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Kirchner: gracias a Dios estoy bien y tomando decisiones

Hoy le darán el alta y volverá a la quinta de Olivos; tendrá actividad restringida Se lo vio más delgado y un poco demacrado Su médico dijo que está recuperado "en un ciento por ciento" Preparativos para que trabaje con el gabinete desde su casa

Miércoles 14 de abril de 2004

Tomó la decisión en la habitación 213 del hospital regional de Río Gallegos delante de su esposa, Cristina Kirchner. Se vistió, se peinó. Hacía minutos había dado algunas instrucciones al jefe de Gabinete, Alberto Fernández. "Tengo ganas de volver", dijo el Presidente.

Y caminó hasta la sala donde su médico personal, Luis Buonomo, brindó durante cinco días los partes diarios de salud, se sentó y ante las cámaras dijo: "Gracias a Dios estoy bien, trabajando y tomando determinaciones a pleno". A su lado, sonriente, estaba Cristina Fernández, su esposa, y el médico presidencial.

No aceptó preguntas. La imagen del Presidente había sido elocuente.

"Quiero agradecer a toda la gente del hospital de El Calafate y del de Río Gallegos, a todo el personal, a todos ustedes por la paciencia y el acompañamiento de estos días", afirmó. Agradeció a todos los que llamaron, preocupados. "No tengo mucho más que agregar, sólo el agradecimiento por el decoro, el buen trato, y son cosas que a veces en nuestra tarea nos pasa", finalizó, y volvió a la habitación para descansar.

La última vez que se lo había visto a Kirchner fue el jueves último cuando tomó el avión para viajar de Río Gallegos a El Calafate. Allí fue donde se descompuso por una gastroduodenitis erosiva que lo tuvo internado durante cinco días.

En ese momento ya se lo veía desmejorado porque Kirchner estaba tomando antiinflamatorios por un tratamiento de conducto que le ocasionó mucho dolor. Ayer, cuando reapareció, cerca de las 19.30 se lo notó frágil, más delgado, pálido por la pérdida de sangre, pero con la decisión de retomar su tarea.

El último parte médico ya no tenía importancia porque Kirchner se había mostrado públicamente. Según confiaron a LA NACION fuentes de extrema confianza presidencial, ayer comenzó a tomar decisiones. Fue el primer día que se sintió bien, y hasta visitó otros sectores del hospital.

Primera decisión

La primera se la comunicó al jefe de Gabinete: "Llamalo a Beliz para que releven a Palacios", dijo. Un par de horas después, el ministro de Justicia cumplía con la orden presidencial para relevar a jefe de la división de Investigaciones de la Policía Federal, Jorge Palacios, sospechado de tener contactos con los desarmaderos de autos (sobre lo que se informa en la página 13).

El Presidente será dado de alta hoy, antes del mediodía, aunque ayer ya estaba en condiciones de abandonar el hospital regional de Río Gallegos. Los médicos consideraron que era mejor que descansara un día más porque, además, le realizaron una videoendoscopía y una biopsia: "Hay una recuperación del 100% de las lesiones que sufrió. No hay ningún signo que nos pueda alertar acerca de la posibilidad de resangrado", dijo Buonomo.

Sólo faltan hacerle estudios de rutina y un ajuste de la dieta que deberá seguir desde hoy cuando regrese a la residencia de Olivos.

Durante los cinco días que estuvo internado, Kirchner no mantuvo contacto con sus funcionarios y dio la orden de que nadie viajara a verlo. Empezó a sentirse mejor hace 48 horas, cuando pidió una comunicación con el jefe de Gabinete. "Qué alegría escucharte", le dijo el funcionario. Kirchner se mostró ansioso por volver a las tareas habituales.

Fernández le contó todo lo que había ocurrido en su ausencia.

Kirchner pidió avanzar con el plan de seguridad que diseñó Beliz. Por este tema, ayer hubo una reunión entre el jefe de Gabinete,; el ministro de Justicia y el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini.

Desde hoy el Presidente se reunirá para terminar de definir el plan que, según dijeron a LA NACION fuentes confiables, podría anunciarse antes del fin de semana próximo.

En tanto, en la quinta de Olivos se prepara todo para el regreso del Presidente. Kirchner no irá a la Casa Rosada por ahora y por ello atenderá las cuestiones oficiales en la residencia. El Presidente no suele usar su casa para trabajar, pero ahora tendrá reuniones con sus funcionarios.

El vertiginoso ritmo con que ejerce el poder Kirchner ahora sufrirá algunos cambios porque debe retomar de a poco la actividad.

Antes tenía dos agendas, una oficial y otra paralela en la que el Presidente agregaba actividades y citas. Llegaba a la Casa Rosada a las 8 y se retiraba cerca de la medianoche, aunque, a veces, dormía la siesta.

Los que lo conocen bien aseguran que será difícil convencerlo de cambiar su forma de trabajar. Hasta su médico admitió que tuvo que negociar con él la estada en el hospital.

El Kirchner que reapareció ayer no parecía el de siempre: enérgico, hiperactivo y casi sin freno.

Por Paola Juárez De la Redacción de LA NACION

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