Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

"La cultura da un sentido crítico a la vida"

El humanista dirige la colección "Nueva dimensión argentina", que integra testimonios muy diversos

Domingo 25 de marzo de 2001
SEGUIR
LA NACION

Gregorio Weinberg tiene dos bibliotecas. La biblioteca y la "Biblioteca-Biblioteca", como él las distingue.

La primera recorre las paredes del living, en su casa de La Paternal, y es donde recibe a las visitas. La segunda es un cuarto oscuro, interminable, al que se llega atravesando el patio y donde guarda sus tesoros: sus volúmenes de historia de la ciencia (casi arruinados en la inundación anterior), máscaras traídas de distintos lugares, desde México hasta el Africa, y las decenas de libros de autores consagrados u olvidados que lo han marcado desde sus inicios.

Para el reconocido investigador y docente, doctor honoris causa de la Universidad de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Educación, existen "clásicos conocidos, pero también aquellos postergados por prejuicios o porque el canon académico de un momento determinado no los aceptó".

En la flamante colección "Nueva dimensión argentina", de la editorial Taurus y de la cual es director, Weinberg ahora busca acercarlos a un público general.

La cultura, integradora

"Creo que la cultura es el factor fundamental para atacar esta falta de integración de la sociedad. La cultura es lo que nos da un sentido crítico a la vida. Permite reconstituir nuestras raíces y, a partir de ahí, edificar. La idea la tomé de Carlos Fuentes, que dijo que quien incluye se enriquece, y la quiero volcar en la selección de textos", expresó.

Esta no se trata de la primera incursión del gran humanista en los libros históricos. Ya dirigió las colecciones "Dimensión Argentina" y "Dimensión Americana" de Ediciones Solar. Pero lo hace con renovados bríos: "Busco que la heterogeneidad de los textos señale una homogeneidad, un sentido a la colección. Integrar al país en todas sus dimensiones con testimonios de la industria, recuerdos de artistas viajeros y exploradores, memorias, comediógrafos e historiadores".

-El primer texto de la colección es el "Epistolario belgraniano". ¿Por qué lo eligieron?

-Empezamos por Belgrano por una particular devoción que tengo hacia él. Aunque la palabra esté fuera de época, creo que se lo respeta y recuerda como militar, creador de la bandera y demás, pero, sin entrar en un análisis profundo, se lo olvida como intelectual. Fue uno de los primeros en tener un proyecto de país para la Argentina, justamente lo que nos hace falta en esta crisis, lo que le hace falta al Presidente. Por eso lo recomiendo: para mí es un catecismo cívico.

-¿Sólo publicará autores con los cuales esté de acuerdo ideológicamente?

-No, creo que hay que publicar los libros con los que se está en desacuerdo también. Gálvez, por ejemplo, tenía una ideología muy excluyente, fuertemente en contra de la inmigración. Si son libros importantes van a estar, pero nunca fragmentados, sino el texto entero, y siempre con un prólogo preliminar que ayude al lector a situarse en el contexto, los problemas y el pensamiento de la época. Y que explique el porqué de su vigencia.

-¿Cree que se puede aprender con la historia?

-Sí, y sobre todo por lo que está cambiando la disciplina. Ya no es más la cronología de fechas de batallas y hechos políticos. Se incorporó lo social, lo económico, pero también la historia rural, de las mujeres... Hace unos años era imposible pensar en una historia de la vida cotidiana; hoy se la ve en todas las vidrieras. Así que estamos llenos de elementos para capturar nuevas audiencias.

-¿La enseñanza de la historia en la escuela refleja estos cambios?

-No; en esto la escuela está muy rezagada, en gran parte porque la formación de los docentes es deficiente. El resultado es que la historia que aprenden los chicos dice que eran todos blancos, lindos y buenos los que ganaban.

-Aun así, ¿cree que se está ampliando la base de sus lectores?

-Sí. En los últimos 50 años se politizó el país, en el buen y mal sentido de la palabra. Uno de sus efectos fue que aumentaron los estudiantes de Historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, y también en los profesorados. Pero, además, en los últimos meses se vio la aparición de varias historias generales, como la de la Academia Nacional de la Historia y la editada por Sudamericana. Eso es un buen síntoma, significa que se están despertando lectores nuevos.

-¿Este interés por la historia se debe al boom que se vivió de la novela histórica?

-Bueno, no es un género al que le tenga particular simpatía, pero sin duda contribuyó. Sirvió para aumentar el interés por el pasado, los personajes, descubrir nuevas figuras o crear un debate más generalizado. Pero ahora ese lector tiene la oportunidad de dar un paso más y llegar a las fuentes. Y si los textos están disponibles, y son de fácil acceso en las librerías, los lectores lo van a hacer solos. Ni vale la pena una recomendación.

Los títulos de la nueva colección

Obras de Mármol y de Manuel Gálvez

La editorial Taurus, de la cual Gregorio Weinberg es director, lanzó ya en las librerías la colección "Nueva dimensión argentina", que retoma la línea de "El pasado argentino", publicada por Ediciones del Solar. Ofrece una biblioteca cuyo objetivo es desentrañar la fisonomía del país.

Los dos primeros títulos de la colección son "Epistolario belgraniano" y "Viaje a caballo por las provincias argentinas", de William Mac Cann.

Entre otros títulos, la serie incluirá "Los que pasaban", de Paul Groussac; "Cosas de negros", de Vicente Rossi; "Manuelita Rosas y otras prosas del exilio", de José Mármol; "Las guerras civiles", de Juan Alvarez, y "El diario de Gabriel Quiroga", de Manuel Gálvez.

La dirección de la colección está a cargo de Gregorio Weinberg, escritor, investigador y docente de reconocida trayectoria en el campo académico, educativo y cultural.

Nacido en 1919, es hoy una de las figuras más lúcidas del pensamiento argentino contemporáneo. Fue, hasta el golpe militar de 1966, titular de varias cátedras en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, relacionadas con el pensamiento argentino y latinoamericano.

Dirigió la Biblioteca Nacional, fue director del Conicet y miembro del Consejo para la Consolidación de la Democracia, creado por el ex presidente Raúl Alfonsín en su gestión presidencial.

En 1999 la Unesco le entregó la medalla Aristóteles, en reconocimiento de sus méritos de investigador y de los importantes servicios prestados a la cultura. Es doctor honoris causa de la Universidad de Buenos Aires, miembro de la Academia Nacional de Educación e integra el Consejo Académico de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

Te puede interesar