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Historias de vida

Es posible sacar a los chicos de la calle

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Decidió darle otro rumbo a su vida y lo logró. Hasta hace siete meses, Gabriel Giménez, de 19 años, vivía en la calle y hacía changas. Sus amigos eran jóvenes como él y casi todos tenían causas penales.

Hoy, parece otra persona. "Tengo un lugar digno donde vivir. Trabajo, estudio y sueño con comprarme mi propio terreno. No cambio esto por nada del mundo", asegura.

El gran cambio llegó de la mano de la Fundación Vida y Esperanza, un albergue gratuito que persigue la reinserción social de vagabundos de entre 14 y 21 años por medio de la educación, el deporte y el trabajo.

Carlos Muniagurria, presidente y creador de la fundación, cuenta la historia de Gabriel como un padre orgulloso."Es un alumno ejemplar, obtuvo el segundo puesto en el último Campeonato Interescolar de Matemáticas. Es muy responsable y trabajador."

En la casa que la institución tiene en Constitución viven 30 jóvenes. Allí tienen comida, ropa y empleo. También reciben la atención gratuita de médicos, psicólogos y fonoaudiólogos.

En el gabinete laboral, los jóvenes se involucran en distintos microemprendimientos, aprenden un oficio y reciben un sueldo de 250 pesos.

El reciclado de papeles y cartuchos de tonner, la encuadernación de libros y revistas, la fabricación de zapatillas de lona, sábanas y frazadas, así como el armado de bolsas, son algunos de los oficios que también permiten asegurar la manutención del hogar.

Según cuenta Muniagurria, los encargados de los edificios vecinos fueron quienes más apoyaron la fundación: "A lo largo de estos años se formó una red de más de 1500 porteros que todas las mañanas esperan la llegada de estos chicos para entregarles diarios y revistas para reciclar".

Entre sus logros más recientes se encuentra la creación de un sitio Web (http://www.fundave.org.ar), a través del cual se puede acceder a la información institucional, los proyectos, las historias de vida de los chicos y a una cadena solidaria de prevención contra la drogadicción. "Esta es la primera página Web hecha por chicos de la calle. Nos escribe gente de otros países para pedirnos información sobre nuestros microemprendimientos", asegura Muniagurria.

Las páginas de la historia de Vida y Esperanza comenzaron a escribirse hace 16 años, cuando Muniagurria esperaba junto a unos amigos el tren en Plaza Constitución para ir a jugar un partido de fútbol en Ezeiza.

"Se acercó un chico y me pidió una moneda, pero yo preferí invitarlo a desayunar. Después aparecieron tres más. Fue entonces cuando decidimos invitarlos a comer un asado después del picadito.

"Me sentí movilizado por la vergüenza que me daba ver esa realidad y no hacer nada. Trabajamos para poder ayudar cada vez a más chicos. Tenemos muchos proyectos pendientes, entre ellos, el de crear un albergue para mujeres", asegura Muniagurria.

Los promotores de esta fundación invitan, a todos los que quieran, a conocer sus instalaciones, los productos que ellos elaboran y a colaborar con alimentos. Para comunicarse con Vida y Esperanza hay que llamar al 4300-0481.

Talleres

En la Fundación Vida y Esperanza, treinta jóvenes trabajan en distintos microemprendimientos que les permiten, a ellos, tener un salario, y a la institución, solventar los gastos:

  • Papel reciclado: un grupo de jóvenes se dedica a recolectar diarios y revistas. Después lo reciclan como papel artesanal y lo usan para elaborar tarjetas.
  • Encuadernación: otro de los talleres se dedica a la restauración, el enlomado y la reparación de libros y revistas. Es uno de los talleres con más salida.
  • Confección de zapatillas: algunos aprendieron a fabricar con sus propias manos calzado deportivo de lona con punteras reforzadas que, según el Instituto Nacional de Tecnología Industrial, goza de muy buena calidad.
  • Reciclaje de latitas: en el gabinete laboral, un grupo se dedica a recolectar latas de aluminio para su posterior reciclaje.
  • Fabricación de mosaicos: a partir del material que descartan las marmolerías, algunos de los jóvenes fabrican mosaicos y los comercializan.
Sonia Rizzitano
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