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Costumbres: un día en la vida de un peón rural

Trabajar de sol a sol

Campo

Leo García, uruguayo, de 30 años, pero desde los 18 en el país, es el encargado de un tambo y cabaña Holando Argentino en Vicente Casares; para él la labor no para nunca, ni sábados, ni domingos ni feriados

Por   | LA NACION

 
 

Luego de una larga entrevista y de mostrar con qué pasión trabaja en el campo, Leo García se prepara tranquilo y con una sonrisa para responder una de las últimas preguntas, quizá la más importante.

-¿Vivirías en una ciudad como Buenos Aires?

-A veces pienso en la gente que trabaja allí, donde muchas personas salen a las 5 de la mañana de su casa para sólo regresar a la noche, y la verdad es que si yo tuviera que realizar esa vida no lo podría hacer; es más, no me adaptaría y, tal vez, me moriría. Acá, en el campo, vivo bien.

Sin medias tintas, pero convencido de lo que dice, este uruguayo de 30 años, que cuando llegó a la Argentina tenía 18 y lo hizo acompañado de un bolso cargado con ropa, un termo y un mate y aferrado a un montón de ilusiones, es uno de los tantos hombres que, como muchos de los que viven en el campo, mañana festejarán el Día del Trabajador.

No obstante, Leo, que desde 1996 se desempeña como encargado de tambo y cabaña de Holando Argentino en el establecimiento Campazú, ubicado en Vicente Casares, a 52 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, lo celebrará con una vieja costumbre de la gente rural: con más trabajo, porque el campo no cierra los feriados.

En el campo hay muchas actividades que no se pueden dejar de hacer para detenerse a descansar en un feriado. De todos modos, aquí sus condiciones de vida ya no son las mismas que 20 años atrás. "Si pensamos en cómo se vivía antes, aquí tenemos agua corriente, teléfono por línea, gas natural en tanques, luz, freezer, televisión (satelital) y muchas cosas más. En este lugar estamos cerca de la ruta (205) y de la autopista (Buenos Aires-Cañuelas), nos asociamos a un servicio médico de ambulancias y emergencias y pronto vamos a contar con Internet por banda ancha. La vida en el campo ha cambiado mucho. Sin embargo, continúa siendo sacrificada, porque hay que estar activo todos los días; sábados, domingos y hasta el Día del Trabajador", afirma Leo mientras contempla el paso de una vaca Holando.

Aunque dice que la vida del campo es sacrificada y remarca que en varias zonas todavía no llegaron las mejores condiciones de confort, Leo, que a los 14 años empezó a trabajar en un tambo en Punta del Este, y que desde que está en la Argentina cosechó más de 50 premios como cabañero, hace todo con pasión. Por eso, para él, la monotonía de muchas de las actividades diarias son un placer.

A primera hora

Su día arranca a las 5.30, cuando comienza a amanecer. En ese momento, y después de varios mates y de escuchar por radio las novedades del Mercado de Liniers, se acerca hasta el tambo-cabaña para supervisar su funcionamiento y observar el estado de 65 vacas "elite" de Holando Argentino que producen 1800 litros por día, a razón de una producción individual de 30 litros. "Esta mañana (el lunes pasado) llegué al tambo a las 6, vi cómo salían las vacas (el primer ordeñe del día comienza alrededor de las 5) y comprobé que todo había funcionado bien. Después les dimos de comer (en el tambo cabaña dan 8 kilos de balanceado por día, 20 kilos de silo de maíz y 5 kilos de malta, aparte de las pasturas o verdeos que se destinan habitualmente) y a las 7 terminamos con la limpieza de las instalaciones", expresa.

Como él mismo describe, el siguiente paso suele ser una recorrida para observar a las vacas secas y a las preparto. "Por ahí alguna se encuentra renga y es necesario hacer algo", cuenta Leo, que también alterna esta actividad con un cuidado personal de las mejores vacas de la raza Holando y de los terneros que cría para sacar toros.

Ya a las 12, en una casa que tiene todas las comodidades, y hasta dos estufas a leña, lo espera su esposa, María Elena, y su hijo de 2 años, Lautaro, para el almuerzo. El encuentro dura hasta aproximadamente las 13.30. Después, con el termo y el mate para todos lados, otra vez inicia una recorrida que incluye, por supuesto, una parada en el tambo. "Siempre hago, también, algún trabajo extra, como ayudar a una vaca que no puede parir, que está enferma o renga. A veces también ordeño y llevo adelante otras actividades, como inseminar y hasta atender a algún comprador de toros.

"Con las vacas estoy todo el día", relata Leo, que ganó durante cuatro años consecutivos, entre 1999 y 2002, como encargado de la cabaña, el premio Gran Campeón Macho de Holando en Palermo y se quedó, en 2003, con la distinción de la Reservada Gran Campeona Hembra de la raza. Luego del ordeñe de la tarde, cerca de las 20 regresa a su casa. Cena con su esposa y su hijo, mira algún noticiero o una comedia y, ya en las últimas horas del día, generalmente lee revistas especializadas en temas agropecuarios. Se trata de un hábito que continúa los sábados cuando, según dice, junto a la compañía de una docena de facturas se detiene en el suplemento Campo de LA NACION y escucha, también, el programa agropecuario de Radio Continental.

En la ciudad

Leo viaja con frecuencia a Buenos Aires. Una vez por mes va a comprar alimentos a un supermercado, por más que la leche y la carne las tiene en el campo, y hasta suele concurrir al cine. "Además, como he estado en muchas exposiciones e hice varios amigos, de vez en cuando me reúno con ellos para comer un asado", dice este uruguayo hincha de Peñarol y de Boca mientras comenta que este año pudo cumplir en sus vacaciones algo que anhelaba desde chico en su país: conocer el paisaje de la Patagonia argentina.

Nieto de tamberos de San José, en la cuenca lechera más importante de Uruguay, Leo estudió hasta segundo año de la secundaria. Si bien realizó un curso de inseminación artificial en su país, todo lo aprendió de la mano de la experiencia, con entusiasmo y siguiendo las distintas enseñanzas de los especialistas con los cuales se vinculó. Hoy, después de haber trabajado para el Centro de Inseminación Artificial La Elisa (Ciale), en Capitán Sarmiento, para Mastellone Hermanos y con tantos premios bajo el brazo, en Campazú le rinde honor todos los días, incluso más allá de los feriados, al Día del Trabajador.

Reservado y de pocas palabras

Respeto y mesura definen su personalidad

Hombre dócil, sumamente respetuoso, reservado, de pocas palabras y que piensa cada cosa que dice. Hace su trabajo con verdadero cariño poniendo entusiasmo y responsabilidad y acepta el asesoramiento y el consejo para que las cosas salgan bien.

Esas son las características con las que Martín Rodríguez Otaño, presidente de AgroStaff, empresa especializada en recursos humanos para el campo, define al trabajador rural.

Para Rodríguez Otaño, con 39 años en la actividad, ese perfil, compatibilizado con gestos de buena voluntad por parte del empleador se conjugan en una relación que define como "excelente".

Apunta, por ejemplo, que hay patrones muy interesados en la educación de los hijos de sus empleados. "Conozco casos concretos y muy lindos. Hay gente que facilita una camioneta del establecimiento para que los chicos de los peones vayan a la escuela".

El especialista no recuerda o al menos no se ha enterado de episodios de inconducta en la gente de trabajo en el campo.

"Es más, conozco sobrados casos de excelente relación entre el patrón y el empleado, con un buen diálogo, en donde de pronto en la manga, cuando se termina el trabajo de vacunación, comen juntos un asado, comparten ese momento en donde siempre hay lugar para un comentario o un chiste; pero siempre guardando cada uno su lugar, con respeto mutuo", concluyó. .

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