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Una noche brillante en Belgrano

Domingo 09 de mayo de 2004

Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional. Director: Pedro Ignacio Calderón. Solistas: Alejandra Malvino (mezzosoprano) y Marcelo Lombardero (barítono). Programa: ópera en versión de concierto "El castillo de Barbazul", Op. 11, de Bela Bartok, y "Sinfonietta", de Leos Janacek. Inauguración del ciclo principal 2004. Auditorio de Belgrano. Nuestra opinión: excelente

Varios factores intervinieron para hacer de la inauguración de la temporada invernal de la Orquesta Sinfónica Nacional un acontecimiento artístico de primer orden que, más allá de su valoración musical, permite plantear algunos detalles que hacen a la planificación artística musical en su conjunto.

No cabe duda de que programar obras del siglo pasado, no precisamente difundidas con la frecuencia de las pertenecientes al siglo XIX, salvo contadas excepciones, fue una temeraria actitud, pero sirvió para demostrar que a buena parte del público melómano de Buenos Aires no se lo debe subestimar con la idea de que sólo concurre para escuchar lo que conoce. Un auditorio cubierto en sus tres cuartas partes de plateas y una reacción de enfervorizada aprobación al finalizar cada obra de Bela Bartok y Janacek se constituyó en una evidencia contundente.

Alejandra Malvino, Marcelo Lombardero, Pedro Calderón y la Sinfónica
Alejandra Malvino, Marcelo Lombardero, Pedro Calderón y la Sinfónica. Foto: Soledad Aznarez

Al mismo tiempo, cabe elogiar el programa impreso que se distribuyó en la sala. Además de contener la información habitual, desde el nombre de las autoridades e integrantes de la orquesta, se sumó un atinado comentario sobre las obras, breve pero jugoso en su contenido explicativo firmado por Carlos G. Castro, miembro de la Asociación Argentina de Musicología. También se publicó el texto en español del libreto de "El castillo de Barbazul". Sólo faltó la reseña biográfica de los autores, omisión lamentable en la mayoría de las salas de conciertos y teatros porque, aparentemente, no se piensa en la formación de los públicos jóvenes que reciben por vez primera esa publicación.

Solistas de calidad

Por fin la velada se jerarquizó por las versiones ofrecidas a partir del conocimiento y entrega de Pedro Ignacio Calderón, el alto rendimiento vocal y expresivo de Alejandra Malvino y Marcelo Lombardero al encarar los roles de Judith y del tenebroso Duque y por el muy buen desempeño de los integrantes de LA NACIONal.

Tal como lo había logrado en la versión escénica en el Teatro Colón, el barítono argentino ratificó estar transitando la mejor etapa de su carrera, a partir de su musicalidad, buenos recursos vocales y ese carisma que emana de su personalidad y aplomo que, obviamente, se sustenta en el estudio e inclaudicable voluntad. Del mismo modo, la consagrada mezzosoprano argentina aportó su habitual seriedad y sus buenos recursos para trazar una Judith, desde el punto de vista vocal, de primer orden.

Si bien es cierto que abordar una ópera con ausencia de la representación dramática se transforma en una mutilación de su esencia, en el caso de composiciones de superlativo valor estético se contribuye de alguna manera a ahondar y apreciar mejor y con mayor intensidad sus valores musicales.

En este caso, las ideas del autor, su capacidad para crear atmósferas y transparencias impecables para describir el clima lóbrego del castillo y los misterios y encantos que se imaginan detrás de las figurativas siete puertas de la historia, símbolos de una acción interior que revela los deseos espirituales de los protagonistas, se escucharon con fidelidad y estilo a través del puro lenguaje de la música y de la declamación.

Apoteosis de sonido

Por último, en la segunda parte del programa, se escuchó una impactante versión de la "Sinfonietta", de Leos Janacek, partitura nada sencilla para la orquesta y los oyentes, ya que exige del sector vientos una expansión sonora exultante, que al mismo tiempo obliga a la ejecución de trinos, entre otros alardes técnicos que apuntan a una enorme variedad de texturas del sonido.

Como Pedro Ignacio Calderón logró inculcar a sus músicos la atmósfera del lenguaje característico del notable creador moravo, que aquí deja filtrar mucho de los ritmos de su ópera "La zorrita astuta", y los bronces de LA NACIONal lucieron contundencia, la audición se transformó en una experiencia poco frecuente y el público, que provocó agradable sorpresa por lo unánime de la actitud, tributó un caluroso aplauso.

El próximo viernes, en el mismo escenario y con el mismo titular de la orquesta, se afrontará una nueva experiencia con obras significativas del siglo XX; la Quinta sinfonía de Sibelius y el Concierto en Re, para violín y orquesta, de Stravinsky, que contará con la actuación como solista de Daniel Robuschi, que promete ser otra jornada valiosa en Belgrano.

Juan Carlos Montero

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