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La convocatoria del Presidente

Lunes 19 de marzo de 2001

EL llamado que formuló anoche el presidente de la República a formalizar un gran acuerdo histórico y a constituir un gobierno de unión nacional no podría dejar de encontrar una respuesta positiva en el ánimo de la mayor parte de los argentinos.

La gravedad extraordinaria de la crisis que atraviesa el país, afectado por la mortificante persistencia de un proceso de recesión que condena a un vasto sector de la población al desempleo y la marginación, a lo que se agrega el peso negativo de una estructura fiscal altamente vulnerable, obliga a considerar que ha llegado la hora, en efecto, de que se privilegie la defensa sincera y encendida del interés nacional por encima de los sectarismos partidarios y de los egoísmos corporativos o sectoriales.

En ese sentido, los movimientos registrados anoche en la quinta presidencial de Olivos y el probable ingreso en el Gobierno de dirigentes de partidos que hasta ahora no formaron parte de la coalición gobernante -como es el caso notorio de Domingo Cavallo, a quien se señala como un seguro candidato a ocupar altas funciones en la estructura del Estado- parecen señalar que estaría a punto de abrirse un capítulo inédito en la vida política argentina.

La ciudadanía debe celebrar que el presidente de la Nación haya decidido constituir un frente político superador de los intereses partidarios y que esté invitando a dialogar a los dirigentes de las distintas fuerzas con el fin de instrumentar esa labor de apertura e integración, a partir de la cual se aspira a crear las condiciones necesarias para que el país pueda salir de la situación de estancamiento en que se encuentra desde hace tres años.

La sola recordación de que el país necesita pedir todos los años más de once mil millones de pesos prestados, formulada anoche por el jefe del Estado, debería ser un factor de persuasión suficiente para que se tome conciencia de la necesidad imperiosa de impulsar una nueva estrategia de recuperación fundada en el espíritu de unión y de solidaridad de todos los argentinos.

Se debe tener en cuenta, sin embargo, que una propuesta como la que el Presidente expone debería ser ejecutada con la mayor celeridad, sin más dilaciones. Se ha perdido ya, lamentablemente, demasiado tiempo y muchos ciudadanos se están preguntando, seguramente, por qué esta convocatoria a la unidad nacional tardó tanto en llegar.

Las vacilaciones, los cambios de rumbo, las marchas y contramarchas no ayudan a fortalecer la credibilidad de las propuestas gubernamentales. Hace apenas tres días el país conoció los lineamientos del severo programa de saneamiento fiscal que el ministro de Economía ha propuesto impulsar para que la Argentina recupere su salud económica y pueda volver a instalarse en la senda del crecimiento. Ayer señalamos en esta columna editorial que sin una acción de reordenamiento fiscal como la que ha anunciado Ricardo López Murphy será muy difícil que la economía argentina consiga salir del estado de postración en que se encuentra. Y reclamamos del Gobierno firmeza en el apoyo a ese proyecto de reformas, a pesar de las duras manifestaciones de oposición que ha provocado en múltiples sectores políticos y sociales.

Anoche, sin embargo, se tuvo la sensación de que el programa de reordenamiento económico podría sufrir modificaciones. No hubo ninguna definición oficial en ese sentido, pero el contexto general de los sucesos registrados en Olivos pareció autorizar la sospecha de que algunos puntos podrían, en efecto, ser modificados.

Cualquiera sea el criterio que en definitiva prevalezca, será bueno que el Gobierno advierta que este tipo de vacilaciones e inestabilidades, estas idas y venidas, no ayudan a la conformación del clima de confianza que cualquier estrategia de cambio reclama.

Más allá de esos señalamientos, es indudable que la convocatoria presidencial de anoche puede abrir un capítulo fecundo y de oxigenación de la vida política argentina. La posibilidad de que el Poder Ejecutivo reclame del Congreso una delegación de facultades -invocando la emergencia pública prevista por el artículo 76 de la Constitución- podría ser uno de los instrumentos adecuados para la dinamización de los cambios que se reclaman.

Formulemos votos para que la sociedad argentina en su conjunto haga honor al llamado del Presidente y para que sin más pérdida de tiempo se active la constitución de un gobierno que sea expresión de un genuino espíritu de unidad nacional.

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