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Una familia de payasos, según Héctor Presa

Sábado 03 de abril de 2004

"Los abuelos no mienten". Espectáculo de La Galera. Libro y dirección: Héctor Presa. Música: Angel Mahler. Coreografía: Mecha Fernández. Vestuario: Lali Lastra. Escenografía: Héctor Presa. Muñecos: Lelia Bamondi. En el teatro de La Galera, Humboldt 1591. Sábados y domingos a las 17.30. Entrada: $6. Nuestra opinión: muy bueno

La trama simple de esta pieza relata un incidente en un momento de la vida familiar de "Carlitos y Violeta", dos payasos ya mayores. Los nietos vienen a visitarlos, se preparan para ese grato acontecimiento y al llegar los niños con un canario que les han regalado, el abuelo lo deja escapar en un descuido. La obra gira en torno de los recursos que inventa el abuelo para disimular el hecho y evitar la pena de los niños.

Héctor Presa ha logrado con los personajes Carlitos y Violeta, dos payasos ya viejos, una línea de ficción que le resulta muy eficaz. Ambos -pero especialmente Carlitos, a quien Violeta acompaña y apoya de manera impecable- logran una armoniosa combinación entre el juego de absurdos y desencuentros de la Comedia del Arte, la comicidad en los diálogos y una enorme ternura. Al ser una pareja de actores cómicos (el icono de las narices coloradas lo recuerda constantemente), participan en sus aventuras cotidianas, pero a la vez aparecen vistos desde ese ángulo de caricatura amable que provoca la sonrisa permanente y la carcajada frecuente.

Escena de la obra que se presenta en La Galera
Escena de la obra que se presenta en La Galera.

Muchas veces Presa protagonizó niños traviesos y personajes adultos traviesos. Ahora es un anciano travieso cuyos disparates se apoyan en sus olvidos, en sus obsesiones emanadas del amor a los nietos y de la evocación de sus juegos infantiles.

Todo sirve para que en el escenario haya un constante movimiento. También está lograda esa preocupación infantil por solucionar un problema, que el personaje comparte desde una sinceridad despojada con la platea, a la que hace su cómplice. Lo que a él le pasa, le puede ocurrir a cualquier niño chiquito, a cualquier inocente. Y las enredadas soluciones que busca para no ser descubierto, para no entristecer a los nietos, son también tan improbables y complicadas como las que puede elaborar un niño. Por eso, Carlitos es tan seductor. Para salir de la situación, elige la verdad con una vuelta de tuerca al final, muy verosímil, y a la vez conmovedora.

En el espectáculo hay un equilibrio muy bien logrado, como de cajita de música, que hace que cuando se termina, el público se quede con ganas de más.

Se hace evidente en cada momento de la actuación que Presa/Carlitos, un verdadero niño en el escenario, se conecta con los chicos, pero a la vez tiene con los adultos constantes guiños de complicidad que no ignoran a los niños porque de alguna manera son bromas sobre los padres y los abuelos, o sea que los grandes se ríen de sí mismos en sus roles.

Si algo se le puede señalar a la pieza, es la total subordinación del resto de los personajes a su protagonista (válida y eficaz, muy bien trabajada para el desarrollo del relato, es cierto) que deja con ganas de ver un poco más al hijo, la nuera y a Violeta e incluso a la vecina y a don Pascual, tomando mayor dimensión como ellos mismos, en alguna escena. De todos modos, está lograda la integración de todos, lo que logra la verosimilitud de esta tierna fábula doméstica.

Ruth Mehl

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