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Juntos como antes

Coria y Nalbandian se conocieron cuando tenían ocho años; fueron campeones mundiales Sub 14, ganaron el dobles de Wimbledon en juniors y ahora vuelven a jugar en equipo luego de cinco años

Viernes 06 de febrero de 2004

AGADIR. - Esta historia comenzó hace mucho tiempo. Ni los propios protagonistas recordarán esa jornada en las que en un certamen nacional, allá por 1989, con apenas ocho años, se toparon en la localidad santafecina de Esperanza. Cada uno cargaba una raqueta de aluminio, mientras que sus cuotas de talento izaban sus banderas de la ilusión. Eran días en los que uno se asombraba con Andre Agassi y el otro se emocionaba cada vez que Boris Becker se desparramaba por el césped de Wimbledon.

Esos dos rubiecitos ya son dos hombres de 22 años. Se trata de la película de Guillermo Coria y David Nalbandian, los dueños de un capítulo de la Copa Davis que desde hoy comenzarán a escribir juntos, en tierra marroquí, bien lejos de ese punto del mundo en los que sus vidas tenísticas comenzaron a construir un camino que proyecta ser uno de los más trascendentes del tenis de nuestro país.

Puede decirse que Guille, el hijo mayor de Oscar y Graciela, llegó al mundo con una raqueta bajo el brazo. Oscar, un profesor de tenis de Rufino, había prometido que su primer hijo llevaría el mismo nombre que Vilas, el ídolo deportivo que lo hacía dejar todo y recorrer miles de kilómetros cada vez que el marplatense actuaba en el Buenos Aires Lawn Tennis Club.

Puede señalarse que David, el Gringo, el hijo menor de Norberto y Alda, llegó al tenis de la mano de sus hermanos mayores, Javier y Darío, a quienes desafiaba en las canchas de cemento de Unquillo. Cuenta la leyenda que a medida que los años fueron transcurriendo, los Nalbandian, unidos como pocos, al ver el potencial de David, no dejaron de lado esfuerzo posible para ver cómo la promesa podía transformarse en realidad.

Ellos estaban en todos los torneos. Ganando, remando, luchando con una generación integrada por Esteban Zanetti, Antonio Pastorino y Edgardo Massa. Pero la cuota de talento y la fortuna de un cambio de timón en la Asociación Argentina de Tenis, les abrió la puerta para una gran oportunidad, en 1996, justo cuando Gabriela Sabatini empezaba a despedirse de las raquetas.

Después de 20 años al margen de la AAT, Enrique Morea volvía a la presidencia. Y su primera medida -la más acertada por lo visto- fue poner en marcha otra vez la Escuela Nacional.

Coria, Nalbandian y Pastorino fueron los elegidos entre los hombres. Después de tantos campeonatos sudamericanos ganados, ya con 14 años, el destino los colocó como representantes argentinos en el Mundial de Nagoya, en Japón, título que por primera vez quedó en manos de un equipo de nuestro país.

Allí comenzó la apuesta grande, de giras extensas por todo el mundo. De un lado para el otro. Un grupo que fue dirigido sucesivamente por Claudio Sosa, Modesto Vázquez y Gustavo Luza, hoy capitán del equipo de la Davis y el mismo que, vaya casualidad, los hará debutar juntos en la prueba más importante de tenis por equipos.

En diciembre de 1997, Coria dio el primer toque de atención en Miami, con la conquista del Orange Bowl; en septiembre del año siguiente, Nalbandian venció a Roger Federer en la final junior del US Open. Ya todo el planeta tenístico hablaba de los chicos argentinos que serían dueños del futuro. Esos mismos pibes que, en junio de 1999, tras compartir el mismo cuarto, se levantaron en París para ir a Roland Garros y definir la prueba para juveniles.

El título quedó en manos de Coria, pero el tenis no daba respiro. La escala siguiente fue Wimbledon. En esa lluviosa Londres, David era Pejerto y Guille, Piscui. Nalbandian andaba con el pelo teñido de rubio furioso y Coria con una camiseta de River. Parecía que el césped más venerado del mundo entregaría un nuevo desquite. Pero las semifinales fue una barrera infranqueable. La fiebre cibernética ya estaba desparramada y el envío de un correo electrónico demoró más de lo debido a Nalbandian. Llegó tarde y el austríaco Jürgen Melzer se quedó con el paso a la final sin haber sacado la raqueta de su bolso. El llanto del cordobés no servía de consuelo, pero sí para preparar un desquite que llegaría tres años después, cuando se convirtió en el primer finalista de nuestro país en la prueba masculina para profesionales. Coria, al mismo tiempo, se derrumbaba ante la potencia del dinamarqués Kristian Pless. Pero habría lugar para disfrutar el paso por Inglaterra.

Coria y Nalbandian estaban inscriptos en la prueba de dobles. Como compañera de gira estaba María Emilia Salerni. Después de los golpes en la semifinal, le propusieron a su amiga dejar el dobles y volver rápido a la Argentina. Salerni les dijo que no, que necesitaba llegar lo más lejos posible. La lluvia postergó la definición del dobles hasta el día siguiente.

Mientras Sampras y Agassi disputaban una final memorable en La Catedral, los chicos argentinos salieron a jugar los cuartos de final del dobles, a ver lo que pasaba, sin mucho ánimo. Cedieron el primer set, el segundo ya parecía perdido, cuando vieron, en uno de los carteles electrónicos del All England, que Salerni estaba a punto de ser semifinalista. Cuentan que la bronca fue inmensa y que lo único que atinaron fue a reaccionar y dar vuelta el partido. Lo ganaron 14-12 en el tercero, se impusieron en la semifinal y se llevaron el título, al mismo tiempo que Salerni también alzaba la copa. Del supuesto paso por el aeropuerto de Heathrow, la historia terminó en el Ritz, con los tres como invitados especiales, a la fiesta del torneo.

Los días de juveniles, previo paso por Caracas como sparrings del equipo argentino en una recordada serie ante Venezuela, se convirtieron en tiempos profesionales. Coria despegó primero. Se colocó entre los 30 mejores del mundo hasta que un compuesto vitamínico infectado lo llevó a sufrir una suspensión de siete meses, a fines de 2001. Al mismo tiempo, Nalbandian empezó a remar y, al cabo de dos temporadas, trepó 200 puestos en el ranking y se colocó entre los top-ten.

El resto ya empieza a ser más conocido. Nalbandian fue campeón en Estoril y en Basilea, finalista en Wimbledon, vivió un memorable debut copero ante Rusia (en dobles con Lucas Arnold) y protagonizó una enorme semifinal del último US Open; Coria regresó al circuito, se adueñó de cinco títulos, entre ellos un Masters Series en Hamburgo, aplastó a en Roland Garros a Agassi y, al igual que su compañero de aventuras, terminó entre los ocho mejores del mundo.

Desde hoy vivirán una nueva historia. El prólogo del capítulo más emocionante de esta película. Juntos, por primera vez, Nalbandian y Coria disputarán la Copa Davis, esa Ensaladera de Plata que motiva al público argentino más que cualquier otro torneo. Juntos, por una gloria que los dos aspiran y que ni siquiera imaginaban en esa soleada mañana en la que el tenis los cruzó en Esperanza.

Por Alfredo Bernardi De la Redacción de LA NACION

Campeones mundiales En septiembre de 1996, Coria y Nalbandian se consagraron campeones en el Mundial de la categoría Sub 14 que se jugó en Nagoya, Japón, con un equipo que completaba Antonio Pastorino, y con Claudio Sosa como capitán. En la final superaron a Suecia.

Cuatro títulos en dobles Como juveniles, varias veces jugaron juntos en dobles y ganaron cuatro campeonatos: el torneo Eddie Herr, en 1998, y Roehampton, el Abierto de Italia y Wimbledon, en 1999. Además, llegaron a las semifinales del Orange Bowl en 1998.

Frente a frente en finales Como juveniles, Coria le ganó a Nalbandian la final de Roland Garros en 1999, por 6-4 y 6-3. Como profesionales, llegaron a la definición de Basilea 2003, pero el de Unquillo no se presentó por una lesión en la muñeca izquierda.

Choques en el ATP Tour Más allá de esa final en Basilea que no se disputó, Coria y Nalbandian se enfrentaron dos veces como profesionales, con sendas victorias para el santafecino: en la segunda rueda del challenger de Lima 2000, se impuso por 6-2, 6-7 (5-7) y 6-1, y en los cuartos de final del ATP de Buenos Aires 2003, por 3-6, 6-3 y 7-6 (7-5).

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