Los entretelones
La llamada que cambió la historia
Por Paola Juárez
De la Redacción de LA NACION
En poco menos de media hora, Néstor Kirchner y la titular del FMI, Anne Krueger, encontraron una salida para evitar que la Argentina entrara ayer en default. La conversación telefónica con la "dama de hierro" del organismo terminó con una situación inesperada para el Presidente: Krueger le expresó, sobre el final, su deseo de conocerlo. Y, según altas fuentes del Gobierno, hasta elogió la forma de negociar de Kirchner.
Minutos después de esa conversación telefónica en la que hubo un traductor en la línea, el jefe del Estado, acompañado por el ministro de Economía, Roberto Lavagna, y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, dio la orden al Banco Central de pagar, con reservas, los 3150 millones de dólares que ayer debía cancelar la Argentina. Ya no había tiempo para desbloquear la cuenta que nuestro país tiene en Washington.
Tres veces Kirchner le había preguntado a la número uno del FMI si el organismo iba a reembolsar esos fondos. Quería estar seguro y Krueger no tuvo problema en ratificar que sí.
Con un escenario totalmente diferente del que se presentó en las últimas horas, Kirchner se fue a la residencia de Olivos en helicóptero, satisfecho: la definición salió muy parecida a lo que él quería (según indicó una fuente de su extrema confianza), aunque se cuidó muy bien de no mostrar triunfalismo.
Por esa razón, se impuso un silencio absoluto y ordenó a sus hombres mantener la misma actitud mesurada. Sólo la esposa del Presidente, la senadora Cristina de Kirchner, dijo: "Se respetó lo que la Argentina había firmado. Esperábamos que el FMI cumpliera y, afortunadamente para los argentinos, esto fue así".
El Gobierno explicará cómo evitó el default sólo después de que el FMI haga hoy el anuncio oficial de que recomendará al directorio aprobar la segunda revisión del acuerdo firmado con la Argentina porque el país cumplió con las metas acordadas. El anunció lo hará el vocero del organismo, Thomas Dawson.
En privado, durante un almuerzo en la quinta presidencial que compartió con su esposa, el jefe de Gabinete y el secretario legal y técnico, Carlos Zannini, se animó a decir: "Así se negocia". Aunque había mantenido la tranquilidad en horas críticas para su gestión, ayer llegó la distensión real, luego de 72 horas de tensión e incertidumbre en las que el Presidente había hablado de un "Plan B" para una Argentina en default.
Cuando por la tarde volvió a la Casa Rosada, Kirchner recibió las felicitaciones de dos presidentes: el de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y el de Chile, Ricardo Lagos.
Lula fue quien le hizo el elogio más generoso: "El acuerdo fue extraordinario", dijo. Las fuentes más cercanas al Presidente señalaron a LA NACION que Kirchner estaba "muy contento" con el resultado de la negociación.
Tal como anticipó LA NACION en su edición de ayer, la difícil negociación había comenzado a destrabarse anteanoche, cuando Lavagna envió al FMI una nueva carta y quedaban sólo dos de las cuatro exigencias originales del organismo sin superar.
Esas diferencias eran: que la oferta a los acreedores de bonos en default tuviera una aceptabilidad del 80% (para la Argentina alcanzaba con un 66%) y que los bancos que intervendrán en el canje de la deuda no pudieran retirarse hasta el final de la operación (el Gobierno rechazó este reclamo).
Una alta fuente del Gobierno, que participó de las negociaciones de las últimas 72 horas, dijo ayer a LA NACION que finalmente se acordó que, respecto del grado de aceptabilidad que debe tener la oferta argentina a los acreedores, se defina con un "umbral razonable", sin fijarse un porcentaje.
El decreto que pondrá en marcha el club de bancos que negociará la deuda establecerá, en sus condiciones, que el Gobierno "intentará mantener a las entidades hasta el final de la negociación", con lo que se evitó poner la cláusula de retención que rechazaba el Presidente y que exigía el FMI.
Por teléfono
Para el Presidente y sus contados hombres de confianza, el Gobierno logró ayer imponer su criterio luego de que el FMI envió el viernes último cuatro nuevas exigencias, aunque se admitió que ahora comenzará otra etapa clave: la negociación con los acreedores externos. En las próximas horas, Kirchner firmaría el decreto que pondrá en marcha el club de bancos que negociará la deuda argentina.
Esto se había demorado como un factor más de presión al FMI y, sobre todo, porque sólo ayer se acordaron los términos que tendrá el decreto.
Kirchner había llegado ayer temprano a la Casa Rosada, como lo hace siempre, y desde que llegó estuvo reunido con Fernández, Zannini y luego con el ministro de Economía. Esperaban un gesto del FMI.
La llamada de Krueger llegó cerca de las 12.30. Kirchner estaba sentado en su sillón rojo con bordes dorados, y Lavagna y Fernández, enfrente. Después de los saludos formales, el Presidente le expresó a la titular del FMI que la Argentina había cumplido "ampliamente" las metas fijadas con el organismo en septiembre.
También ratificó que la propuesta argentina de quita del 75% no iba a ser modificada. No usó en ningún momento un tono duro; más bien trató de ser cordial, según reveló un testigo de la conversación a LA NACION. Desde el FMI, como es habitual, nadie dio información alguna de la charla.
Las fuentes del Gobierno destacaron que el Presidente preguntó tres veces cuándo iban a ser reembolsados los fondos a la Argentina y que habría recibido una respuesta concreta: "El 22, cuando se reúna el directorio del FMI". En realidad, se reembolsará una parte de los fondos una vez que el organismo apruebe la segunda revisión del acuerdo que firmó con la Argentina.
Cuando habían pasado más de 20 minutos de conversación, la jefa del FMI habría expresado su deseo de conocer al Presidente. No quedaron en nada. La conversación duró tanto como consecuencia de la traducción. Apenas cortó el teléfono, Kirchner ordenó el pago del vencimiento y trató de calmar su ansiedad. El escenario del default se había evitado.
Una fuente muy cercana a Kirchner contó a LA NACION que en las próximas horas llegaría una carta de Krueger dirigida sólo a Kirchner, aunque hasta anoche eso no había ocurrido. El Presidente quedó conforme por haber llevado la negociación al límite, aunque sabe que siguen las presiones de los países más poderosos, reunidos en el G-7.
El Gobierno deberá ahora avanzar rápidamente con la negociación con los acreedores, que no será fácil.
En las próximas horas, Kirchner se presentará más moderado y bajaría el nivel de confrontación pública con el FMI. La llamada de Krueger cambió más cosas que palabras en un papel. .
