en la decisión del Frepaso de que sus miembros dejen de ocupar funciones en el Gobierno. Pero tampoco se deben sobredimensionar las consecuencias del conflicto generado en el seno de las fuerzas que componen la Alianza. El Presidente deberá encarar ahora la posibilidad de reformular su sistema de alianzas políticas y parlamentarias y de fortalecer, así, la base de sustentación de su gobierno.

Es necesario afrontar la situación actual con serenidad y, sobre todo, con la profunda convicción de que el principal y decisivo respaldo político a las medidas propuestas por López Murphy es el que surge del apoyo irrestricto que le brinda el presidente de la República, en el pleno e irrenunciable ejercicio del liderazgo constitucional que le fue otorgado por el voto ciudadano. No debe olvidarse que ese liderazgo está en la naturaleza del sistema republicano y que a Fernando de la Rúa nadie puede cuestionarle el derecho a ejercerlo legítimamente hasta el año 2003.

Esto no significa desconocer que el Poder Legislativo tiene un rol fundamental en la construcción del marco legal en el cual se desenvuelve la gestión del Presidente. Pero en horas tan extremadamente graves como las que vive la República corresponde exigirle a los legisladores -cualquiera que sea la bancada de la que formen parte- que se coloquen a la altura de sus responsabilidades institucionales e históricas.

La reforma que se le ha propuesto al país no es sólo el fruto del esfuerzo de un equipo económico de excelencia. Es, ni más ni menos, la reforma que Fernando de la Rúa considera hoy indispensable para liberar a la nación de las pesadas cargas que frenan sus energías creadoras. Esa reforma no debe encontrar obstáculos que la perturben o desnaturalicen. De lo contrario, la Argentina seguirá empantanada y su posibilidad de retomar la ruta del crecimiento se tornará cada vez más lejana.

El país está hoy ante una nueva oportunidad: en el más alto nivel de decisión de la República se ha tomado conciencia de la gravísima situación por la que atravesamos y se ha formulado un programa de acción coherente, sólido y adecuado a las severas necesidades de la hora. Confiemos en que la oportunidad -más allá de los disensos y los debates a que pueda dar lugar- será aprovechada y que la Nación se encaminará, finalmente, hacia un horizonte de claridades y no de sombras.

Te puede interesar