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Guatemala, en barco por el río Dulce

Desde Livingston hacia el reino de los manatíes y las garzas blancas

Domingo 06 de junio de 2004

LIVINGSTON, Guatemala (EL País, de Madrid).- Sábado por la tarde en Livingston, la Guatemala negra. La cerveza está en la heladera. La banda garifuna (cultura que mezcla lo africano y lo maya) actuará en un local en la playa que, llegada la noche, se transformará en discoteca. Los lancheros han realizado los últimos viajes desde Puerto Barrios, y las paisanas, descendientes de los africanos que huyeron de la esclavitud, se han instalado en los porches de madera de sus casas para vender pan de coco y naranjas verdes peladas. En este pequeño pueblo, al que sólo se llega por barco, sus 3000 habitantes no se alteran por nada, no muestran impaciencia, pero cualquiera podría decir que pasa algo.

Esperan la puesta de sol para que comience la diversión, pero también temen porque suele ir acompañada, especialmente de junio a noviembre, de copiosas tormentas tropicales. No es por el frío -en Guatemala hay una temperatura media de 28 grados-, sino porque su delicado sistema eléctrico puede apagarse y fastidiarlo todo.

En la avenida de la Reforma, la calle principal y sin asfaltar que sube la colina sobre la que se asienta el pueblo, los restaurantes encienden las velas y los visitantes se preparan para una charla tranquila. Pero la antigua Labuga (boca en la lengua arawak) siempre guarda alguna sorpresa y, de regreso a casa, el forastero que ha desafiado lluvia y apagones puede encontrarse, de pronto, dentro de una escena de Sueño de una noche de verano. Seguro que las hadas de Shakespeare no eran sino luciérnagas guiñando en medio de un prado, exactamente como los miles que viven en Livingston.

El mejor amigo que el viajero puede tener es un lanchero, ya que aunque el pueblo está en tierra firme, no hay rutas para llegar a él. Los lancheros están organizados en cooperativas, así que no hay sorpresas en los precios y los horarios se cumplen. Con un barco se pueden remontar los 42 km del río Dulce que, pasado el castillo de San Felipe, se ensancha y se transforma en el lago Izabal.

Sorpresas para el navegante

En este caso, el camino es el destino en sí mismo. Hay quien se atreve a realizar el recorrido en cayuco (pequeña canoa de madera), pero para la aventura hay que tener buenos brazos e ir con un guía que conozca las corrientes. El resto puede subir a una lancha, que suele llevar entre seis y diez pasajeros en un paseo de unas seis horas.

Campos de nenúfares, la isla de los pájaros superpoblada por pequeñas garzas blancas o un manantial de agua caliente y sulfurosa que, según los lugareños, lo cura casi todo son algunas de las sorpresas que esperan al navegante en el río Dulce. En sus frondosas orillas conviven caobas, ceibas (árbol nacional del país) y manglares. En el río, que desemboca en el mar Caribe, viven los manatíes, mamíferos sirenios con aletas que terminan en manos y que protagonizan cientos de leyendas. La especie, que se puede contemplar en la reserva del Biotopo Chocón Machacas, está en peligro de extinción.

Mercado de abasto

De vuelta a Livingston, base estratégica desde la que se controla la desembocadura del río Dulce y la bahía de Amatique, se puede cambiar totalmente de registro. Dejar atrás el mundo garifuno y zambullirse en la gran ciudad. A Puerto Barrios se llega en ferry (90 minutos) o en lancha. Es una ciudad-mercado de finales del siglo XIX alrededor de la exportación de fruta, sobre todo banano y piña, para Estados Unidos. Además de un inmenso mercado de abasto, Puerto Barrios es el mejor punto de partida para conocer las impresionantes estelas mayas de Quiriguá. El yacimiento arqueológico, a 93 km de la ciudad, declarado Patrimonio de la Humanidad, pertenece al período clásico de la cultura maya (435-534 de nuestra era).

Datos útiles

Cómo llegar

En avión US$ 1004

Pasaje de ida y vuelta a Guatemala, con los impuestos incluidos.

Alojamiento

* * * * US$ 70

* * * US$ 54

En habitación doble, con desayuno incluido.

Más información

Consulado de Guatemala. Avda. Santa Fe 830, 5° piso, 4313-9160/9180. Funciona de 10 a 13.30.

Margot Molina

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