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Análisis de paternidad, una caja de sorpresas

Por Gabriela Navarra De la Redacción de LA NACION

Lunes 16 de febrero de 2004

La gran mayoría de las personas cree que solamente en esos culebrones de media tarde suceden cosas tan inverosímiles como que la protagonista termine siendo hermana del galán con el que está a un paso del altar, o que la heredera de la gran fortuna de la familia sea precisamente esa tímida empleada, hija no confesada del patriarca de la casa, que decide reconocerla durante su agonía.

Sin embargo, todo indica que estos argumentos brotan nada más y nada menos que de la mismísima realidad.

Eso, por lo menos, es lo que se desprende de una recopilación de más de 2000 casos atendidos por un centro privado de genética porteño que se especializa en estudios de paternidad.

A lo largo de varios años de trabajo, los especialistas de esta institución llegaron a una conclusión singular: en el 30% de los casos, la paternidad alegada no es la real. En otras palabras, en tres de cada diez casos en que se duda de quién es el padre de un niño, el estudio de ADN indica que el hombre en cuestión tenía razón al dudar: el padre es otro.

"Los estudios de ADN existen en nuestro país desde 1992 y se utilizan para determinación de parentesco e identidad, y también para intervenciones de tipo forense, como una violación o un asesinato -explica la doctora Mariana Herrera, bióloga especialista en genética molecular, miembro fundador y vocal de la Sociedad Argentina de Genética Forense-. Antes se hacían por histocompatibilidad, un sistema que se había desarrollado para trasplantes de órganos. Y previo a eso se determinaba identidad con métodos antropomórficos y no bioquímicos, como las formas de las orejas, la estatura. A partir del ADN la certeza fue muchísimo mayor. La histocompatibilidad de tejidos era como mirar con una lupa. El ADN, como hacerlo a través de un microscopio electrónico."

Preguntas inquietantes

Mariana Herrera y Viviana Bernath dirigen el laboratorio de Genética y Biología Molecular Genda, asociado a la Sociedad Internacional de Genética Forense, que anualmente convoca a reuniones donde se presentan trabajos científicos y se estandarizan protocolos y metodologías para establecer homogeneidad en las técnicas utilizadas y control de calidad.

"La pregunta básica que lleva a una persona a someterse a uno de estos estudios de identidad es ¿quiénes son mis padres? -explica Mariana Herrera-. Aunque cuando se trata de un niño, generalmente es la madre la que solicita la filiación para determinar de qué hombre es hijo. Si se dispone del padre alegado el estudio es más sencillo y directo; si no, se puede recurrir a los varones de la familia de ese padre alegado: a través del cromosoma Y se puede hacer un seguimiento del linaje paterno, ya que existen marcadores genéticos en ese cromosoma que se heredan."

La especialista agrega que la mayor parte de las solicitudes de estudios de filiación proviene de la justicia y en menor proporción de solicitudes particulares. "En el nivel judicial puede ocurrir que un hombre diga que ese hijo que lleva otro apellido en realidad es su hijo y que inicie acciones para que se quite el apellido que tiene y se le otorgue el suyo, o bien que una madre reclame a un hombre el reconocimiento de un hijo para que le dé el apellido."

En el ámbito privado, indica la especialista, las personas que se acercan suelen pedir una discreción total y llegan para disipar dudas. "Hemos tenido casos de papás con chicos adolescentes que comienzan con una crisis de identidad... Quizás han escuchado algún comentario por ahí y se sienten muy mal, tienen dudas. Entonces hacen el estudio para tranquilizar a sus descendientes sobre sus orígenes."

La doctora Herrera afirma que este tipo de estudios no es reconocido por obras sociales o prepagas y que un análisis de paternidad "el trío clásico de madre, padre e hijo oscila entre los 700 y 1000 pesos".

Historias insólitas

"La población que nos consulta es sesgada, ya llega con la duda -afirma Mariana Herrera-, y por eso es lógico que en el 30% de los casos no se compruebe la paternidad alegada. En la población general, los casos de exclusión de paternidad, que es cuando el supuesto padre en realidad no lo es, alcanzan al 10 por ciento."

Aquello de que la mujer siempre "sabe" quién es el padre de su hijo en realidad no es así, según la doctora Herrera.

"Tenemos casos de mujeres que presentan hasta tres hombres distintos para determinar la filiación de su hijo, porque han estado con todos ellos en fechas similares y están confundidas", comenta. Y agrega que esto puede realizarse inclusive durante el embarazo, mediante una biopsia de vellosidades coriónicas, procedimiento que además se utiliza para determinar eventuales fallas cromosómicas en el bebe que se está gestando. También es posible establecer filiación por medio de la sangre del cordón umbilical, extraída durante el nacimiento.

"Hay situaciones muy dramáticas -agrega la bióloga y genetista molecular-. Por ejemplo, mujeres violadas que quedaron embarazadas en esa circunstancia, pero a su vez tienen pareja y se resisten a aceptar que el ADN del hijo que gestan no es del compañero sino de quien las violó."

En la mayoría de los casos, lo que se busca es determinar la paternidad. Pero también existen situaciones en que hay que determinar linaje materno.

"Por ejemplo, cuando le dicen a la madre que su hijo nació muerto y no tiene certeza total -aclara la doctora Herrera-. O en estudios de abuelismo, como ha ocurrido con los hijos de desaparecidos."

En casos en que debe investigarse el linaje materno, la genética utiliza el ADN mitocondrial, dentro del que existe una región llamada muy polimórfica o hipervariable, que sólo en casos de pertenecer a la misma familia por parte de madre resultan idénticos.

"Si una abuela perdió a su hija pero hay un nieto, el ADN mitocondrial de esa señora será igual que el de su descendiente."

¿Y qué pasa si hay que determinar paternidad y el padre no está? "Se arma un árbol genealógico y se ubica a los familiares más directos -dice Mariana Herrera-. Si están los abuelos paternos, se pide sangre de ambos. Si no están, pero el padre alegado por ejemplo formó familia y tuvo hijos con otra mujer, se convoca a los hijos, que comparten genéticamente el 50% de información con el padre. En cambio, los hermanos comparten el 25% de la información. Cuando están ambos abuelos, el 50%, y ambos padres, el 100% de la información genética de la persona."

La especialista afirma que existen casos en que dos jóvenes se ponen de novios y al cabo de un tiempo terminan sabiendo que son hermanastros.

"Lo cuentan en sus respectivas casas, y por ejemplo la madre de él o ella comienza a sospechar -dice Herrera-. Coinciden las fechas, los nombres, y quizá su futuro consuegro es también el padre del novio o la novia que por lo tanto son hermanastros. Parecen historias de novela, pero no lo son."

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