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Quieren afianzar la integración escolar

La Legislatura porteña estudia dos proyectos para fortalecer la inclusión de chicos con discapacidades en aulas comunes

Domingo 27 de junio de 2004

A diferencia de la intención del gobierno porteño de limitar las experiencias de inclusión de chicos con discapacidades en las escuelas comunes, lo que suscitó reacciones en padres y asociaciones especializadas, la necesidad de promover mecanismos de integración a la comunidad está a punto de ubicarse en el centro del debate.

En la Legislatura porteña están ya en estudio dos proyectos de ley que buscan reglamentar la integración de chicos "con necesidades educativas especiales" en escuelas comunes, un concepto que no se discute ya en la teoría pero que, en la práctica, muchas veces choca con resistencias culturales, prejuicios y sensibilidades.

Mientras muchos padres afirman que, actualmente, la integración de estos chicos se produce sólo "si hay buena voluntad de los directivos" y reclaman una norma que asegure su posibilidad, los funcionarios del área argumentan que imponerla por ley no es el mejor camino.

En el Colegio Saint Jean forman a los docentes para trabajar con chicos que presentan capacidades diferentes
En el Colegio Saint Jean forman a los docentes para trabajar con chicos que presentan capacidades diferentes. Foto: Archivo

Igualdad de oportunidades

La ciudad de Buenos Aires no tiene ley de educación, pero su Constitución rescata "la igualdad de oportunidades y posibilidades para el acceso, la permanencia, reinserción y egreso del sistema educativo", en línea con los contenidos de la ley federal de educación. En la práctica, la integración está regulada por un cuerpo de resoluciones de la Secretaría de Educación.

El área de educación especial porteña tiene 25 escuelas especiales tradicionales -para chicos con distintas discapacidades-, 16 escuelas de recuperación -que trabajan en el apoyo de escuelas comunes para chicos con problemas de aprendizaje y de conducta-, tres escuelas hospitalarias, dos domiciliarias y dos para chicos con trastornos emocionales severos.

"Hoy la estructura de integración se pone en funcionamiento sobre pedidos individuales de los padres, y la reglamentación dice que se integra si los directores quieren. Es decir, está todo librado a la buena voluntad de los actores. Pedimos que haya un mandato escrito y un plan estratégico de integración escolar con pautas que puedan controlarse", afirmó a LA NACION Luis Bulit Goñi, presidente de la Asociación Síndrome de Down de la República Argentina (Asdra), desde donde se trabajó en un proyecto de ley que luego presentó el legislador porteño Jorge San Martino, de Recrear.

En diez artículos, el proyecto de "educación inclusiva" hace explícito el derecho de los alumnos con necesidades educativas especiales de asistir a escuelas comunes o especiales, y establece que, en 180 días de sancionada la norma, el Poder Ejecutivo deberá aprobar el Plan Estratégico de Integración Escolar, con un cronograma de incorporación de las escuelas porteñas a "las estrategias de inclusión escolar". Afirma, además, que el pase de un chico de una escuela común a una especial "deberá ser fundado en el mejor interés del alumno" y "no podrá justificarse en la ausencia de capacidades institucionales o recursos de la escuela común para atender sus necesidades educativas".

"La integración funciona si es parte de un acuerdo entre la educación especial y la común, y no sé si eso se puede regular por ley", opinó Silvia Dubrovsky, directora de Educación Especial del gobierno porteño.

"Según las normas, un padre puede pedir anotar a su hijo en cualquier escuela. Nuestra responsabilidad es decirle cuál es la mejor institución para su hijo, para lo cual la escuela puede pedir ayuda a áreas superiores, donde hay profesionales especializados", dijo. En la actualidad, contó, hay 790 chicos con necesidades especiales integrados en escuelas comunes de la ciudad y 280 docentes asistentes designados para acompañar a discapacitados motores.

En un tema sensible como éste, sin embargo, lo que no suele reconocerse en voz alta es que muchas escuelas no quieren aceptar chicos con distintas discapacidades por temores varios, entre ellos, lo que dirán los padres de los otros chicos. Por otra parte, a veces es difícil transmitir a los padres que hay casos de discapacidad que no pueden integrarse en la escuela común.

"Todo chico es integrable salvo que se demuestre lo contrario", dijo Bulit Goñi. "La integración no se cuestiona como principio, pero hay que establecer límites, porque no todos pueden cursar en la educación común", afirmó Dubrovsky.

Nuevas necesidades

Muchos coinciden en que los chicos discapacitados no son los únicos que plantean "necesidades educativas especiales" a las escuelas. La violencia familiar, la exclusión, las adicciones, el desempleo y el hambre también causan dificultades de aprendizaje, son una problemática adicional para los docentes y demandan a la escuela una intervención especializada.

"Ante una situación de vulnerabilidad social, la escuela común y la especial tienen que articular políticas juntas", dijo María Florencia Polimeni, legisladora de Compromiso para el Cambio y promotora de otro proyecto de ley. La propuesta, llamada "de inclusión educativa", caracteriza como necesidades especiales a las "originadas en causas físicas, mentales, sensoriales, sociales o familiares", que pueden ser manifiestas o no.

El proyecto regula distintas modalidades de integración, establece gabinetes zonales" integrados por docentes y especialistas -psicopedagogos, fonoaudiólogos, psicólogos, trabajadores sociales y sociólogos- para tratar los casos de manera específica, y la capacitación conjunta de docentes comunes y especiales. "Queremos profundizar las políticas de integración de chicos con necesidades especiales clásicas y regular todo un nuevo universo de necesidades, de tipo social", dijo Polimeni.

Por Raquel San Martín De la Redacción de LA NACION

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