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Finalizó la 30a. edición de Tantanakuy

Coplas y payadas en las noches jujeñas

Espectáculos

El festival, que se realiza anualmente en Humahuaca, reúne a los intérpretes del noroeste argentino

Por   | LA NACION

HUMAHUACA.- Las campanas de la iglesia de San Francisco suenan en si bemol. La musicalidad natural de la Quebrada de Humahuaca se entrevera en la pulsación de la guitarra de Ricardo Vilca y en la respiración de su sonido. Son casi las doce de la noche de un nuevo día. El silencio se apropia de las cuatro mil personas sentadas en la explanada del Monumento a los Héroes de la Independencia donde se realiza la nueva edición del Tantanakuy.

Vilca está saldando una deuda de 14 años cuando no dejaron que las campanas sonaran a la par de su música. Esa vieja herida como otras fueron mellando el encuentro. En 1995, el Tantanakuy se dejó de hacer cuando las diferencias entre los músicos humahuaqueños y Jaime Torres se hicieron insalvables.

Este año, el encuentro más grande del Noroeste se reanudó con tres días de música, debates y proyección de documentales, muy buena convocatoria de público, la participación de distintos grupos de la región, pero en el medio de internas pueblerinas que dieron lugar para la discusión y para analizar el verdadero sentido del encuentro.

Por estos días, el clima festivo del carnaval se mete en todas las casas de la región andina. El diablito entra en el cuerpo de los habitantes y todo está permitido por siete días o más, total después viene Semana Santa para pedir perdón por los pecados.

Los sonidos de la cumbia impregnan el aire quebradeño, pero igual emergen los takiraris, las sayas bolivianas y los carnavalitos, y hasta la copla que tímidamente muestra la palabra y alegría antigua de los abuelos. Este año, la nueva edición del Tantanakuy dio espacio para esa copla anónima, en las voces del Duende de Iruya o Eleucadia Cuevas y también para la consagrada Mariana Carrizo. Pero quizás uno de los momentos más interesantes del encuentro fue en la segunda noche con el contrapunto entre los payadores Wilson Salinwonczyk y José Curbelo, el célebre maestro uruguayo y las copleras de la Cuadrilla del 1800. Las copleras abrían la "competencia" con una nutrida descarga de coplas, donde apuraron a los payadores, con coplas románticas y otras más pícaras, mientras los payadores trataron de eludir los dardos de las comadritas con elegantes y floridas décimas.

En medio de esa atmósfera, el Tantanakuy trata de recuperar su original espíritu colectivo y comunitario. El destino para el cruce natural de culturas y tonadas de distintos lugares.

Pero el encuentro con la gente del lugar se produjo sobre todo en la última noche, aunque la estética y el desarrollo se pareció mucho a un festival, pero de calidad artística. Allí, la voz sentenciosa y las décimas inspiradas del payador uruguayo José Curbelo, que se trenzó con el joven payador Wilson Saliwonsyck de 9 de Julio, fueron muy bien recibidas. Por la noche también pasaron la Negra Chagra y Sara Mamaní, que abrieron la jornada; el grupo Los Shelkas, Tukuta Gordillo con los increíbles hermanitos Tolaba (aerofonistas de 8 y 10 años), la verborragia chamamecera de Tarrago Ros, la voz inigualable de Melania Pérez, el grupo de ballet de Mariela Cazón, con un exquisito trabajo expresivo, y el Coya Mercado, corrido por la lluvia como el Bicho Díaz.

Diálogos y ovaciones

Jaime Torres junto a Fortunato Ramos y Tomás Lipán levantaron con los aires carnavalescos al público en una postal de reencuentro. El charanguero también se dio el lujo de tocar con Tarragó Ros, en un encuentro de chamame y huayno, y con Melania Pérez, pero disfrutó como pocos ver sobre el escenario al grupo de su hijo Juan Cruz y Apu Condorí, que con su letra "Coya culeao", pegó en las bandas de pibes jujeños reunidos alrededor del escenario.

También sobresalió el picante y enternecedor diálogo de las Hermanas Cari, que dieron su respaldo a Jaime Torres y con filosa ironía y repentismo se refirieron al intendente humahuaqueño y al gobernador de Jujuy, Eduardo Fellner, conocido por su política de exclusión social en la región. Pero fue la presencia de Ricardo Vilca, la que encarnó ese espíritu original del Tantanakuy. Esa del encuentro con la música y con la expresión más auténtica, respetada y original de Humahuaca. La ovación conmovedora de su gente, después de tocar apenas un par de temas, devolvió al músico el reconocimiento tardío y el respeto a su inmensa obra. En todo caso, la celebración del 30° aniversario del Tantanakuy permitió reencontrar un espacio colectivo y necesario, que tuvo instantes memorables.

Destellos de un encuentro que fue ratificado por la cantidad de gente reunida en la última noche y que apuntala la necesidad de que el Tantanakuy se meta en el corazón del pueblo.

Encuentro del Churqui y el Cardón

La chiquita canta coplas con una remera de Pokémon puesta. Es la más pequeña de una ronda de copleros de Hornaditas, que tienen un promedio de 50 años. Ella es la herencia del cruce de culturas y la demostración de que, a pesar de todo, la raíz es más fuerte.

En el pequeño caserío de Hornaditas, a 17 kilómetros de Humahuaca, el Encuentro del Churqui y el Cardón, es un espacio para los copleros y esa mezcla de culturas. Allí, el Bicho Díaz junto a la Eléctrica Folklórica envuelve con su energía, mezcla de Pink Floyd con su cultura coplera, a los campesinos que bajaron a participar de la jornada, después de arrear sus cabritos.

El humahuaqueño Díaz entrega su arte ante la mirada aprobatoria de las copleras y los aplausos de los campesinos, a pesar de que la banda que lo acompaña rompe con todas las convenciones y los códigos paisajísticos del folklore andino. Su música se nutre de esa raíz, pero tiene la fuerza del rock, sin perder ninguno de los elementos más nutritivos del género folklórico de la quebrada. .

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