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Entrevista

Alfredo Alcón: renovarse a los 73

Revista

Tímido y pésimo alumno de teatro, de chico ni siquiera soñaba con acercarse a una cámara. Hoy es el más emblemático de los actores nacionales y sinónimo de compromiso. Retrato de un hombre que sabe bien cómo entenderse con los jóvenes -como Adrián Suar o Nicolás Cabré, con el que ahora comparte escenario-, y construir relaciones de éxitos profesionales y profundo afecto

Creyó que era fiesta, y era velorio.

La infancia de Alfredo Félix Alcón -hijo de Félix Alcón y Elisa Riesco- dejó de ser infancia cuando cumplió 3 años. Ahora tiene 73, presente de actor y pasado huérfano de padre. La sala de reuniones de La Plaza, el complejo teatral donde Alcón estrenó obra en el último enero (dirige y actúa en El gran regreso junto a Nicolás Cabré, con coproducción de Adrián Suar), está rígida de aire acondicionado. Diez minutos atrás Alcón se reía, balbuceaba buscando descripciones de cosas indefinibles: el ala chirriante del miedo antes de subir al escenario, las nostalgias por los paraísos perdidos. Eso fue hace diez minutos. Ahora cierra los ojos para ver mejor.

-Recuerdo pocas cosas de mi padre.

Recuerda una noche de verano, su madre y su padre en la terraza. Estaba hermosa, y brillaba tanto que Alcón les pidió la luna. Su padre buscó una escalera, trepó. No recuerda qué pasó después. Apenas haber creído que su padre iba a bajarle el círculo helado de la luna.

-Recuerdo eso. Recuerdo alguna caricia...

Félix se murió tan joven. Alfredo tenía 3 años y tan poco sabía de las cosas de la muerte que el día en que velaron a su padre tuvo su momento feliz. Estaban todos: los vecinos, los primos, los amigos. Alfredito corría gorjeando de alegría, hasta que se topó con el llanto de un pariente y entonces sí, lo vio. El cajón, el cuerpo, la boca abierta de la muerte. La voz llena de Alcón llena la sala. Sus manos se reflejan en el vidrio de una mesa, enorme.

-De grande, durante mucho tiempo me costó alegrarme porque pensaba que si me alegraba mucho se iba a dar vuelta la cosa y en vez de estar alegre iba a estar triste.

Creció con una madre y dos abuelos que lo adoraban. A los 14 años quiso abandonar el colegio industrial para ingresar en la Escuela de Arte Dramático. Había sido pésimo alumno en el secundario, y siguió siéndolo en el Conservatorio. Además de tímido, repleto de granos y torpe. Y pésimo actor.

-Entré porque era lindo.

Su talento era su cara. Un ángel de la mejor carne construido en proporciones áureas. Por lo demás, un desastre. No recordaba la letra, se moría de vergüenza, se sacudía en clase con el frenesí nervioso de quien ríe por no llorar. Al terminar el Conservatorio consiguió trabajo en Radio Nacional. Le daban papeles ínfimos en Las dos carátulas, y el protagonismo absoluto en el micro del Mercado de Hacienda. Tenía que recitar, con voz firme y clara, cuántas vacas entraban y salían del Mercado de Liniers.

-Un día vinieron del noticioso del cine a filmar Las dos carátulas. Yo andaba por ahí, haciendo lo de las vacas, y en un momento me asomé al estudio a través del vidrio...

Los productores del noticiero vieron el rostro de Alcón. Fue como ver salir la luna entre montañas.

-Me hicieron un plano leyendo en el micrófono. Y me empezaron a llamar para el cine.

Su primera película fue El amor nunca muere, film donde compartió cartel con Mirtha Legrand. La crítica dijo de él: "Alfredo Alcón imita a la perfección a los muñecos de vitrina". Pero si su carrera empezó en desastre, no siguió tan mal. Hizo en teatro Recordando con ira, La muerte de un viajante, Panorama desde el puente, Hamlet, La tempestad, Ricardo III, y más cerca en el tiempo Las variaciones Goldberg, junto a Fabián Vena, que le valió el año último los premios ACE y Clarín como mejor actor. En cine trabajó con Favio, Torre Nilsson, Saslavsky. En 1960 Torre Nilsson lo convocó para que hiciera Ecuménico, el protagonista de Un guapo del 900, y eso fue el puntapié inicial de una carrera seria. Nilsson conoció a Alcón en estado puro. Joven, hermoso y con sus mejores banderas desplegadas: la timidez y la ira, la ira y la timidez.

-Soy cabroncísimo. Si hay algo que no soporto es cuando me pongo así, me siento como un caballo desbocado, no sé dónde voy y me... me asusta.

-¿Qué cosas te pueden llevar a ese estado?

-Lo que yo supongo que es una injusticia. Pero claro... los asesinos también piensan lo mismo. "Yo lucho contra la injusticia" y ¡fa!, despachan a uno.

Matar a Margarita

Era chico, y su abuela le había prometido que irían a ver Bodas de sangre, con una actriz que lo haría temblar. Lo que vio fue una mujer bajita con voz temblona y de altibajos insoportables. Margarita Xirgu. Años después, Alcón y María Casares, dirigidos por Margarita Xirgu, hicieron Yerma.

-Esto lo digo con orgullo: el Juan de Yerma, peor que yo no pudo hacerlo nadie. Pero Margarita Xirgu me trataba pésimo, en los ensayos me humillaba. Me decía: "¡Pero qué hace, pero qué está haciendo!". Un día le dije: "Me voy a ir, señora, porque usted me trata como un imbécil". Ella me contestó: "Puede ser". El caso es que el día del estreno la podría haber matado.

Alcón era bello, era tímido, era pobre y era colérico. Con el esfuerzo de todos sus bolsillos le había comprado, a su directora, un libro caro. Con admiración y libro a cuestas golpeó la puerta del camarín. La señora abrió. Alcón estiró la mano, y en la mano su ofrenda, y con el mareo de éxtasis de quien todo lo perdona dijo: "Señora, esto es para usted".

-Agarró el libro, lo tiró sobre el hombro, y me dijo: "Tenga cuidado de no taparle la luz a la primera actriz". Y yo hice "¡Aahgg!", la agarré del cuello y la empecé a sacudir. Me la tuvieron que sacar.

Un hombre con tacos

Un repaso rápido por la carrera de Alcón es algo así como un vuelo rasante sobre la historia de buena parte de lo más trascendente del teatro y el cine nacionales.

-No, no extraño esa época. Lo que extraño es que parecía que crecer en tu profesión era más fácil. No pensé que iba a ser cada vez más difícil. Los chicos hoy la tienen mucho más difícil. Yo pude hacer éxitos comerciales con Shakespeare u O'Neill porque el país estaba en un momento cultural más fácil.

Pero los grandes textos que lo vieron crecer amenazaron con tragarlo vivo.

-Te rotulan. Yo sólo hice tres Shakespeare: Hamlet, Ricardo III y La tempestad. Y sin embargo dicen que soy un actor shakesperiano. Con tres Shakespeare, seré un actor shakesperiano de morondanga.

A él, que le gusta la risa tanto, lo marcó el lacre de la seriedad. El primero que confió en su talento para la comedia fue Adrián Suar, cuando lo llamó para ofrecerle el papel de un viejo que se viste de señora en el film Cohen Vs. Rossi.

- Cuando lo leí dije: "¿Pero él cree que yo puedo hacer esto?" Y me dio una alegría. Creyó que yo podía hacer un viejo que se vestía de señora. Maravilloso. A mediados de año vamos a hacer con Adrián El hombre que volvió de la muerte, el ciclo que hacía Narciso Ibáñez Menta en televisión.

Ahora, en El gran regreso, obra que Suar coproduce, Alcón es Boris Spielman, padre de Enrique Spielman, papel que interpreta Nicolás Cabré. Boris es un actor fracasado al que una cooperativa teatral ofrece hacer el protagónico de El rey Lear. En busca de compañía, Boris decide mudarse temporalmente a casa de Enrique, su hijo de 25 años, con el que no tuvo buena relación. Como en Las variaciones Goldberg, donde salía cada noche junto a Fabián Vena, aquí Alcón tiene un compañero mucho más joven. Nicolás Cabré, de 23 años.

-Estos chicos están más preparados que nuestra generación, pero tienen más invasión de cosas que no los ayudan a crecer. En mi época te decían: "Alcón, tenés que hacer tal obra". ¿Quién te dice ahora: "Haga Hamlet?" Yo no sé si si soy un buen actor, sé que me gusta buscar. Lo único feo es la indiferencia. Cuando uno está como desconectado del mundo.

Respira.

-Eso es el terror. El mundo, las cosas, todo está puesto ahí y vos sin poder engancharte. Todo lo ves... ajeno... Hay un momento de Yerma en el que ella dice: "Me levanto y oigo mis pasos, y miro los árboles y las cosas..."

La mujer que es ahora tiene ojos de quien ha visto la desgracia, la esterilidad, el fondo seco de un útero sin esperanzas.

- "... Y miro los caballos y me pregunto..."

Algo - eso que este hombre ya no es- repta sobre el vidrio espejado de la mesa:

- "... Y me pregunto... ¿Para qué estarán ahí... puestos?"

El vidrio de la mesa no lo refleja. El ha desaparecido.

Para saber más

www.cinenacional.com/perso nas/index.php?persona=164

Alcón, Suar y Cabré

Adrián Suar habló con Alfredo Alcón por primera vez para ofrecerle un papel en su película Cohen Vs. Rossi. Volvieron a trabajar juntos en las tiras Vulnerables y En el nombre de Dios. Ahora planean hacer una revisitación de El hombre que volvió de la muerte, el programa que hizo Narciso Ibáñez Menta, y por estos días Suar es el coproductor de El gran regreso, la obra que protagonizan Alfredo Alcón y Nicolás Cabré en el complejo teatral La Plaza. Dice Suar: "Cuando lo llamé a Alfredo para que hiciera el personaje de travesti, tenía muchísimo miedo. Y me encontré con un tipo recontracálido, con un gran sentido del humor. Lo que verdaderamente me mata es su enorme sentido del humor". Alcón y Nicolás Cabré se conocieron en Vulnerables, la tira en la que Alcón interpretaba a su padre. Ahora son padre e hijo una vez más en El gran regreso. Dice Cabré: "Alfredo te enseña sin ponerse el cartelito de maestro. Su humildad es increíble. Cuando hicimos Vulnerables, yo estaba un poco tenso, y un día lo crucé en una escalera y me dijo: Estoy recontento porque voy a trabajar con vos. Y eso me sacó toda presión".

Premiadísimo

Alcón nació el 3 de marzo de 1930, en Buenos Aires. Estos son algunos de sus cuantiosos premios:

1981: Konex de Brillante. 1990: García Lorca, otorgado en España. 1992: ACE de oro por su trayectoria. 2001: Martín Fierro por su actuación en la tira Vulnerables. 2003: Clarín como mejor actor por la obra teatral Las variaciones Goldberg. 2003: ACE como actor protagónico en comedia dramática por Las variaciones Goldberg. .

Por Leila Guerriero
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