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Ciencia y Salud

 
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Martes 22 de junio de 2004 | Publicado en edición impresa

Descubrimiento de científicos de la Clínica Mayo

El hígado, víctima de la obesidad

Por Nora Bär | LA NACION

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Como si no se hubieran descripto ya suficientes complicaciones asociadas con la obesidad –empezando por las cardiopatías y la diabetes–, las evidencias científicas acaban de agregar una nueva: el hígado graso o non alcoholic fatty liver disease (Nafld, según sus siglas en inglés).

En el número de julio de la revista Hepatology, un equipo de investigadores de la Clínica Mayo liderado por el doctor Ariel Feldstein, médico argentino que desde hace alrededor de seis años trabaja en los Estados Unidos, mostró que la sobreacumulación de ácidos grasos desata una reacción que aniquila las células hepáticas. Feldstein trabaja en el laboratorio del doctor Gregory Gores, uno de los hepatólogos más destacados del mundo.

"Dada la dieta que consumen, la mayor parte de los norteamericanos y dos tercios de las personas obesas tienen hígado graso –explica Feldstein, desde su casa en Rochester, Minesotta–. En principio, el cuadro es benigno, pero hay casos en que se produce un aumento de las enzimas hepáticas, y esto puede provocar todo un espectro de trastornos, desde inflamación hasta fibrosis o cirrosis. Es más, cuando el patólogo mira a través del microscopio una muestra tomada de un hígado afectado por una forma grave de esta condición no puede diferenciarla del de un alcohólico."

Según Feldstein, aún no se sabe por qué en algunas personas esta condición avanza hacia las manifestaciones más graves de la enfermedad.

Una fábrica en miniatura

Metabólicamente hablando, el hígado es una de las vísceras más importantes del organismo. Entre otras funciones, sintetiza proteínas, digiere y absorbe las grasas, y depura la sangre. Normalmente, almacena ácidos grasos libres y los utiliza como combustible.

Los científicos de la Clínica Mayo estaban estudiando los mecanismos de muerte celular o apoptosis cuando descubrieron que en los pacientes con Nafld ésta está muy aumentada. "Al cultivar células junto con distintos ácidos grasos nos dimos cuenta de que algunos de ellos pueden producir muerte celular in vitro –explica Feldstein– y que esto se relaciona directamente con el grado de inflamación y fibrosis."

Los investigadores estudiaron hígados de ratones gordos y flacos, y muestras hepáticas provenientes de pacientes gordos y flacos. También siguieron la evolución de 57 chicos con este trastorno. Algunos desarrollaron fibrosis. Hubo también un caso de cirrosis.

En general, las personas afectadas por Nafld no presentan síntomas. "Es muy característico de las enfermedades hepáticas –dice Feldstein–. Se trata de un órgano muy resistente y que mantiene la función aunque quede sólo una mínima área activa. Muchos pacientes sólo tienen síntomas cuando la función está dramáticamente disminuida. Los más chicos, sin embargo, parecen tener dolor abdominal y fatiga."

Como gastroenterólogo pediátrico, Feldstein confiesa estar alarmado por la reiteración semanal de casos de Nafld con que debe enfrentarse. "Veo varios pacientes cada semana, con un promedio de edad de alrededor de 12 años", detalla. Y agrega: "En el último congreso americano de gastroenterología, una reunión multitudinaria, este trastorno fue el tema más importante. Pero como se trata de una condición que sólo ahora se está comprendiendo, todavía no recibió mucha publicidad".

Un panorama complicado

Aunque en los chicos la enfermedad progresa lentamente, los médicos temen que en la adultez las complicaciones hepáticas aparezcan antes, incluso, que los males cardíacos o la diabetes. Con cirrosis, el hígado no sólo deja de cumplir con sus múltiples funciones, sino que puede provocar innumerables y peligrosas complicaciones, como la hipertensión portal. "Además –explica el científico–, como las cicatrices que se producen en el tejido hepático impiden que la sangre fluya correctamente al corazón, las venas se dilatan y pueden aparecer várices esofágicas."

Los pacientes con cirrosis también tienen un riesgo significativamente aumentado de cáncer de hígado.

Uno de los muchos problemas que plantea el hígado graso es el del diagnóstico. "Se puede detectar por ultrasonido –dice Feldstein–, aunque todavía no existe acuerdo acerca de cuándo indicar un análisis de la función hepática. La biopsia es el gold standard, pero por supuesto hay un gran debate sobre a quién debe indicársele."

Otro es el del tratamiento. "Tal como se mostró en un trabajo científico publicado el mes último –prosigue–, por ahora lo más eficaz que tenemos para revertir la enfermedad es bajar de peso. Pero incluso entre aquellos que lo logran el 80% vuelve a recuperarlo. Y se vio que las fluctuaciones pueden empeorar el cuadro."

En tren de intentar entender el rompecabezas del hígado graso, próximamente en los Estados Unidos una red de centros de investigación comenzará a reclutar pacientes para determinar si algún medicamento es eficaz para detenerlo. .

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