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Machín, un actor entre el teatro y la televisión

Espectáculos

De "Padre Coraje" a "Cercano oriente"

Dos fuertes actividades marcan hoy la carrera del actor Luis Machín: la televisión y el teatro. Extrañamente puede compatibilizar las dos. Y mientras en televisión se entrega al ritmo frenético que le impone el medio -acaba de hacer dos temporadas de "Son amores", actualmente forma parte del elenco de "Padre Coraje" y además participó en "Epitafios"-, en lo teatral sus experiencias casi siempre devienen de investigaciones que va transitando con gran paciencia. Por estos días se lo puede ver en "Cercano Oriente - La caja", los domingos, en El Camarín de las Musas. El actor afirma que el teatro es su búnker; allí es donde más contenido se siente y seguramente por eso es un espacio que cuida con sumo interés.

La historia profesional de Luis Machín se inició en Rosario. A él le gusta contar que comenzó a actuar en la escuela secundaria y después cursó la Escuela Nacional de Teatro. En los 80 formó parte de uno de los grupos más destacados que tenía la ciudad -la agrupación artística Te Quisimos con Locura- y su tarea en el grupo le valió el reconocimiento de la crítica santafecina de manera contundente. El mismo actor cuenta: "En algún momento la prensa rosarina me había colocado en un lugar de excelencia tal, que empecé a preguntarme si sería así. Rosario tiene todo para ser el lugar ideal, pero vaya a saber por qué los artistas nunca pueden desarrollarse del todo".

Así las cosas, se vino a Buenos Aires a estudiar teatro con Ricardo Bartis. Al poco tiempo estaba haciendo publicidad, algo de cine y proyectos teatrales de importancia, como "Varios pares de pies sobre piso de mármol", adaptación de obras de Harold Pinter, y "Cercano Oriente", pieza que acaba de reponer.

-¿Cómo decidiste estudiar con Ricardo Bartis?

-Llego a Bartis porque lo descubro leyendo varios artículos periodísticos y, además, Chiqui González -maestra y directora- nos hablaba mucho de él. Cuando llegué a sus clases, descubro que tiene una mirada muy fuerte sobre el teatro, el trabajo y el entrenamiento del actor, muy parecida a la que me había enseñado Chiqui González. Descubrí las distintas miradas del actor. Algo que me asombró es cómo él se coloca frente a las diferentes posibilidades de actuación. Cuando trabajé con Bartis en "El pecado que no se puede nombrar", ahí me cerró un ciclo. Lo conocía como maestro, pero ahora como director me confirmaba mi trabajo. Con quien también me sucedió algo singular fue con Alberto Ure. Con él hice unos cursos sobre actuación en televisión, en Canal 13. Y él también me mostró cómo coloca al actor dentro de una poética propia. El actor no es más que un instrumento con el que ellos escriben su poética dentro de un trabajo.

-De esa época, también es "Cercano oriente".

-Ese espectáculo fue con gente del estudio de Bartis. A Alejandro Catalán se le ocurrió trabajar con una caja -de esas con las que antes se recubrían las heladeras- y dos cintas métricas. Sólo dos actores y Omar Fantini, que miraba desde afuera y traía ideas para desarrollar. A partir de improvisaciones, se fue armando una estructura que fue dando forma a la pieza. Estrenamos en 1995, en El Callejón de los Deseos. El espectáculo nos llevó cerca de un año de preparación y pasó casi inadvertido para la prensa, aunque siempre tuvo público. Lo interrumpimos cuando estrenamos "El pecado que no se puede nombrar"; en esa época tuvimos giras muy largas. Y cuando "El pecado..." bajó, Alejandro me propuso reponerla. La pusimos en su estudio Teatro de Operaciones. Yo hacía funciones de "Casa de muñecas", en el San Martín, por lo que "Cercano oriente-La caja" iba muy tarde. Y siguió convocando público. Después fuimos seleccionados para participar en el IV Festival Internacional de Buenos Aires y allí salieron algunos viajes. Hicimos giras por varias ciudades de Francia y participamos en el Festival de Caracas, Venezuela.

-¿De qué habla "Cercano oriente"?

-A nosotros nos dispara para muchos lugares diferentes. Después de 7 u 8 años de hacerla, nos resuena de diferentes maneras. Básicamente, son dos tipos que viven dentro de una caja y no se sabe por qué. De a ratos buscan una orientación de algo que tampoco se sabe qué es. Nosotros nunca pensamos en ningún mensaje, en ninguna bajada de línea de tipo social, política o religiosa. No hay más que dos cuerpos en una especie de contienda por conseguir algo. No sé exactamente de qué habla la obra, pero función tras función voy descubriendo cosas nuevas. En Francia, relacionaron el espectáculo con los cartoneros, como si se tratara de un homenaje a ellos. Y cuando hicimos el espectáculo los cartoneros no existían. Es más, la caja, el objeto, ya está viejo y queremos cambiarlo, pero no podemos hacerlo porque hoy las heladeras ya no vienen envueltas de la misma manera. No hay más cajas así. No pretendemos tomar posición sobre un tema particular. A cada uno le resuena de una manera distinta.

-Como el teatro, también la televisión ha pasado a ser tu medio, al menos eso lo demuestra tu continuidad en diferentes tiras.

-Siempre lo que más hice fue teatro, pero uno actúa en todo registro que aparece. Hay códigos distintos y hay que aprenderlos. La televisión me resulta un ejercicio de actuación enorme. Y me produce un enorme placer actuar en TV, a pesar de lo que muchos piensan cuando marcan las diferencias entre el teatro y la televisión. Actuar en TV también es actuar. Hay que conocer con inteligencia el código que tiene el medio y los tiempos. Dentro de esos tiempos acotados, se pueden hacer muy buenas cosas.

-Pero nunca sabés por los carriles que vas ni a dónde te van a llevar.

-Y, en un punto, eso es extraordinario. Cuando hacés una obra de texto, por ejemplo, sabés de qué se trata y conocés al personaje del principio al fin. En TV, tenés una idea de lo que puede llegar a ser. Hay una sinopsis básica de lo que es el personaje y después el autor se va entregando a lo que el actor le devuelve y ahí empieza realmente el juego. Yo no sé qué le va a pasar al doctor Ponce -personaje de "Padre Coraje"- de acá a 20 programas, sé lo que le puede pasar de acá a 10. Eso coloca al actor en un vértigo, en un nivel de exigencia y también te obliga a estar en permanente atención.

-Extrañamente, podés entregarte al vértigo televisivo y también a largos procesos de investigación teatral.

-En teatro, en general, trato de trabajar con gente que conozco y de quien me interesa su forma de trabajar. Cuando hice "Dios padre" (versión de "Lástima que sea una puta", de John Ford) si bien la adaptación la hizo Ignacio Apolo, los actores también tomamos decisiones acerca de hacia dónde queríamos narrar. El trabajo duró dos años. Ahora, con Patricio Contreras, estamos trabajando en un proyecto: "Ella", una pieza de Susana Torres Molina. Con Patricio, nos conocimos haciendo "Ilusiones", sentimos que actuando funcionábamos y ahora nos reencontramos, con tiempo, para experimentar. Puedo convivir con todo lo que tenga que ver con la actuación. El aura permanente de producir actuación es lo que me lleva por la vida.

-¿Y por qué te gusta tanto actuar?

-Yo qué sé. Será una estructura emocional que se ha ido conformando con los años. Desde que empecé, hace 20 años, nunca quise dejarlo. Si no lo hago, estoy seguro de que me va a faltar lo esencial. .

Por Carlos Pacheco Para LA NACION
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