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Masacre tras un motín en una cárcel de Río: 40 muertos

La policía recuperó el lugar luego de 62 horas; hubo fusilamientos y degüellos

Miércoles 02 de junio de 2004

SAN PABLO.- Un motín en una cárcel de Río de Janeiro terminó en la madrugada de ayer con la masacre de unos 40 presos, cometida supuestamente por integrantes de bandas rivales que disputaban el poder en la prisión.

La rebelión en la Casa de Custodia de Benfica comenzó el sábado último con un intento de fuga que contó con apoyo externo de traficantes de una favela vecina a la cárcel. Una banda de entre 6 y 8 personas llegó a la penitenciaría disparando tiros de fusil y arrojó un explosivo contra el portón de entrada. Por el orificio que dejó la explosión escaparon 14 condenados, a los que esperaban en tres autos robados.

A partir de ese momento los presos que quedaron adentro, aproximadamente 900, tomaron como rehenes a casi treinta funcionarios penitenciarios, mientras del lado de afuera la policía rodeaba el predio.

Tres días después, tras la masacre y la intervención de un pastor evangelista, el motín terminó. Quedó adentro un tendal de mutilados, degollados y asesinados con armas de fuego y armas blancas improvisadas.

La rebelión duró 62 horas y ya es la más larga de toda la historia del sistema penitenciario de Río de Janeiro. Durante el motín, un agente penitenciario que había sido tomado como rehén fue fusilado de un disparo por la espalda. Mientras tanto, los rehenes eran mantenidos atados a garrafas de gas y eran constantemente amenazados de muerte.

Violencia recurrente

Las masacres dentro de las prisiones brasileñas se volvieron frecuentes como consecuencia del estado deplorable de todo el sistema penitenciario de Brasil, del aumento de presos debido al crecimiento de la violencia y del incremento de las organizaciones narcocriminales.

Un estudio oficial reveló el mes pasado que en las últimas dos décadas se cometieron 600.000 homicidios en Brasil.

Anoche, los investigadores policiales y judiciales intentaban armar el rompecabezas de la masacre. Se sabe que había dentro de la prisión integrantes de las facciones Comando Vermelho (CV), Terceiro Comando (TC) y Amigos de los Amigos (ADA). En San Pablo, en tanto, las prisiones son dominadas por el Primeiro Comando da Capital (PCC), que se dedica al tráfico de drogas, el robo de cargas y el asesinato por encargo. Tanto las organizaciones cariocas como las paulistas tienen ramificaciones en las favelas, donde reclutan a sus "soldados".

Este año Brasil fue tema de discusión de la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de los Estados Americanos (OEA) a raíz de la masacre en la penitenciaria Urso Branco, en el estado norteño de Rondonia, donde los presos mataron a 27 compañeros. En tres años, 49 condenados fueron asesinados en esa cárcel.

El lunes, la intervención del pastor evangelista Marcos Pereira da Silva permitió iniciar las negociaciones para poner fin al motín en Benfica. Logró impedir la decapitación de tres presos rivales de las bandas que estaban en control de la prisión.

Los asesinatos en las cárceles brasileñas ocurren debido a una lucha de poder entre facciones para erigirse en la que controle determinado presidio. Controlar el presidio significa administrar el ingreso de drogas, teléfonos celulares y mujeres.

La gobernadora de Río de Janeiro, ella misma evangelista, prefirió que ingresara el pastor antes que la policía, para evitar "otro Carandirú", explicó el secretario de Administración Penitenciaria, Asterio Pereira dos Santos.

Tensas negociaciones

Carandirú es la penitenciaria en la que murieron 111 presos cuando ingresó la Policía Militar para controlar un motín, en 1992 (sobre este hecho el cineasta argentino Héctor Babenco dirigió recientemente la película homónima).

Según las autoridades, el presidio de Benfica quedó completamente destruido después del motín.

Durante las negociaciones, los líderes de la rebelión exigían como condición para liberar los rehenes que 179 presos miembros del grupo Amigos de los Amigos y del Terceiro Comando fueran trasladados a otras prisiones.

El ministro de Justicia, Márcio Thomaz Bastos, calificó el episodio como "una tragedia contundente" y dijo que el problema de los motines "no va a ser resuelto con un tiro de cañón". La solución, dijo, pasa por un trabajo de inteligencia para desmantelar las organizaciones criminales, por informatizar las prisiones y entrenar al personal. Mientras tanto, los presos continúan consumiendo drogas y utilizando teléfonos celulares mientras circulan por los patios de las prisiones.

El recuerdo de la feroz rebelión en Sierra Chica

Durante la Semana Santa de 1996, el penal de Sierra Chica -una de las cárceles de máxima seguridad de la Argentina-, en las afueras de la ciudad de Olavarría, fue escenario de un sangriento motín cuyos cabecillas pasaron a la historia en las crónicas policiales como los "Doce Apóstoles".

La revuelta -la más extensa de la historia penitenciaria argentina- se inició con un fallido intento de fuga en la tarde del sábado 30 de marzo, duró ocho días y terminó con ocho presos muertos (siete de ellos, incinerados a 800 grados en el horno de la panadería interna).

En aquel episodio, la jueza María de las Mercedes Malere se convirtió en rehén junto con otras 16 personas, entre las que también estaban su secretario, Héctor Torrens, y el jefe de Vigilancia de la cárcel, Juan Martínez Gómez.

El motín fue usado por los "Doce Apóstoles", liderados por Marcelo Brandán Juárez, para "ajustar cuentas" con otros internos con los que mantenían una feroz enemistad y que integraban una banda liderada por el interno Agapito Lencina Aquino, a quien atribuían el papel de "buchón" del Servicio Penitenciario Bonaerense.

Los "Doce Apóstoles" eran, en realidad, veinticuatro presos, que fueron enjuiciados y condenados por aquellos hechos. Durante el juicio, varios rehenes testificaron que durante su cautiverio oyeron decir a internos que los cuerpos de los presos asesinados habían sido utilizados en la elaboración de comidas.

Por Luis Esnal Corresponsal en Brasil

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