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Editorial I

Bonafini: el peso de lo irracional

Opinión

Las recientes declaraciones y acciones de la señora Hebe de Bonafini la han colocado, una vez más, al margen de todo límite racional. En efecto, al referirse al Museo de la Memoria, recientemente inaugurado por el presidente Néstor Kirchner, la presidenta de las Madres de Plaza de Mayo ha vertido conceptos inconciliables con el clima de paz y convivencia que reclama una sociedad mínimamente civilizada.

Tras lamentar que en el mencionado museo no esté prevista la exhibición de los FAL -fusiles- con que sus hijos "quisieron hacer la revolución" -según sus exactas palabras-, la conflictiva dirigente afirmó: "Siempre pensé en mis hijos como guerrilleros y revolucionarios, con un gran orgullo. Si el museo no va a mostrar cómo fue esa organización revolucionaria, las luchas que se libraron, los hechos que se realizaron, no sirve".

La actitud de quien dice ser defensora de los derechos humanos no es novedosa. Tan sólo basta recordar sus dichos ante los brutales atentados terroristas contra las Torres Gemelas y el Pentágono, que causaron la muerte de miles de personas, incluidos cuatro argentinos. En esa oportunidad, además de haber admitido su alegría por lo sucedido, Bonafini afirmó: "Por primera vez le pasaron la boleta a Estados Unidos por lo que hizo durante toda su historia".

Fiel a su estilo, la dirigente de las Madres de Plaza de Mayo manifestó que se sentía revolucionaria sin haber usado nunca las armas, aunque creía en la revolución armada. Curiosa definición para quien se autoproclamó más de una vez adalid de las luchas en favor de la vida.

El año pasado, durante un discurso pronunciado en el aniversario de la muerte de los militantes piqueteros Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, Hebe de Bonafini incitó a los allí reunidos a iniciar la lucha armada. Y expresó: "Ya lo dijo Fidel Castro: una revolución sin armas no es revolución".

Se trata de la misma persona que se opuso a que determinados gobernadores asistieran a los actos en los que se dio por inaugurado el Museo de la Memoria en los terrenos de la Escuela de Mecánica de la Armada, el mismo museo que ahora objeta por el hecho de que no refleja, a su juicio, "los ideales de la década del 70". Se trata también de la misma dirigente que alardeó de las bondades de la llamada Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo, a la que definió orgullosamente como una casa de estudios ilegal, ya que los títulos que otorga no son oficiales porque son "títulos de amor y lucha". Cabe recordar que esta "pseudouniversidad" auspició los actos conmemorativos de los 40 años de la creación de las FARC, organización de tenebrosa trayectoria.

Cabría preguntarse por qué la agrupación que preside la señora de Bonafini y otras organizaciones de derechos humanos no concurrieron al llamado formulado por la familia de Axel Blumberg para terminar con la impunidad y la inseguridad que imperan hoy en el territorio argentino. ¿Acaso los únicos muertos que importan son los que convienen a sus intereses políticos? La concentración de Blumberg no tenía tintes ideológicos ni partidarios. Buscó únicamente manifestar el descontento y el hartazgo de los ciudadanos ante la violencia física y moral sufrida por miles de argentinos. Y procuró, al mismo tiempo, despertar la conciencia de legisladores, jueces, funcionarios y responsables de áreas de seguridad, que por acción u omisión han permitido llegar al actual estado de indefensión e inseguridad. Si esas ausencias en el acto promovido por Blumberg son difíciles de explicar en el plano de los principios éticos, la mención de Hebe de Bonafini en cuanto a que "la derecha fascista, excitada por la posibilidad de atacar al Gobierno y atraer la simpatía popular, fue la que alentó la marcha" resulta a todas luces arbitraria y fuera -otra vez- de todo contexto racional.

Es indudable que con personas como la señora de Bonafini será difícil -si no imposible- emprender un camino que lleve con éxito a la reconciliación de los argentinos de buena voluntad que abra una senda hacia un futuro mejor para las próximas generaciones. Nada positivo puede construirse desde el rencor, el odio y el resentimiento. .

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