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En la Argentina, el cine tendrá su academia

Espectáculos

Como ocurre en Francia y en España

Román, ex fabricante de heladeras venido a menos, remisero, pero antes que nada socio vitalicio del Club Luna de Avellaneda, reconstruye toda su juventud cuando se reencuentra con él mismo en la foto de un ajado y oxidado carnet con tapa de cuerina. Su primera reacción es preguntarle a Amadeo, su mejor amigo, cómo se hace para fundar un club. "Habría que averiguarlo", le responde.

La escena, protagonizada por Ricardo Darín y Eduardo Blanco, forma parte de "Luna de Avellaneda", la película de Juan José Campanella que por la recaudación que acredita a casi tres meses de su estreno promete convertirse en la más exitosa de 2004, todo un símbolo para el cine argentino que se esfuerza por volver a ser un espejo de su público, de sus alegrías y de sus tristezas.

No es casual. Esa escena, la implementación de la cuota de pantalla y una media de continuidad parecen haber convencido a la gente de la industria del cine local de agruparse en la que a partir de agosto, en un acto por realizarse en el teatro Maipo (con fecha en principio agendada para el lunes 2), será la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina.

Si bien la idea no es nueva, ya que viene desde la gestión de José Miguel Onaindia al frente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales cuando algunos integrantes de la industria local expresaron en voz alta la necesidad de refundar la entidad, que ya había existido entre 1942 y 1955, a fines de junio, en una multitudinaria reunión que tuvo lugar en la sala del Maipo, pudo plantearse como una realidad inminente.

La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina -en principio, ésa sería la denominación- tiene como antecedente la entidad que nació el 22 de noviembre de 1941, un momento importante del cine nacional si se tiene en cuenta que, en aquellos tiempos la industria local comenzaba a mostrarse al mundo, al mismo tiempo que en Europa el poderío alemán seguía extendiéndose y que Pearl Harbor era bombardeada por los japoneses, forzando a Estados Unidos a tomar partido en la contienda, hasta las últimas consecuencias. Aquel primer consejo directivo quedó conformado por el director (y actor) Mario Soffici, con el cargo de presidente, y el periodista (y guionista) Chas de Cruz y el empresario Carlos Connio Santini, de los Laboratorios Alex, como secretarios.

Si bien la Academia nació un año antes que la Asociación de Cronistas Cinematográficos, en materia de entregar premios a la producción local comenzaría un año más tarde, en 1943. La película seleccionada para el Cóndor de la producción de aquel año (así se denominó al premio, un nombre y una imagen más tarde explotados por el Festival de Mar del Plata y, ya en la década del 80, por la Asociación de Cronistas Cinematográficos) fue "Juvenilia", de Augusto César Vatteone, mientras que como director lo recibió Soffici (por "Tres hombres de río"). Con el paso de los años, y con el peronismo más afirmado en el poder, la Academia fue adquiriendo un matiz cada vez más politizado; no obstante, hasta 1949 coincidió en el rubro principal con el de Cronistas, para volver a hacerlo en 1951 y 1952.

Durante todos estos años hubo quienes acusaron a la Academia de convertirse en un lobby político cuyos directivos recibían favores del Estado en materia de créditos y película virgen (que escaseaba ya desde la guerra), por ejemplo, como se sugiere ocurrió en la reciente "Ay, Juancito", de Héctor Olivera. La última entrega de premios de la primera Academia fue a la producción de 1954, poco antes del golpe de septiembre de 1955, que derrocó al peronismo y forzó, entre otros, a Luis César Amadori, el autor entre otros clásicos de "Dios se lo pague" y "Nacha Regules", adicto al poder de entonces, a dejar el país.

La primera reunión de esta etapa que ahora se abre convocó a unos doscientos integrantes de la industria, cuya primera misión será acercar más asociados hasta totalizar una cifra cercana a los mil. En materia estatutaria, se habrían tomado como modelos las academias que ya funcionan en países como España y Francia.

En la lista inicial figuran los nombres de 37 directores, entre los que sobresalen los de Luis Puenzo, autor de la única película argentina ganadora de un Oscar de Hollywood, Manuel Antín, Alejandro Agresti, Adolfo Aristarain, Fabián Bielinsky, Fernando Birri, Daniel Burman (vocal), Juan José Campanella, Juan Carlos Desanzo, Leonardo Favio, Lucrecia Martel (vocal), José Antonio Martínez Suárez, Héctor Olivera, Marcelo Piñeyro (secretario), Martín Rejtman, Sergio Renán, Fernando Solanas y Pablo Trapero (vocal). En el rubro fotografía, en esta primera lista ya se habían anotado 19, como Ricardo Aronovich, Aníbal Di Salvo, Horacio Maira y el Chango Félix Monti (vocal). En el rubro guión, con 18, Aída Bortnik, José Pablo Feinmann, Jorge Goldenberg y Guillermo Saccomano, y en el rubro actores, el más numeroso, con 63, Alfredo Alcón, Norma Aleandro, que será la primera presidenta de la Academia, al menos por los primeros seis meses hasta la realización de las primeras elecciones, en febrero de 2005, Héctor Alterio, Graciela Borges, Luis Brandoni, Leticia Brédice, Lito Cruz, Ricardo Darín, Ulises Dumont, Pablo Echarri, Guillermo Francella, Susana Giménez, Víctor Laplace, Mirtha Legrand, Federico Luppi, Aída y Jorge Luz, Osvaldo Miranda, Enrique Pinti y Cecilia Roth (secretaria).

La lista, que totaliza 236 fundadores, incluye también a especialistas en animación y FX, como Manuel García Ferré, Juan Pablo Buscarini y Juan Antín; arte, como María Julia Bertotto, Margarita Jusid o Mercedes Alfonsín (secretaria); músicos, entre ellos José Luis Castiñeira de Dios y Lito Vitale; montajistas, sonidistas, y 31 productores, entre ellos Oscar Kramer, Pablo Rovito, uno de los más entusiastas impulsores (y futuro tesorero); Pablo Bossi (Patagonik), que es uno de los redactores del estatuto que la regirá (es abogado); Carlos Mentasti y Juan Carlos Garate (Argentina Sono Film); Adrián Suar y Juan Carlos Vera (Pol-ka), y Fernando Sokolowicz (Aleph).

Entre las atribuciones de la Academia estaría entregar sus propios premios y asesorar al Incaa para seleccionar, con representatividad del sector, a la película argentina que todos los años se propone desde el Incaa para competir por los Oscar, el premio que desde 1927 entrega la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood. .

Por Claudio D. Minghetti De la Redacción de LA NACION
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