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Cómo afrontar las nuevas formas de ser padres y madres

La utilidad del asesoramiento psicológico

Sábado 10 de julio de 2004

Miranda se parece mucho a su abuelo paterno, pero a veces, cuando va y viene por la casa revoloteando sus traviesos dos años, Valeria, su mamá, sonríe y piensa: "Es cierto que algunos de sus rasgos no son de la familia, pero Miranda es nuestra hija: fuimos nosotros quienes buscamos la colaboración de esa tercera persona para que ella llegara a este mundo..."

Cuando Miranda sea más grande y comiencen las preguntas inevitables, sus padres le contarán que como su mamá estuvo enferma, necesitó que un doctor los ayudara. Ese doctor buscó las células sanas que su mamá no tenía, que se llaman óvulos, para que, juntándolas con otras células de su papá, ella pudiera crecer en la panza de su mamá y nacer.

En algunos casos -muy difíciles de cuantificar, pues no se registran ni se comunican abiertamente-, por problemas médicos, porque los óvulos ya no tienen el vigor de la juventud o porque hay bajo recuento de espermatozoides o éstos no son viables, hombres y mujeres recurren a una alternativa distinta para ser padres: obtener espermatozoides u óvulos donados.

El doctor Gabriel Fiszbajn, director asociado del Centro de Ginecología y Reproducción (Cegyr), expresa que mientras la donación de semen es un procedimiento que se realiza desde hace mucho tiempo, la de óvulos comenzó con la fertilización in vitro, hace poco más de 25 años, y requiere una tecnología más compleja.

"Y en los últimos años -agrega-, cada vez son más las mujeres que optan por esta alternativa cuando quieren un hijo y no pueden utilizar los óvulos propios, que están envejecidos. Antes, las mujeres tenían hijos durante la década de los 20 y hoy lo hacen a partir de los 30, o después de los 40, en especial si forman pareja luego de un divorcio y buscan agrandar la familia."

El licenciado Darío Fernández, director del Capítulo de Psicología de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva, dice que el asesoramiento psicólogo es imprescindible antes de la decisión de tener un hijo por medio de la donación de gametos.

"Hay algunas cuestiones que necesitan ser comprendidas y aclaradas -dice-. Por ejemplo, el duelo genético: saber que quien no aporta su gameto en un hijo pierde la posibilidad de transmitir aspectos físicos fundamentales, pero brindará todo lo demás, que es muchísimo, como padre o madre. "

Según Darío Fernández, para el varón es más difícil tomar esta decisión, "porque la mujer, aunque reciba un óvulo donado, llevará a ese hijo en la panza, lo parirá, le dará de mamar. En cambio, si el embarazo se produce con donación de esperma, es probable que ese hombre sienta que queda afuera. En estos casos, hay que trabajar la diferencia que existe entre ser «progenitor», un concepto biológico o genético, y ser «padre», un vínculo mucho más profundo y abarcativo".

Las principales preocupaciones que traen estos futuros padres es que los hijos hereden enfermedades y que no sean físicamente parecidos. "Ambos aspectos se tienen en cuenta -dice Fiszbajn-. Los óvulos donados son de mujeres jóvenes y sanas que han hecho tratamientos de fertilización asistida y que, una vez lograda la maternidad, aceptan darlos en donación. En cuanto a la donación de esperma, se utiliza semen de banco y los donantes son sometidos a chequeos para garantizar la ausencia de enfermedades hereditarias. En cuanto al parecido físico, también se intenta respetar este aspecto, que es socialmente importante."

Según Darío Fernández, al igual de lo que ocurre en la adopción, muchos padres temen que la diferencia de aspecto sea demasiado notoria y esta situación exponga al chico.

"Muchas veces existe temor a la discriminación y algunas familias no aceptan rasgos de etnias distintas -aclara el psicólogo-. Algunos futuros padres temen que su hijo o hija sea «señalado» en el futuro, por personas de mentalidad conservadora, prejuiciosa o tradicionalista."

El camino de la apertura

Una de las cuestiones que los futuros padres deben tener en cuenta es cómo abordarán el tema frente a sus hijos. "Hoy existe una tendencia inevitable hacia la apertura, hacia decir la verdad", confirma Fernández, y aclara que esto se da tanto en adopciones como en donación de gametos.

Fernández añade que con experiencias de muchos años se vio que el secreto termina produciendo una dificultad seria en la crianza. "Son familias que tienden a evitar el conflicto. Saben que existe un tema del que no se puede hablar, entonces no buscan discusiones -dice-. La recomendación es decirlo, siempre. Y, en cuanto al entorno social, hay que adecuarlo a la situación de cada familia."

Para Valeria, Gustavo y Miranda, esos secretos no existen. "Toda nuestra familia y amigos lo saben -asegura Valeria-. No sólo no es una vergüenza, sino un orgullo. Para mí, aceptar el duelo genético significó un acto muy grande de amor: resigné cierto afán del ser humano de tener hijos que se le parezcan, que todos lo tenemos, con tal de que Miranda llegara a nuestras vidas."

Pero también hay familias que no quieren exponerse a comentarios. "Eso condiciona el momento de hablar con los chicos -añade-. Hay dos puertas: una son los cuatro o cinco años. Ese momento tiene la ventaja de que recibe una explicación y no suele cuestionarla. Pero, ¿qué pasa si la familia no quiere que la información trascienda fuera de la casa? A esa edad, no se le puede decir que se calle. En cambio, a partir de los 9, 10 u 11 años, sí se puede dar la explicación y la recomendación de no hablarlo fuera del ámbito familiar."

Falta de cobertura

El límite económico de acceder a un tratamiento de este tipo es algo que Valeria y Gustavo, como muchas otras familias, sufren y conocen de memoria. "Quisiéramos un hermanito para Miranda -dice Valeria-. Pero nos resulta imposible costear otro tratamiento. En nuestro país los problemas de fertilidad no tienen cobertura médica."

Concebir ( www.concebir.org.ar ), asociación de pacientes con dificultades para tener hijos, presentó una denuncia por discriminación de parejas infértiles en obras sociales y prepagas. "Se nos niega la cobertura del tratamiento y, en caso de hacerlo en forma privada, no se cubre ni el parto ni la asistencia materno-infantil obligatoria durante el primer año de vida -afirma Isabel P. de Rolando, presidenta de Concebir-. Esto va en contra del Plan Médico Obligatorio (PMO). Según éste, todas las obras sociales y empresas de medicina prepaga deben cubrir el embarazo, el parto y la atención del neonato, sin que importe cómo se logró la concepción."

Por Gabriela Navarra De la Redacción de LA NACION

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