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Santiago Corcuera: "Irak es el límite del imperio"

Con una carrera brillante, a los 38 años fue juez de la Cámara Nacional Electoral y lo seleccionaron para participar en Irak en la organización de las primeras elecciones tras la era Hussein, algo que considera un desafío dada la complejidad étnica del país y su prácticamente nula cultura democrática

Domingo 09 de mayo de 2004
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LA NACION

"Muchas veces sentí temor. Le disparan al avión o al auto en el que uno se desplaza. Te caen misiles sin dirección a no más de cien metros. Pero construir un sistema electoral en Irak es un desafío imperdible. El equilibrio de Medio Oriente pasa por allí y por el conflicto palestino-israelí. Se trata, literalmente, del límite del imperio. Todo lo que se haga en aquel territorio va a exceder el ámbito de las fronteras de esos países."

Participar en la organización de un proceso electoral en Irak parece una misión imposible. En un país que está en guerra y en el que coexisten, sin convivir, musulmanes sunnitas, chiítas, kurdos, turcomanos y cristianos asirios y caldeos. Y cada etnia, a su vez, tiene facciones internas. Santiago Corcuera aceptó la invitación de las Naciones Unidas para vivir ese desafío. Es uno de los tres jueces de la Cámara Nacional Electoral y, con 38 años, ya aquilata una carrera brillante.

Ingresó en la justicia a los 18 años; fue secretario letrado del ministro Carlos Fayt a los 26 años; en 1997 la Corte le encomendó la organización de elecciones para la instalación del Consejo de la Magistratura; al año siguiente fue elegido secretario general de ese organismo y, en 2001, luego de ganar un concurso, fue designado por Fernando de la Rúa con el acuerdo unánime del Senado. Es egresado de la Escuela de la Magistratura de Francia y tal vez por eso fue convocado como el único experto no perteneciente al staff de las Naciones Unidas para trabajar en Bagdad durante "tres semanas y cuatro días". Los contó, "porque cuando uno está allí, cuenta los días".

-¿Qué buscan los Estados Unidos en Irak, más allá de las acusaciones de que están realizando negocios?

-Sin perjuicio de las consideraciones políticas que pueden hacerse, creo que hoy los Estados Unidos necesitan poner en marcha un esquema electoral, por más precario que sea, y sin que ello implique consagrar una democracia plena. El contexto nacional y el internacional así lo exigen. Por otra parte, eso no significa que los Estados Unidos estén pensando en abandonar en un plazo perentorio el país.

-¿Su misión en Irak coincide con el regreso de las Naciones Unidas a la región?

-Luego del asesinato de Sergio Vieira de Melo en agosto último, que era el representante de Kofi Annan en Irak, las Naciones Unidas se retiraron. Sólo volvió una misión muy reducida en febrero por un plazo de una semana y en marzo se decidió enviar a dos equipos de trabajo, uno de los cuales integré.

-¿Qué misión tenían esos equipos?

-La ONU, a requerimiento de la Autoridad de la Coalición -que encabeza Paul Bremer III- y del Consejo de Gobierno Iraquí, envió un equipo con el objeto de negociar la instalación de un gobierno de transición, que debe asumir sus funciones el 30 de junio próximo. Ese día, los Estados Unidos cederán la soberanía a un jefe de gobierno, que no tendrá legitimación electoral. El otro grupo de trabajo, del que participé, se ocupó de evaluar la factibilidad del proceso electoral, de cara a las elecciones previstas para antes del 31 de enero de 2005.

-¿Es posible organizar elecciones en un país con tantas etnias que no se integran en una nación?

-El primer desafío es justamente ése: determinar los valores y expectativas comunes que definen a la nación iraquí. Luego hay que generar las condiciones que puedan fundar un proceso electoral creíble. La respuesta a su pregunta debería ser que sí es posible, pero es muy complejo. El proceso va a ser laborioso. Irak es un país muy rico en recursos naturales, pero no tiene una tradición electoral valorable positivamente. Las únicas experiencias democráticas fueron en 1924, 1946, 1958 y luego estuvieron los procesos que ejecutó Saddam Hussein durante 25 años. Hay incluso sectores minoritarios que pretenden instalar una monarquía.

-¿Sintió que su experiencia podía contribuir?

-Sí. Mis compañeros de trabajo eran cientistas políticos y sociólogos. Yo, obviamente, soy abogado y contribuí en la discusión del sistema jurídico que intentará contener la controversia política.

-Volvamos a Irak. ¿Cómo era su trabajo?

-Iniciamos una amplia ronda de consultas. Entrevistaba a ocho o diez personas o grupos por día. Tenía que señalar 24 horas antes a quién quería ver. De esa forma, el ejército aseguraba el lugar de la entrevista. Para conocer a fondo la realidad del país, no me podía limitar a dialogar con los referentes locales de la coalición. Había que generar una agenda más abierta y creo que eso se logró. Las reuniones eran tensas y generar confianza llevaba cierto tiempo. A modo de ejemplo, tuve varias reuniones con la denominada Confederación para Irak, un grupo que reúne a intelectuales que encabezaron la resistencia en los tiempos de Hussein, chiítas progresistas y asociaciones de mujeres, que están afuera del consejo. Las mujeres organizadas también tienen una importancia trascendente en el proceso porque sobre ellas reposa parte de la economía y los Estados Unidos han impuesto una acción afirmativa a favor de su representación en el seno de los 275 escaños de la futura asamblea.

-¿Qué intereses tienen las distintas etnias?

-Para comenzar, hay que entender que, a medida que se acercan las elecciones, todas las etnias se van distanciando progresivamente de las fuerzas de la coalición que designó a sus miembros en el actual Consejo de Gobierno. Porque deben buscar autonomía y mayor consenso político en sus grupos de pertenencia. Eso es claro entre los chiítas.

Hay un grupo de los chiítas más ortodoxos que, tomando como modelo a Irán, pretende constituir un Estado clerical. En un comienzo recibieron bien la ocupación, pero ahora es el extremo más intransigente. Por otro lado, hay un sector chiíta moderado que tampoco acepta las propuestas de la coalición pero que quiere separar claramente el Estado de la estructura religiosa. La coalición pretendía que la elección de la Asamblea Nacional se hiciera en forma indirecta, de modo que cada provincia estuviera representada por cincuenta electores. Esa idea fracasó rotundamente no bien se anunció, en especial porque Al Sistani, el líder religioso más respetado, sostuvo que ese mecanismo buscaba hacer perdurar a las autoridades de la coalición.

-¿La objeción era correcta?

-Existía el riesgo cierto de que así fuera y además no hay sistema electoral que resista el descrédito. Esa oportunidad fue aprovechada por Al Sadr, el hijo de un líder religioso muerto en manos de Hussein y cuya captura busca la coalición, que es uno de los representantes del sector chiíta clerical, para poner en duda todo el proceso y llamar a una resistencia generalizada. Desde febrero, Al Sadr buscó que Al Sistani radicalizase su discurso. Ese es el eje del conflicto chiíta hoy.

-¿Y los demás sectores?

-Los sunnitas, que se agrupan hacia el sur de Bagdad, eran el sector privilegiado por Hussein y se consideran los grandes perdedores de la invasión. Forman parte de la guerrilla más dura que queda, con una estructura muy desarticulada pero con un fuerte poder de combate y buena logística, en la medida en la que el pueblo los justifica. Usan los restos del aparato bélico de Hussein, que no era menor, Por otra parte, muchos sunnitas integraban el partido de gobierno Baa´th, que los Estados Unidos pretendieron desarticular y proscribir.

-¿Las Naciones Unidas avalan la proscripción?

-No, la ONU la objetó como un límite inaceptable a los derechos electorales.

-¿Y el Kurdistán?

-El Kurdistán busca ser autónomo de Bagdad, sueña en el fondo con un modelo confederal y está a su vez dividido en dos territorios gobernados por los partidos tradicionales. Uno podría decir que, si los sunnitas son los grandes perdedores de la guerra, los kurdos en cambio son los ganadores. De todos modos, y en especial en esa región, los problemas técnicos electorales son enormes. Por ejemplo, la frontera militar que trazaron los kurdos con el resto de Irak no coincide con los límites de las gobernaciones que atraviesa y la elección del Parlamento Kurdo debe hacerse simultáneamente con la de esas gobernaciones. Yo recorrí el Kurdistán. Estuve en Arbil y en Suleimanyia, una de las ciudades más próximas a la frontera con Irán. El objetivo kurdo a corto plazo es recuperar para sí la gobernación de Kirkuk, en la que está detectado el 9% de las reservas petroleras del mundo.

-¿Es posible llevar a cabo una elección antes del 31 de enero del 2005?

-Nosotros determinamos, como condición necesaria de esa elección, llegar a los acuerdos básicos acerca de las modalidades electorales antes del 30 de mayo. Técnicamente es posible que se llegue a tiempo pero políticamente los objetivos son lejanos. Si se logran esos acuerdos, que incluyen el sistema electoral aplicable, la determinación de la unidad geográfica electoral, el régimen de asociación política y la condición del elector, el camino más difícil ya se habrá recorrido.

-¿Cuáles son los asuntos más complicados para que se pongan de acuerdo?

-Está todo por hacerse. En primer lugar, deben definir entre ellos quiénes son ciudadanos, es decir, quiénes pueden ejercer derechos políticos, y si los aproximadamente cuatro millones de iraquíes que viven en el exilio, muchos de ellos en Irán, Francia e Inglaterra, pueden participar en ese proceso. Además, no existe un padrón electoral ni tampoco hay un registro civil unificado. Se estima que unas veinte millones de personas están en condiciones de votar, por lo cual definir si cuatro millones tienen posibilidad de hacerlo en el extranjero tiene mucho peso.

Por otro lado, no sólo no existe registro civil, sino que tampoco tienen documentos de identidad confiables: la única base de datos poblacional se vincula con las tarjetas de racionamiento alimentario vigente durante el régimen de Hussein, que también son objeto de sospechas. Y hay que constituir los partidos políticos, porque no existen como tales.

-¿Cómo era su vida?

-Muchas veces sentí pánico. Arribé desde Kuwait en un C-130. Cuando está por aterrizar, hace maniobras bruscas para evitar ser atacado con un misil. Pero igual le disparan. Después, en Irak, la gente le tira a cualquier vehículo que creen que pertenece a las fuerzas de la coalición. Y como no distinguen con los de las Naciones Unidas, nos tiran a todos, todo el tiempo. Cualquier mujer o niño te arroja piedras o disparos. Y también recibís misiles tierra-tierra. Los une el odio a la coalición. En Irak hay más violencia de lo que se cree. Los medios apenas reflejan el 30 por ciento de los hechos violentos.

-¿Vio morir a alguien?

-Dormíamos en un trailer. Si bien estábamos instalados en el Palacio que tenía Hussein en Bagdad, como todo está ocupado por oficinas administrativas de las fuerzas de la coalición, dormíamos en trailers, al aire libre. Una noche, vi como un rocket, como ellos llaman a los misiles, mataba a dos soldados a setenta metros de donde yo estaba. Pero no apuntan, porque no tienen lanzamisiles, sino que improvisan unos caños. Disparan, se escucha una primera explosión, el silbido del misil que se acerca, rezás para que no te toque y luego se escucha la explosión. Al que le toca le toca.

El perfil

Consejo de la magistratura

Tras ingresar en la Justicia a los 18 años, en 1997 la Corte Suprema encomendó a Corcuera la organización de las elecciones para la instalación del Consejo de la Magistratura, donde, desde el año siguiente, ocupó el cargo de secretario general.

Juez electoral

Egresado de la Escuela de la Magistratura de Francia, Corcuera es uno de los tres jueces de la Cámara Nacional Electoral, lo que le valió la experiencia necesaria para desempeñar su difícil tarea en el Irak de posguerra.

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