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Entre uno y otro, la calidez

Los pocillos que en Montmartre inspiraron a los impresionistas

Turismo

Para hacer un alto, el barrio que tuvo como inquilinos a Renoir, Van Gogh y Manet

PARIS.- Al promediar el siglo XIX, Montmartre atrajo a los pintores por su buena luz, ya que está en la colina (Butte) más alta de París con sus 126 metros, y los bajos alquileres. Con el agregado de ser el barrio rojo y por ende permisivo y divertido.

Por allí pasaron prácticamente todos, desde Auguste Renoir que pintó el célebre Baile en el Moulin de la Galette, de 1876, y Vincent Van Gogh, que también lo retrató porque vivía con su hermano Theo metros más abajo, en el 54 de la rue Lepic. Este cuadro está en nuestro Museo Nacional de Bellas Artes.

Entre los más pobres, el lugar favorito era el Bateau-Lavoir, una suerte de inquilinato parecido a los de La Boca en la Argentina en esos mismos años.

"Un caserón sorpresa, destartalado, oscuro, lleno de ecos, escaleras, recovecos y rincones." Allí se alojó un recién llegado de España, Pablo Ruiz, que comenzaba a firmar con el apellido de su madre, Picasso.

En los alrededores florecían bares y cafés donde era común el ajenjo (la absenta) bebida derivada de un gusano de la madera que fue prohibido porque podía llevar a la enfermedad y el suicidio.

Un desayuno escandaloso

Edgard Manet vivía cerca y se convirtió en el líder de los jóvenes pintores rechazados por la Academia luego del lío, en 1863, con su Desayuno sobre la hierba con un desnudo que hoy no escandalizaría a nadie.

El cuartel mayor, donde se reunía todos los jueves para atacar a los tradicionalistas, era por supuesto un café. El Guerbais, que estaba al lado de su casa y que pintó Degas con ese título, en 1876, mostrando una pareja en una escena como las de hoy, con la excepción de la botella que ya no tendría ajenjo. El cuadro, como la mayoría de los tesoros del impresionismo, está en el Museo d´Orsay.

Luego el grupo se mudó al Café Nouvelle-Athenes, que se transformaría en restaurante bohemio. La mayoría de estos lugares han desaparecido físicamente, aunque su memoria es constante en la historia del arte. En el mismo vecindario, cerca del boulevard de Batignolles, se hospedó Carlos Gardel en su primer viaje a París, cuando era un desconocido.

Por esa época los pintores de avanzada ya se habían trasladado a Montparnasse, donde se destacaba Amadeo Modigliani como rey de los Montparnos. Muchos de estos cafés afortunadamente se conservan, y uno puede disfrutarlos y recordar cómo fue aquella época. Estaba La Rotonde, que tiraba a taberna donde iba con Soutine y Fujita, y era habitué León Trotski y tal vez Chou En-lai. Junto a Le Select, enfrente de la terraza de Le Dome, a un lado el salón gigantesco de La Coupole y no lejos, sobre el mismo boulevard de Montparnasse, La Closerie des Liles donde Ernest Hemingway escribió su novela El sol vuelve a salir.

También, Picasso y Wilde

La caída de París volvió a trasladar la escena y, por ejemplo, Picasso, que también vivía en Montparnasse, se mudó a St. Germaine donde pintó el Guernica en la misma cuadra de L´Hotel, donde murió Oscar Wilde, que también era preferido de Jorge Luis Borges. Ambos nombres están recordados en su frente sobre la calle de la Escuela de Bellas Artes, cuyo clasicismo no pudo con la vanguardia atrincherada en los cafés.

Con Lenin y Trotski

Lenin, que vivió en París desde 1909 hasta 1912, era habitué de las reuniones en Closerie des Liles, uno de los cafés más populares de su época en Montparnasse, donde tenía su mesa habitual León Trotski.

El departamento del 4 en la rue Marie Rose en que vivió con su madre y esposa conserva alguno de sus recuerdos y se puede visitar con cita previa.

Está alejado del centro y cerca de la misma estación Alésia del metro donde se concentran muchos locales de venta directa de grandes marcas. En Francia, los llaman Stocks y son equivalentes a los Outlets de los Estados Unidos para liquidar artículos de temporadas anteriores o exceso de stocks.

La primera sala de cine

En el Salón Indien, del Gran Café de París del 14 del boulevard des Capuchines nació el cine la noche del 28 de diciembre de 1895, cuando los hermanos Augusto y Luis Lumière proyectaron La llegada del tren. Sólo tuvieron 33 espectadores que pagaron un franco. Uno de ellos era un mago, George Méliès. Hoy podemos pisar la marca en la acera como en el Camino de la Fama de las Estrellas de Hollywood, que fue su consecuencia.

A pocos minutos de allí, con sólo tomar el metro de la línea 12 hasta la estación de Abbesses, vamos a llegar a Le Tabac de Deux Molins, donde fue filmada la película francesa más exitosa de los últimos años: Amélie. El café en el 5 de la rue Lepic es el escenario real de la película y está abierto como siempre, mientras desde su puerta se ven calle arriba las aspas del Molino de la Galette, pintado en 1876. El único cambio en su decorado es el afiche con el rostro de Audrey Tautou, la interprete que multiplicó la popularidad de Montmartre con su mundo de fantasía. .

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