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Limitan la integración escolar de chicos discapacitados

Se eliminó el cargo de maestra especial que los acompañaba en el aula

Jueves 08 de abril de 2004

Los insistentes pedidos de los padres no fueron suficientes. El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires dio por terminado un programa de integración de chicos con necesidades especiales en las escuelas comunes creado en 1992.

El programa permitía que esos chicos se educaran en aulas comunes con el resto de la población, seguidos muy atentamente por una maestra integradora. Pero por razones de costos que pesaron más que las pedagógicas -aunque las obras sociales suelen hacerse cargo de estas coberturas-, el gobierno porteño lo desactivó.

Cuando este año los cinco chicos con síndrome de Down inscriptos en el programa Escuela para Todos comenzaron las clases extrañaron la presencia del adulto que los ayudaba con adaptaciones del material que acompaña las explicaciones del maestro.

"Llamé repetidas veces a la Dirección de Educación Especial hasta que alguien me informó que este año no se designarían maestros integradores porque se estaba analizando la continuidad del programa", contó a LA NACION la madre de uno de los niños beneficiados por el programa desde hace cinco años, que pidió no ser identificada. "Recibí un muy mal trato de los empleados y autoridades del Gobierno de la Ciudad y no querría que saquen a la docente que logré que enviaran a la escuela de mi hija después de muchos reclamos", dijo.

"Esta decisión del Gobierno de la Ciudad echa por tierra todo lo que hicimos durante estos años y especialmente el esfuerzo de los niños", dijo a LA NACION Raúl Quereilhac, de la Asociación Síndrome de Down de la República Argentina (Asdra).

Escuela para Todos fue el primer programa de integración de la ciudad. Surgió cuando un grupo de padres vinculados con Asdra pidió a la Dirección de Educación Especial porteña que sus hijos pudieran continuar en el primario la experiencia de integración iniciada en el jardín de infantes.

El proyecto fijó que un estudiante del Profesorado de Educación Especial se desempeñara como ayudante-alumno en el aula donde hubiese un niño con dificultades intelectuales, discapacidades motoras, sensoriales o mentales, integrado por ese proyecto. Quereilhac responsabilizó al Gobierno de la Ciudad por no haber difundido debidamente la existencia de Escuela para Todos, que "quedó reducida al grupo inicial".

Respuesta del gobierno

"Este programa no estuvo enmarcado en las políticas de la Secretaría de Educación y quedó aislado cuando en 1998 se difundió la primera circular técnica de integración escolar", dijo a LA NACION Silvia Dobrowsky, nueva directora de Educación Especial.

"Yo tomé la decisión de dar por terminado este programa porque funcionaba de una forma muy oscura dentro del área, en las escuelas especiales no lo conocían y las evaluaciones no eran compartidas por la comunidad educativa", dijo Dobrowsky, e informó que en diciembre último terminaron la primaria los dos últimos niños del grupo original de 25 a los que luego se habrían sumado ocho más.

"Hoy hay cuatro niños que ingresaron luego siguiendo el programa y en total desarticulación con las políticas de integración que sustenta la Secretaría de Educación", dijo. Esos chicos fueron incorporados al sistema de integración en escuelas comunes, sin la asistencia diaria y permanente de un profesional, instrumentado desde 1998 y que beneficia a 750 niños con necesidades educativas especiales.

Más allá de los números la discusión se centra en el rol de la persona integradora. Mónica Lang, abogada especializada en los procesos de integración y madre de una pequeña con síndrome de Down, afirmó a LA NACION que las nuevas autoridades no apelan a ninguno de los dos modelos que se instrumentan en el nivel internacional: el que propone una integración plena en el aula y dispone que un adulto con formación especial acompañe al niño durante la jornada escolar para que pueda alcanzar los objetivos mínimos de su currículum y el modelo que instituye aulas para alumnos con necesidades especiales en la escuela común.

"La alternativa es abrir la puerta de la escuela al chico y dejarlo solo; seguramente le va a ir mal", dijo Lang en alusión al sistema propuesto por la actual gestión.

La mecánica de incorporación a una escuela común -con sucesivas evaluaciones- es considerada "muy compleja" por Beatriz Heredia, directora del Centro de Desarrollo e Integración, dedicado a los trastornos de aprendizaje en la integración. "Por eso las familias buscan colegios privados donde la integración está muy bien tratada", dijo un padre consultado.

Desde diferentes perspectivas, todos aspiran a que el gobierno dedique más recursos humanos a la integración, un camino con dificultades pero lleno de experiencias positivas tanto para los chicos con necesidades especiales como para los "normales".

Ahora la frecuencia es menor

"La frecuencia con la que los docentes y profesionales van a las escuelas donde hay chicos integrados depende de la necesidad del niño. Hay algunas que van dos veces por semana y otras todos los días", aseguró la directora de Educación Especial del gobierno porteño, Silvia Dobrowsky, al relativizar la eliminación del sistema anterior.

El régimen vigente, explicó, establece que cada niño con necesidades especiales debe ser evaluado por uno de los cuatro gabinetes específicos del gobierno porteño y derivado a una escuela especial o común, según la patología. Sea cual fuere su destino final, el niño deberá ser nuevamente diagnosticado en la escuela especial que, luego, elegirá a la docente integradora.

La supervisión de escuelas especiales registró en 2003 a 114 docentes de esos establecimientos que cumplieron funciones de integración de 750 niños, pero en una asistencia que ya no es permanente. Según los datos oficiales, cada maestra integradora tuvo a su cargo un promedio de 6 alumnos cada una.

Por Silvina Premat Para LA NACION

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