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Estrategia regional

Operación Haití: misión de paz en el Caribe

Enfoques

Mientras la Cámara de Diputados se apresta a aprobar esta semana el envío de tropas a la convulsionada isla, las Fuerzas Armadas argentinas están listas para la mayor intervención en el extranjero de los últimos diez años

Por   | LA NACION

Dos horas de energía eléctrica diaria, vías ferroviarias fuera de servicio, mínimos caminos asfaltados, infraestructura sanitaria colapsada y unas 20.000 familias sin viviendas. Eso es Haití hoy. También lo fue ayer. Es lo que el mundo llama una crisis humanitaria, una de las que de tanto en tanto quedan expuestas en la vidriera internacional por algún suceso movilizador de asistencias de urgencia. Doscientos muertos en las calles en el convulsionado febrero mandaron al exilio al presidente Jean Bertrand Aristide. Las Naciones Unidas, con sus movimientos lentos, empezaron el 1º de junio a establecer sus programas de ayuda para la nueva emergencia. La operación Haití se puso en marcha. Y la Argentina estará presente, después de las discusiones internas que expusieron luchas ideológicas y cierto desconocimiento sobre el trabajo y misión de la ONU en zonas de desastre.

El foco del debate se colocó en el componente militar que debe tomar posesión de la seguridad en Haití. Quizás el canciller Rafael Bielsa dio la mejor definición para fijar el punto de partida al tema. "Es cierto que el problema en Haití no se resuelve con una operación militar, pero para solucionarlo debe estar esta misión", dijo ante los senadores.

El gobierno de transición de Haití sólo cuenta con 1500 policías con un comando desarticulado. En la mayoría de los pueblos la ley es el hombre fuerte local, el que controla la mayor cantidad de hombres armados. En ese contexto no se puede desarrollar una labor de asistencia social, ni tampoco es posible fortalecer un diálogo político local. Sólo una fuerza de disuasión creíble podrá dar el marco a un proceso de mejora a la calidad de vida. La Argentina mandará con ese fin a 614 militares a sumarse a los 6700 dispuestos por la ONU. Establecido el panorama general, podrá avanzarse por las diferentes facetas, regionales y propias, que determinaron la presencia argentina en Haití.

"Es tiempo de que América latina muestre que tiene puestos los pantalones largos", fue una de las frases con que el ministro de Defensa, José Pampuro, defendió la operación, la más compleja que encarará la Argentina desde que a principios de los 90 incrementó su presencia en las crisis mundiales. La primera guerra del Golfo Pérsico o las acciones en Kosovo implicaron sumarse a misiones con mayores riesgos físicos pero menores responsabilidades políticas en el lugar y en el largo plazo. En cambio, la suerte del operativo en Haití puede definir el sistema de seguridad regional.

Desde marzo se suceden las conversaciones entre Pampuro y sus pares de Brasil, José Viegas Filho, y de Chile, Michelle Bachelet. La decisión estratégica consiste en mostrar al mundo un Mercosur que represente algo más que un acuerdo comercial. "Nadie puede pretender sentarse en el mundo y esperar los beneficios sin asumir las responsabilidades", dijo el ministro brasileño.

Chile y Brasil participaron en el Consejo de Seguridad de la ONU que el 30 de abril aprobó la resolución 1542, que da el sustento legal a la misión en Haití y que a último momento puso cierta incertidumbre en la participación argentina.

Imposición de la paz

Esa normativa establece la acción bajo el capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas, conocido en el ambiente diplomático-militar como de "imposición de la paz", y habilita a los cascos azules a usar sus armas en diferentes situaciones. Por ella estalló la controversia. Durante quince días el proyecto estuvo detenido en la Casa Rosada: el problema era cómo explicar y defender públicamente una misión habilitada para hacer fuego. Fue evaluado el costo político de un soldado argentino muerto en acción. Y la oposición en el Congreso se hizo -y se hará esta semana, aunque no le alcancen los votos para trabar la iniciativa- fuerte en este punto.

Pero un simple repaso de las misiones de cascos azules en curso determina que desde 2000 siempre se votó por operaciones bajo el capítulo VII. No volverá a usarse el capítulo VI, que implicaba la solución pacífica de controversias y establecía a las unidades de la ONU como simples observadores. ¿Qué pasó para que la ONU cambiara su posición? Simplemente, el mundo se cansó de tolerar matanzas frente a los ojos de los cascos azules que, como policías de tránsito, sólo levantaban infracciones.

El presidente Néstor Kirchner dudó en sumarse a esa corriente de la ONU, pese a los informes favorables que recibía desde las áreas involucradas en el proyecto. Encontró dos posiciones muy firmes de asistencia a Haití en los presidentes Ricardo Lagos, que envió tropas chilenas en marzo, y en Lula da Silva, que consiguió para Brasil el mando militar de la misión. Pesó también la necesidad de dar un gesto hacia el futuro para los militares argentinos y mostrar que el Gobierno no se aferra sólo a revisar el pasado castrense.

En paralelo con los aspectos políticos que envuelven a la operación, las Fuerzas Armadas prepararon la misión en los últimos meses. El componente terrestre tendrá un batallón conjunto de 445 hombres, con una compañía de 150 paracaidistas del Ejército, otra de igual cantidad de infantes de Marina y una tercera compañía de servicios. A ese grupo se agregarán 28 hombres de la Fuerza Aérea que operarán los dos helicópteros que darán apoyo al contingente nacional. La falta de rutas consolidadas volverán vitales el uso de esas aeronaves. Como reserva ante contingencias mayores, la Infantería de Marina llevará una docena de tanquetas Panhard. No se espera que las tropas argentinas se involucren en combates, pero tampoco se quiere dejar a los hombres sin una protección adecuada.

La ONU dividió en siete áreas el control de la seguridad. Los militares argentinos tendrían su ubicación en Gonaives y estarían al mando del sector 2, en el noroeste de Haití. En esa zona se encuentran los soldados canadienses, que esperarán hasta el 31 de julio la llegada del batallón argentino para retirarse. En ese lugar se hacen fuertes los grupos rebeldes.

En realidad, la mayor parte del territorio haitinano está en manos de los grupos armados que llevaron a la caída de Aristide. Una de las misiones de la ONU es colaborar en el desarme de la población, para lo cual la primera opción no es la fuerza sino el pago en efectivo a cambio de la entrega del armamento. Con la cercana presencia de Aristide en Jamaica continuaba la presión política por parte de sus adherentes, visualizada en actos de resistencia civil. Pero como el ex presidente se trasladó en los últimos días a Sudáfrica, podría disminuir la actividad de ese sector.

Bajo riesgo

Las autoridades argentinas confían en que se tratará de una misión de bajo nivel de riesgo, aunque éste siempre esté presente en esta clase de operaciones. Apoyan esa expectativa en los informes que señalan la presencia de grupos rebeldes mal armados y peor dirigidos que no buscarán enfrentamientos con el contingente militar de la ONU. Desde que en marzo se establecieron militares de los Estados Unidos, Francia, Canadá y Chile para estabilizar el país, estas fuerzas tuvieron 53 incidentes menores, pero ninguna baja de personal.

Los dos grupos armados más importantes tienden a aceptar la nueva situación política en la isla. El Frente Revolucionario de Liberación, al mando de Guy Philippe y con 1000 hombres, apoya el gobierno de transición, al igual que el Frente Revolucionario anti Aristide, cuyo principal referente es Butteur Metayer. Ambas organizaciones estudian desarmarse. En cambio, el grupo Chimeres, que opera en Puerto Príncipe, sostiene actos de vandalismo con 200 combatientes. La Argentina buscó evitar las zonas más conflictivas para el control, en especial en el sur, donde operan bandas mejor organizadas de narcotraficantes.

El buque de transporte ARA Bahía San Blas dará el sostén logístico al batallón argentino y el hospital reubicable de la Fuerza Aérea se sumará al esfuerzo de asistencia humanitaria. Un general de brigada se integrará en el Estado Mayor de la fuerza multinacional comandada por el general brasileño Augusto Heleno Ribeiro Pereira. El coronel Guerrero ya está en Puerto Príncipe como enlace del contingente argentino con la ONU. Además de nuestro país, aportarán tropas Benin, Bolivia, Brasil, Canadá, Chile, Croacia, Francia, Guatemala, Nepal, Paraguay, Perú, Ruanda, Estados Unidos y Uruguay.

Más allá de la aprobación legislativa -que el Gobierno descontó desde un principio-, hoy el problema es liberar los fondos para iniciar la compra en el exterior de equipos necesarios y, finalmente, el despliegue. La operación argentina fue presupuestada en 10.548.000 dólares. La ONU reembolsará 3.171.900 dólares y pagará un sueldo mensual promedio de 2000 dólares a cada soldado.

Un escalón adelantado de 125 hombres llegará a Haití este mes y se instalará en carpas hasta que llegue el soporte logístico. El resto viajará en julio. Para entonces ya deberá estar consolidada en el terreno la mayor expedición militar argentina en los últimos diez años. Un compromiso regional que el Gobierno no pudo eludir frente a un país devastado por luchas fratricidas, postergación económica y desastres naturales. .

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