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El retorno de Cavallo

Martes 20 de marzo de 2001

LA casi segura incorporación de Domingo Cavallo al gobierno nacional en una alta función de la estructura del Estado abrirá un capítulo inédito en la vida política e institucional de la Nación. Con el retorno del hombre que fue artífice de las grandes transformaciones económicas impulsadas durante la presidencia de Carlos Menem, el doctor Fernando de la Rúa habrá brindado una demostración de realismo, que privilegia las necesidades del país antes que la resistencia a la figura del inspirador de la convertibilidad en no pocos sectores de la coalición gobernante.

En momentos en que el Gobierno se ve en la necesidad de ejecutar un severo y exigente programa de saneamiento fiscal, cuyo solo anuncio generó el viernes último una crisis ministerial y provocó la decisión del Frepaso de que sus miembros dejen de ocupar funciones en la estructura gubernamental, es altamente saludable que el Presidente convoque para las más altas esferas del poder al economista que fue protagonista decisivo de los principales cambios estructurales de la última década y cuyos merecimientos son ampliamente reconocidos en el país y en el exterior.

La llegada de Cavallo fortalecería de manera evidente la base de sustentación política del gobierno que preside De la Rúa, al que colocaría en una situación más favorable para hacer frente a las demostraciones de protesta que diversos sectores gremiales están preparando para estos días.

Cabe esperar que la incorporación del ex ministro de Economía de Menem produzca un verdadero shock político, que modifique drásticamente el escenario en el cual se había estado debatiendo hasta ahora -en medio de graves dificultades y de inocultables signos de incertidumbre- la gestión presidencial.

Debe lamentarse, sin embargo, que, al igual que en otras oportunidades, se haya tenido que esperar a que el estado de emergencia nos acosara para recurrir a este tipo de decisiones políticas. Los cambios por colapso, frutos de situaciones desesperantes, no son los más deseables.

Resultaría desconcertante, por otra parte, que la incorporación de Cavallo al Gobierno sea utilizada para menoscabar el acertado diagnóstico sobre el brutal tamaño de nuestro déficit fiscal y del gasto improductivo del Estado nacional y de las provincias, trazado por el equipo económico encabezado por Ricardo López Murphy, al que debe reconocérsele una singular valentía para enfrentar desequilibrios estructurales cuya erradicación ya no puede postergarse.

La Argentina ha llegado al límite de su capacidad de endeudamiento para financiar el dispendio estatal, tal como lo demuestran el aumento del riesgo-país y las dificultades para colocar títulos de deuda a tasas razonables.

Tras más de dos años de recesión económica, resulta claro que -más allá de algunas posibles medidas de aliento al sistema productivo- la Argentina no podrá crecer si no apuesta seriamente al equilibrio fiscal.

Es imprescindible que la clase política deje de lado expresiones voluntaristas y demagógicas y reconozca la gravedad de la situación fiscal. Al margen de que algunas medidas impulsadas por López Murphy puedan discutirse, sería irracional cuestionar los fundamentos y los objetivos de disciplina fiscal que contiene la propuesta de su equipo económico. Llama la atención que muchos de los dirigentes políticos que aprobaron hacia fines de 1999 la ley de solvencia fiscal, que ponía fuertes límites al déficit de las cuentas públicas, sean hoy quienes cuestionen la convocatoria a racionalizar el gasto público que ha hecho el hasta ayer ministro de Economía.

Sería importante que los cambios en el gabinete de ministros no echen por la borda muchas de las ideas del equipo liderado por López Murphy para eliminar todo gasto público improductivo, al tiempo que los dirigentes políticos unan sus esfuerzos y trabajen de manera conjunta, con espíritu pluralista y con la mirada puesta en la defensa de los altos intereses de la Nación, amenazados por la persistencia de una estructura fiscal altamente vulnerable y por la mortificante continuidad de un proceso de recesión que condena a un altísimo número de argentinos al desempleo y a la marginación.

El país aguarda que el presidente De la Rúa y sus colaboradores extremen la prudencia y desarrollen al máximo su espíritu de convivencia y su sentido del pluralismo, a fin de que el futuro engranaje de gobierno funcione con la eficiencia, el dinamismo y la cohesión que reclaman los complejos problemas de esta hora.

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