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Opinión

Hay que recobrar la confianza

Economía

El alto crecimiento económico de los últimos dos años, aunque importante, no es lo más destacable del momento actual. La Argentina ha tenido otras veces niveles muy altos de crecimiento económico, pero siempre en coyunturas que irremediablemente condujeron a una crisis bancaria y/o cambiaria de proporciones. Esto resulta evidente si se analizan los otros indicadores que forman el cuadro que acompaña esta nota, que incluye los dos últimos años, en comparación con los mejores años de los planes de estabilización "exitosos" de las últimas tres décadas.

En los doce meses terminados en junio la inflación estuvo por debajo del 5% anual, lo cual es muy bueno considerando los fuertes ajustes de precios que fue necesario hacer hace poco más de dos años. Estos niveles bajos de inflación permitieron mantener el tipo de cambio suficientemente devaluado en términos reales, -a diferencia de lo sucedido con los planes anteriores-, ya sea en términos del dólar o del real.

Así la Argentina hoy ha logrado un nivel superávit comercial y de apertura del 36% del PBI, superando largamente los valores de los últimos 50 años, aunque aún estemos lejos de los niveles de los países más integrados al comercio internacional como Chile (68%), México (56%) y Australia (43%), para citar sólo algunos.

La situación fiscal es otro de los aspectos, probablemente el más sorprendente, que caracteriza al buen momento macroeconómico que estamos pasando. La austeridad en el gasto público, sumado a la mejor administración de los impuestos, la recuperación económica y las mayores exportaciones, permitieron alcanzar niveles de superávit fiscal superiores a los muy ambiciosos comprometidos con el FMI. La virtud de este comportamiento fiscal es triple, porque nos permite negociar seriamente frente a nuestros acreedores, no presionar en el mercado financiero local para financiar el déficit, y finalmente, tener una política monetaria consistente con los objetivos de crecimiento económico. Además permite que el Estado vuelva a tener rol en las obras públicas y en la asistencia social.

Estos factores macroeconómicos, sumados a la prudente política monetaria adoptada permitieron recuperar la liquidez y la solvencia bancaria, sin caer en la tradicional receta de generar euforias especulativas, y captar depósitos de plazo fijo mediante altas tasas de interés. El resultado es que tenemos niveles de liquidez superiores al de los noventa, y ya están creciendo los préstamos bancarios. Y si no crecen más rápidamente es por la cautela de empresarios y banqueros, ante las cicatrices que dejaron los últimos fracasos.

Es más rentable producir que ser rentista.

En estos dos últimos años, a diferencia del pasado, se ha logrado estabilizar la economía sin afectar la competitividad del sector productivo. Dicho en otros términos, no se está generando una burbuja de crecimiento financiada desde el exterior, que termine en una nueva crisis bancaria ni cambiaria. La verdadera razón de la muy buena situación actual es que se ha recuperado la rentabilidad de muchos sectores, después de casi diez años y nuevamente es más rentable producir que ser rentista.

Sin duda los buenos precios internacionales han favorecido esta situación, pero de ninguna manera constituyen la explicación fundamental. Los buenos ingresos de los exportadores son más explicados por la devaluación del peso, aún con retenciones, que por los niveles de precios. Y por otra parte, si todo fuera gracias a la soja ¿cómo se explican los problemas económicos de Brasil que produce mucho más soja que nosotros?

Esto no significa que estemos bien. Obviamente estamos sufriendo las dos pesadas herencias de los errores del pasado: la pobreza y la deuda externa, que se gestaron en las décadas pasadas. Ambas nos condicionan, y lo seguirán haciendo por algunos años más, y pretender salir muy rápidamente sólo nos conducirá a un nuevo fracaso. Sólo persistiendo en una política gradualista como esta, que evite las fantasías y los atajos, tendremos la continuidad necesaria para encarar las reformas aún pendientes, y recuperar los niveles de igualdad social y bienestar económico que alguna vez tuvimos.

La rapidez de la recuperación de la Argentina hoy sorprende al mundo. Por eso debemos recuperar nosotros la confianza en nuestra economía, y generar un proceso de crecimiento, de la mano de una ola de inversiones productivas, y con especial énfasis en las pequeñas empresas y en las economías regionales. Lo que la Argentina está haciendo ahora es lo mismo que hicieron otros países exitosos: controlar la inflación mediante la desregulación, la apertura y el equilibrio fiscal, pero simultáneamente impulsar el crecimiento de la producción y el empleo con tipos de cambio y tasas de interés compatibles con una nueva realidad competitiva. .

El autor es economista y ex presidente del Banco Central.
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