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Santos y el dominio de varios lenguajes

Domingo 18 de julio de 2004

Presentación del flautista Alejandro Santos, con Ricardo Nolé en piano Rhodes; Alejandro Herrera en bajo eléctrico; Fernando Taborda en bandoneón; Adriana Ríos en canto, percusión y flauta; el "Zurdo" Roizner en batería y Domingo Cura en percusión. En el N/D Ateneo. Nuestra opinión: muy bueno

Una música rebosante de imágenes rioplatenses y brasileñas y un flautista de incansable inspiración. El concierto que Alejandro Santos propuso en el Ateneo tuvo el tono de un relanzamiento en el que mostró no sólo su amplio dominio técnico, sino también que es dueño de un lenguaje jazzístico profuso en ideas.

Santos buscó un grupo sólido, en el que hubiese experiencia y brío. Entonces subió al escenario con el "Zurdo" Roizner en batería, Alejandro Herrera en bajo eléctrico, Ricardo Nolé en piano Rhodes, Fernando Taborda en bandoneón, Adriana Ríos en canto y la inestimable colaboración del percusionista Domingo Cura.

El grupo, de sonido muy equilibrado, fue dirigido de manera oficiosa por Roizner, que llevó adelante una tarea impecable tanto en el swing como en el criterio de acompañamiento que, además, supo transmitir al grupo.

El show estuvo basado en material compuesto por Santos en diferentes épocas, enlazados hoy por la sonoridad pastosa de este flautista que dejó la sensación de que su regreso lo encontró en excelente forma.

Primer tramo: Brasil

El primer tramo del concierto estuvo dedicado a la música brasileña, en la que desde el vamos se lució Roizner. El combo tiene equilibrio y un excelente manejo colectivo de los climas. El aporte de la carioca Ríos le brinda una mayor legitimidad a la propuesta.

En tanto, Santos tuvo un andar sin altibajos; es un solista con un bagaje rico de ideas y una expresividad serena y hasta reflexiva. Elabora un sonido saturado, en especial por la emisión de aire que escapa de la embocadura, aunque sus líneas son marcadamente puristas.

La música de este flautista es una exaltación de la melodía. El contraste es fuerte con su sección rítmica, formada por tres pilares, Herrera, Nolé y Roizner.

A lo largo del show, Santos dejó en evidencia que gusta de las composiciones en las que no sobresalen las individualidades. Se podría decir que es un compositor que prefiere el trabajo colectivo, con un solista que recree melodías.

En el tramo de tango interpretó tres temas: "Un día", escrito por él, y "Oblivion" y "Fugatta", de Piazzolla, pensados para sección rítmica y solistas. Santos suena cómodo en estas piezas, mientras que el grupo construye un groove pequeño y macizo.

Santos planea sobre los acentos rítmicos; hay un mensaje saxofonístico en su flauta; un fraseo lleno de ángulos, sinuosidades, prolongados saltos y un mood ligeramente alegre con el que edifica su solo.

El grupo tiene como solista natural al bajista Herrera, quizá como una suerte de traductor de la esencia musical de Santos. Su trabajo es minimalista; aquí no hay lugar para excesos ni demostraciones de virtuosismo.

El último tramo se lo dedicó al folklore; tanto "Pescando bagres" como "Zamba York" hablan de su libertad como compositor.

Santos se aleja de las formas clásicas para entrar en un terreno personal, del que surge una música que suena genuina, sin excesos ni falsos entusiasmos. Así, el flautista logró concretar un concierto maduro, con un mensaje de fuerte coherencia estética. Sin intentar ser un revolucionario, abona el campo para cosechas futuras.

Una mención aparte merece la presentación de Domingo Cura, con sus bombos legüeros. Este legendario músico llevó la música a tierra adentro. Su introducción en "Malambo, ahijuna, canejo", fue una obra de arte de corta duración, con un segundo solo de bongó en el puente de la canción.

La propuesta de Santos enriquece la escena local con una música que funde de manera equilibrada las raíces con el abierto mundo del jazz.

César Pradines

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