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Comer a ciegas, una vivencia para entender a los discapacitados

La propone un restaurante-taller de Beccar

Lunes 29 de marzo de 2004
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LA NACION

¿Cómo se sentiría si durante una hora lo invitaran a almorzar y no pudiera ver absolutamente nada? ¿Cómo cortar la comida, cómo comer, cómo conducirse en la mesa si se está en total oscuridad? ¿Y qué diría si supiera que los chefs y mozos son personas no videntes? En el restaurante Gallito Ciego, en Beccar (norte del conurbano), se vuelve real aquello de "ponerse en el lugar del otro".

No es un local comercial, sino un taller vivencial creado por la asociación Audela, que busca hacer comprender qué son las discapacidades a aquellas personas que no las padecen; en este caso, la falta de visión. Es una experiencia que en otros países se hace con fines comerciales, no educativos.

En Gallito Ciego las reglas del juego son distintas. Allí los ciegos son locales. LA NACION acompañó a un grupo de adolescentes de cuarto año del colegio Northlands, de Olivos, el jueves pasado, y se sentó a la mesa de Audela.

Tomados de los hombros de Marcelo o Clara, los mozos ciegos, los comensales entran en la sala completamente a oscuras y se sientan en las sillas. Eligen la bebida y esperan ser servidos. Cuando llega la comida, comienzan los problemas.

En la sala negra, los demás sentidos se tornan vitales. Escuchar se vuelve complejo porque en la oscuridad todos los murmullos y las voces se atropellan. Sobre todo si las comensales son 25 adolescentes bulliciosas.

Con el correr de los minutos se pierde por completo la capacidad de ubicación espacial. Ya no se sabe si uno está muy cerca de las demás personas o si las paredes están lejos o a unos pocos centímetros.

Y aunque uno intenta pensar en otra cosa, la verdad es que en lo único en que puede concentrarse es en dominar la falta de visión.

Como se trata de una clase de vida, está destinado principalmente a estudiantes, aunque también recibe a empresarios, empleados de distintas compañías y público en general.

Todos los talleres de Audela se desarrollan en diferentes instituciones para personas con necesidades especiales. "Siempre que hablamos de integración pretendemos que sean los otros los que vengan a nuestro mundo, nuestra perspectiva es exactamente al revés -dice Mónica Espina, licenciada en Filosofía y presidenta de Audela-. Acá no vale lo intelectual, no importa si te lo cuentan, vale tu vivencia."

Sobre la base de un taller de cocina para ciegos que funcionaba en el Instituto Roman Rossell, en Beccar, se creó Gallito Ciego en octubre de 2000. En el instituto viven no videntes y además funcionan varios espacios dedicados a ayudar a los que pierden la vista de grandes y necesitan ser reeducados.

Antes de la experiencia, los participantes tienen un taller teórico-práctico que los prepara y que les permite medir a las integrantes de Audela los cambios de actitudes.

La palabra "audela" fue tomada del escritor norteamericano James Branch Cabell y significa "la tierra de todas las cosas que permanecen ocultas tras el velo de la vista y los restantes sentidos del hombre. Velo que jamás se levanta, pero a veces se rasga".

Mientras el plato está lleno, todo es cuestión de pinchar y levantar la comida. Esta cronista debe aclarar -y agradecer- que fue afortunada: le sirvieron ñoquis. Menos suerte corrieron los que pidieron milanesas con puré. Según contaron los otros comensales, conquistar el uso del cuchillo y del tenedor es complicadísimo.

"Comía pedacitos mínimos o cortaba pedazos que no me entraban en la boca", confesó Mercedes, una de las alumnas del Northlands.

Pero cuando la comida se iba terminando, era difícil saber cuántos ñoquis quedaban en el plato. Y lo peor: adivinar dónde estaban.

De todos modos, muchas veces la periodista tropezó con la frustración de llevarse a la boca el tenedor vacío. Qué hacer con el vaso y con el pan fue otra complicación. Si no los dejaba al alcance de la mano, corría el riesgo de no encontrarlos más o de volcárselo al comensal de enfrente en una mala maniobra.

Ahogo, claustrofobia...

Es difícil describir qué se siente dentro del original restaurante. Ahogo, claustrofobia, inferioridad de condiciones. Todo se combina para que la experiencia sea realmente movilizadora.

Entre otras conclusiones, uno llega a darse cuenta de que la oscuridad de pronto no era tan mala para evitar papelones. Al vidente, en ese restaurante, nadie lo veía, por más errores que cometiese. A un ciego, en cualquier restaurante, todos lo pueden mirar.

"Pensé que no iba a poder comer nada, pero lo peor fue caminar en la oscuridad", dijo Laura, una de las estudiantes. "Ahora entiendo muchas cosas, entiendo cómo siente un ciego", agregó María.

Saber a ciencia cierta cuántas mesas hay, cómo están situadas y qué forma tiene la sala es imposible. Es parte del misterio que conlleva esta experiencia. El cubierto cuesta 13 pesos. El dinero se destina a insumos y al pago de sueldos de quienes trabajan en el restaurante. Durante la semana, lo visitan alumnos y empresarios, mientras que los sábados se organizan grupos abiertos al público en general. Los teléfonos de Audela son 4732-3245 y 15-5045-2000 y su página web es www.audela.org.ar

"En una experiencia de dos horas comprenden en carne propia la discapacidad. No hay nada tan fuerte como la experiencia", concluye Espina.

Uno sale del instituto con una profunda certeza de que no hay nada tan fuerte como ponerse en la piel del otro. Y, en este caso, los que ven sienten la responsabilidad de trabajar por una sociedad con espacio para todos.

Talleres vivenciales para ponerse en la piel del otro

El mismo esquema de trabajo que se da en Gallito Ciego se puso en práctica con otras discapacidades. Pero las bases son las mismas: todos ofrecen la posibilidad de ponerse en la piel del otro e implican una visita a alguna institución de personas con discapacidades. En la Escuela de Rehabilitación Integral para Perturbados del Lenguaje y Audición (Eripla), por ejemplo, los jóvenes aprenden canciones en el lenguaje de señas con chicos sordos y adoptan una nueva forma de comunicación. En el Centro Nacional de Recreación y Deporte para la persona con discapacidad se realiza un entrenamiento de basquet en silla de ruedas. Y luego de la práctica, los participantes deben circular un par de cuadras en silla de ruedas. En el caso de la discapacidad mental, el taller se desarrolla en diferentes centros de día, donde se realizan encuentros de basquet, fútbol y hockey, con equipos integrados. El Gallito Ciego, esta singular experiencia educativa, fue una de las diez ideas premiadas por Ashoka, una organización internacional que apoya a emprendedores sociales y que premia ideas innovadoras de organizaciones de la sociedad.

Para dar una mano

Pro-Huerta. Hoy se reunirán 1500 técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) para intentar multiplicar un sólido modelo como respuesta a la pobreza: el Programa Pro-Huerta.

En la sede del INTA Castelar, técnicos y productores y profesionales ligados a la producción animal y vegetal se encontrarán para seguir desarrollando un modelo de producción que da oportunidades a las familias con más necesidades. Con la dirección del ingeniero agrónomo Daniel Díaz, lograron hasta el momento desarrollar unas 450.000 huertas, las cuales se relacionan con unas 5.000.000 de personas. Con el apoyo actual del Ministerio de Desarrollo Social, la intención es que esta cifra se incremente hasta que unos 20.000.000 de argentinos tengan acceso a las granjas y a las huertas. Más información: 4796-5828 o redsolidaria@ssdnet.com.ar

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Inauguración. Este jueves se inaugurarán la remodelación y el equipamiento del Sector de Internación de la Sección de Hemato-Oncología Pediátrica del Hospital Alejandro Posadas, que llevó adelante la Fundación Natalí Dafne Flexer, de ayuda al niño con cáncer, con el apoyo de la Fundación Aguas Argentinas, de la Fundación Bunge y Born y del Banco de la Provincia de Buenos Aires. Muchos de los niños que se atienden en esta sección permanecen internados por largos períodos. Será a las 12, en la Sección de Hemato-Oncología Pediátrica del hospital, en el cuarto piso. Más informes, por medio del teléfono 4825-5333 o www.fundacionflexer.org

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