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Biografía de Silvina Bullrich

El perfil de una hacedora de best sellers

Cultura

La periodista Mucci presentó su libro "La gran burguesa", donde traza el retrato de la prolífica escritora

Por   | LA NACION

"Hay escritores para una elite, otros para escritores, y otros para la posteridad. Yo he sido una escritora para mis lectores contemporáneos. Sé que no voy a perdurar en la literatura, mi éxito es un éxito del presente."

La admonición contra sí misma se transformó en una amarga profecía cumplida para Silvina Bullrich, una de las hacedoras de best sellers más prolíficas que tuvo el mercado editorial argentino durante las décadas del 70 y 80. Publicaba a razón de un título por año, con tiradas excepcionales que llegaban a los 100.000 ejemplares.

Sus novelas "Los burgueses", "Los pasajeros del jardín", "Bodas de cristal", "Los salvadores de la patria "y "Mañana digo basta", entre otros 40 títulos con los que vendió la nada desdeñable cifra de 1 millón de libros, eran tema de conversación obligada en los meses estivales. Los medios de la época, como la revista Somos, hablaban de un "fenómeno nacional",

Bullrich fue una aristócrata que escribía para un mercado cautivo: sus pares de la alta burguesía. Pero también para una nueva casta de lectores que ella misma concibió: los voyeurs del linaje y los estilos de vida ajenos. En cada libro confeccionaba un atlas social, un fresco implacable de la cofradía burguesa donde las estancias, los pisos de Barrio Norte, las herencias, los viajes a Europa y la ropa de marca se mezclaban con las pasiones y traiciones de hombres casados, la indiferencia de los hijos, los veranos en Punta del Este, la bicicleta financiera y la declinación de la sociedad argentina; siempre retratados desde la ambigüedad de una mirada tan cómplice como corrosiva.

La periodista Cristina Mucci, factótum de "Los siete locos", el programa de TV sobre libros y escritores que lleva 17 años ininterrumpidos en el aire y por donde pasaron todos los grandes hombres y mujeres de las letras de habla hispana, decidió rescatar del olvido a la figura de "esa máquina de hacer plata con la ficción" que, sin embargo, siempre se quejaba de no ganar lo suficiente.

En su último libro, "La gran burguesa", además de trazar el perfil de Bullrich, Mucci completa una trilogía biográfica sobre "el trío más mentado", las féminas de las letras que, gracias a su protagonismo mediático, se encumbraron como emblemas de toda una época: ellas fueron, con sus matices y disímil calidad literaria, Marta Lynch, Beatriz Guido y Silvina Bullrich.

Personajes populares

"Tuvieron un protagonismo absoluto en los 80, una época que me interesaba retratar. Eran estrellas. Había escritoras más prestigiosas, pero las famosas eran ellas", cuenta Mucci en una entrevista con LA NACION. "Era una época donde los escritores gozaban de un prestigio que hoy no tienen, más allá de que supieron usufructuar muy bien esos personajes públicos que armaron para sí."

Bullrich, que según Mucci poseía talento literario aunque enseguida cedió a las presiones del mercado y, con ellas, resignó calidad por los réditos inmediatos de una producción febril, fue una cronista minuciosa de los temas candentes del país. "La gente se sentía muy reflejada en esa literatura y ella, que dependía de lo que escribía para poder vivir, enseguida aprendió a sacarle provecho", dice.

En su libro, Mucci la cita a Bullrich dando su propia receta para hornear best sellers: "Hay dos", decía la escritora, fallecida en 1990 en el Hospital Cantonal de Ginebra, donde también agonizó Borges. (Aunque no había ido a morir allí, sino a disimular el paso del tiempo con una internación en el célebre centro estético La Prairie.) "La primera -decía- es la receta del staff, típica de los americanos. El escritor reúne a un grupo de médicos, de magnates o mercenarios. Procesa los datos que aportan y arma un libro. La otra es la receta del dulce de leche, la que aplico yo, bien casera: un hecho me llama la atención en el diario. Sitúo la acción en un lugar identificable para el lector. Le agrego un par de experiencias personales, algunas situaciones imaginadas y el bollo está listo para el horno. Claro que hay que encontrar la proporción justa y haber establecido con el lector una especie de cordón umbilical, mezcla de amor y de exigencia."

El arrobamiento de Borges

Provocadora y contestataria, capaz de la sinceridad más imprudente (como decirle a una lectora que esperaba en fila que Bullrich firmara su ejemplar: "Su collar es francamente horrible"), la linda señora burguesa era conocida por su voz gangosa, grave y su tendencia a la procacidad. "Abría la boca y parecía un carrero", según el escritor Edgardo Cozarinsky. Aun así, en los años 40, Borges se enamoró de ella. La acosaba, le mandaba cartitas y se mostraba desesperado por verla, cuenta Mucci. "Anoche pasé frente a tu casa", le dijo Borges un día. Fiel a su estilo, Bullrich le contestó: "Estaba en mi cuarto, en mi cama con fulano de tal".

La relación sentimental con Borges, que le dedicó el poema " La noche cíclica" y publicó en colaboración con ella "El compadrito", terminó en "un mutuo desagrado que ambos se profesaron hasta el final". Así, en una oportunidad, reprochándole a Borges que no cobrara por sus conferencias, un día le espetó: "Ay, Georgie, vos te comportás como las p... que, cuando se enamoran, trabajan gratis".

Decirlo todo sin pudor

Ella, que lo escribía todo, tampoco callaba nada: cuando Bioy Casares ganó el Premio Nacional de Literatura se encontró con Bullrich en la entrada del Hotel Alvear. "Vos ganaste el premio porque yo no me presenté; y no me presenté para que te premiaran a vos", le dijo la escritora cuyos referentes literarios fueron las francesas Françoise Sagan, primero, y Simone de Beauvoir, después. "Ahora te van a proponer que formes parte del jurado -continúo-. Aceptá, yo me presento y vos me premiás."

El libro de Mucci es también un buen compendio de anécdotas de los hombres de letras. Como el consejo que le dio Manucho Mujica Lainez al padre de Bullrich cuando éste, que la menospreciaba por el solo hecho de ser mujer, no vislumbraba en su hija un futuro promisorio con la literatura: "Dejala escribir -le dijo-, es barato y no le hace mal a nadie". Una provocación que la llevó sin escalas a transformarse en una de las escritoras argentinas de mayor venta de todos los tiempos. Y en una provocadora profesional, que "le gustaba escandalizar, pero que en el fondo estaba atenta a todos los convencionalismos de su clase".

Fue una mujer independiente, que se hizo sola, logró casi todo lo que quiso y disfrutó en vida de su inmenso éxito", dice Mucci. Pero la muerte del que fue su gran amor, Marcelo Dupont (que falleció luego de cinco años de convivencia), profundizó su miedo a esa compañía silenciosa e inseparable que es la sensación de soledad.

"Dos personas son un mundo y una persona es la mitad de sí mismo -escribió Bullrich-. Todas las matemáticas se estrellan contra esa realidad." Tal vez lo único que Bullrich debió resignar en la última parte de su vida fue justamente eso: la certeza de que en su vida palpitaría otra mitad.

"Los siete locos"

  • El programa que ideó y conduce Cristina Mucci fue pionero en TV como foro de discusión de las ideas de los intelectuales y de la producción literaria de los escritores de habla hispana. En los más de 600 programas (nació en 1987) se suscitaron los debates más encendidos, como la polémica protagonizada entre David Viñas y Beatriz Sarlo sobre la pertenencia política de los intelectuales. Mucci, que el año último volvió a Canal 7, es una defensora del sistema de radiodifusión pública de alta calidad. "Una democracia no es plena sin un pueblo educado y activo, por eso el rol de Canal 7 es estratégico", dijo.
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