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Ambientalismo, la nueva cara del colonialismo

Opina Eduardo Leguizamón

Sábado 21 de agosto de 2004

Durante la vigencia del colonialismo europeo hasta el siglo XIX se desarrolló una ideología que presuponía dos universos distintos: uno para el mundo desarrollado y otro para el mundo subdesarrollado. Aunque la cultura occidental está basada en los principios de las revoluciones francesa y norteamericana, cada tanto afloran manifestaciones colonialistas que coexisten con la cultura europea donde todavía subsisten instituciones jerárquicas injustas como la monarquía. Esta ideología cruel ha aflorado recientemente bajo la forma del ambientalismo y se ha ensañado en particular con Brasil y la Argentina. No es un hecho casual que el campeón de esta ideología sea Carlos de Inglaterra.

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El monte nativo y la pobreza: estos montes existían en Europa y cubrían gran parte de su territorio, fueron sistemáticamente reemplazados por cultivos agronómicos que finalizaron en la revolución verde, lo que hizo posible la autosuficiencia alimentaria de Europa al punto que hoy logró ser exportadora de cereales. Pero lo más importante es que transformó a seres indigentes en seres dignos. Hoy el monte nativo en Inglaterra ocupa el uno por ciento de su territorio. Por el contrario, en la Argentina el monte nativo ocupa más de 30 millones de hectáreas. El avance de la frontera agrícola permitirá duplicar el área sembrable en el país. En las provincias del Norte, el avance agrícola permitió transformar montes nativos que abrigaban pobreza, promiscuidad y miseria en cultivos de soja y maíz que no sólo están modificando la estructura social del norte, sino que también impactan sobre todas las industrias proveedoras de maquinarias e insumos agrícolas radicadas en los conurbanos de las grandes ciudades. El monte nativo no es algo romántico: por el contrario, es algo siniestro. En el habitan seres humanos que están más cerca de la escala animal que de la humana. No sólo no acceden a la más elemental dieta alimentaria sino que en muchos casos el analfabetismo es tal que se expresan con dificultad. La promiscuidad y las atrocidades morales llevan a casos horrorosos de consanguinidad: éste es el cuadro real del monte nativo. Las comunidades indígenas también se debaten en la misma miseria. El desmonte y la implantación de los cultivos agrícolas con tecnología son los que permiten transformar a estos seres que llevan vidas miserables en trabajadores agrícolas calificados, integrados al resto de la sociedad argentina. Se necesita mucha crueldad para querer que no se modifique esta situación.

Hoy más que nunca existe tecnología disponible: la siembra directa, los maíces y la soja RR para transformar estos montes que albergan sólo miseria, en una agricultura sustentable y generadora de empleo. La latitud del norte argentino permite el doble cultivo que bajo el sistema de siembra directa mantiene el tamiz vegetal a lo largo del tiempo. Quienes hablan de desertificación ignoran que a ella conduce el deterioro natural del monte nativo. El desmonte y la agricultura sustentable conducen exactamente a lo contrario. Esto lo demuestra día tras día el avance de la frontera agrícola. Y además estos cultivos captan más carbono de la atmósfera que un monte nativo.

Si bien el avance de la frontera agrícola será a través de cultivos agronómicos, en aquellas zonas que carezcan de dicha aptitud los montes nativos deberían ser reemplazadas por forestaciones industriales. Europa que acabó con sus montes nativos al igual que Estados Unidos, hoy son los principales productores y exportadores forestales del mundo.

Las producciones de estos países son todos monocultivos forestales; han acabado con la biodiversidad porque ésta es incompatible con el desarrollo económico. Pero los ambientalistas las proponen para los países pobres para que continúen siendo pobres. Si los ambientalistas europeos quisieran restablecer la biodiversidad tienen la posibilidad de restablecerla en Europa. Por otra parte, para mantener la biodiversidad se requieren superficies minúsculas, que laboratorios y criaderos de semillas en la actualidad mantienen como fuentes genéticas.

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La subversión de los valores morales: el ambientalista europeo prioriza la subsistencia de un reptil o de un animal salvaje frente a la de un ser humano sobre todo si este ser humano habita un país subdesarrollado y es de color. Para nosotros todos lo animales salvajes y todos, los reptiles del mundo no valen lo que vale un solo ser humano. Hay una relación directa entre la desaparición de estos animales y el desarrollo de la vida en condiciones dignas. La perversión moral es de tal magnitud que recientemente la televisión británica mostraba cómo en un país africano un veterinario británico le aplicaba una inyección somnífera a un tigre recientemente atrapado que había atacado a un chico nativo con el objeto de liberarlo en un lugar alejado de la población. Esta magnífica obra de los ambientalistas iba a permitir que el tigre tardara algo más en destrozar a otro niño.

La carrera delictiva: las organizaciones ambientalistas europeas tienen un verdadero prontuario de hechos delictivos que conforman una conducta tipificada en el Código Penal argentino. Sistemáticamente han irrumpido y destruido cultivos agronómicos transgénicos, han saqueado laboratorios, han interrumpido el tráfico en rutas, han saqueado supermercados y destruido alimentos. Han impedido por la fuerza la construcción de un gasoducto indispensable para hogares y fábricas. Recientemente en una acción dirigida contra la Argentina interrumpieron la descarga de un barco de soja argentina en un puerto español. Por ello, es obligación de la Procuración General de la Nación, de los fiscales de Estado, del gobierno nacional y gobiernos provinciales conducirlos a la justicia, procesarlos y encarcelarlos.

El autor es productor y presidente de Quebrachito SA.

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