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Suplemento Cultura

HISTORIA DE LA CIENCIA, 1543-2001
Por John Gribbin-(Crítica)-Trad.: M. García Garmilla-552 páginas-($ 109)

Desde hace varias décadas, la historia de la ciencia es territorio de una interminable contienda entre historiadores y científicos. En manos de los científicos -argumentan los historiadores- la historia de la ciencia es un instrumento para crear mitos de heroísmo y trascendencia y, en última instancia, para legitimar su propia actividad. Responden los científicos que cuando los historiadores incursionan en esa área, caminan sobre el campo minado de ideas y tecnicismos que no comprenden.

Con su reciente Historia de la ciencia, 1543-2001, John Gribbin -doctor en astrofísica por la Universidad de Cambridge y prolífico divulgador científico británico- se suma a la batalla desde las filas de los científicos. Para el autor del célebre libro sobre la física cuántica En busca del gato de Schrödinger, la actividad científica es esencialmente individual, por eso su historia es concebida como un entramado de biografías. Consciente de que cualquier historiador profesional puede acusarlo "de ser anticuado e incluso reaccionario", aclara que "hasta cierto punto, la ciencia está divorciada de las agitaciones económicas y sociales que se producen en el mundo en general".

El relato de Gribbin se inicia en 1543, año en que se publicaron dos obras cruciales. En la primera, Sobre las revoluciones de los cuerpos celestes de Nicolás Copérnico, el canónigo de la catedral de Frombork (Polonia) presentó un revolucionario modelo de universo esférico con el Sol en su centro. En la segunda, Sobre la estructura del cuerpo humano de Andrés Vesalio, el "cirujano, disector y ladrón de tumbas" dio a conocer las primeras representaciones modernas de la anatomía humana. Gribbin construye un relato que recorre cuatro siglos, desde el Renacimiento hasta la teoría del Big Bang y el mapa completo del genoma humano.

Se trata de una historia poblada de pioneros, visionarios, excéntricos y locos. Algunos ejemplos pueden ser el extravagante Galileo, con su paso por universidades y cortes italianas y la acusación final de herejía; el implacable Isaac Newton, que a la muerte de su rival, Robert Hooke, habría hecho desaparecer todos sus retratos; Gregor Mendel, monje de Moravia, que en los jardines de su monasterio puso en marcha la genética moderna; Louis Agassiz, comprometido hasta la obsesión para demostrar la existencia de edades de hielo en el pasado de la Tierra; Francis Crick, que se inició como físico, se decepcionó de las aplicaciones bélicas de esta disciplina y reorientó su búsqueda hacia lo que hoy llamamos estructura del ADN.

Esta colorida gesta encaminada a la conquista de verdades universales y definitivas, fundada en hombres geniales y entrañablemente empiristas, lleva al extremo lo que para muchos historiadores de la ciencia es el gran mito de la modernidad: con la ciencia occidental habría nacido la razón científica y la marcha final hacia el progreso. Un corolario de esta construcción intelectual es que todo signo de alteridad es mera superstición, quimera o pensamiento "primitivo".

Parcialmente vacía de sentido social, la obra del divulgador británico contrasta con los textos actuales de historia de la ciencia, en cuyos índices se pueden leer ítems tales como ciencia e imperialismo, la ciencia y los militares, la práctica científica en contextos periféricos, el surgimiento de la "big science" -en la que la coordinación de ingenieros, científicos, técnicos y políticos cumple un rol decisivo-, ausentes o apenas bosquejados en la obra de Gribbin.

Los mejores atributos de Historia de la ciencia 1543-2001 son la precisión y claridad con que se exponen los conceptos científicos. Las habilidades de gran divulgador de su autor se ponen de manifiesto en las secciones dedicadas a las investigaciones sobre el átomo y la biología molecular. En este sentido, puede hablarse de una interesante obra de divulgación de la historia de las ideas científicas modernas. Steve Fuller, en 1992, afirmó que Kuhn era el último representante del género que podría llamarse "macrohistoria didáctica de la historia de la ciencia". A partir de la publicación de la obra de Gribbin, Kuhn ha sido relegado a ser el anteúltimo. .

Diego H. de Mendoza
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