ATENAS.- La diferencia de talla física quedó rápidamente disimulada cuando otra vez, como en sus mejores momentos, la Argentina puso como escudo su corazón, luchó con intensidad cada balón y volvió a exponer el mayor coraje y toda su experiencia para atacar. Así, con su mística, su química, con una gran madurez mental y mucho espíritu, no dejó pasar la inmensa oportunidad histórica. Y lo logró: la selección derrotó a Italia por un contundente e inesperado (por la diferencia) 84-69 en la final de los Juegos Olímpicos y se quedó con mucho más que una medalla dorada. Se quedó con el agradecimiento de toda una delegación y de todo un pueblo; pero también con el elogio descomunal del ambiente deportivo internacional.
Fue otra obra maestra, dirigida por Rubén Magnano y conducida en la cancha por un Manu Ginóbili inspiradísimo, desequilbrante, que enloqueció a toda la defensa rival, y apoyado sobre un Luis Scola descollante, como para que Gregg Popovich se lo lleve ya mismo a los Spurs. A la Argentina no la amedrentó la muralla zonal que impuso el rival ni el sufrimiento por ganar los rebotes. Sin Fabricio Oberto -fractura en la mano derecha-, uno de los grandes gladiadores del equipo, igual se sobrepuso a tanta desventaja. Incluso, la ausencia de triples (1 de 5 en el primer tiempo) no asustó.
El grupo de Magnano funcionó a la perfección, jugó con inteligencia y sacó 12 puntos de ventaja (34-22) a los 4 minutos del segundo cuarto. Scola y Ginóbili convirtieron la mayoría de los tantos. Pero sobrevino una recuperación del rival fundamentada sobre las incisivas penetraciones de Gianmarco Pozzecco y los triples de Gianluca Basile y Matteo Soragna.
El parcial terminó en favor de los argentinos (43-41), pero en la reanudación la paridad se acentuó y le permitió a Italia pasar al frente por 54-51 al promediar el tercer cuarto gracias al aporte de Rodolfo Rombaldoni. Surgió la incertidumbre. Se complicba el partido. El sueño dorado parecía alejarse. Los árbitros permitieron que los europeos defendieran con demasiada rudeza y abusaran de las cortinas en movimiento. Para peor, se sucedieron algunas pelotas perdidas, Pepe Sánchez, agotado, pidió el cambio y hasta Manu erró su único libre después de haber acertado siete consecutivos.
Se oscurecía el panorama. Los hinchas italianos llenaban el estadio con sus gritos. Encima, Scola y Manu sumaron sus terceras faltas casi en el mismo minuto. Sin embrago, el temple y el confianza de los argentinos no fueron conmovidos por esa levantada. Rápidamente, con una defensa sensacional, sacrificada y casi perfecta, se terminaron las vías de gol, se acabaron los espacios libres para los tiradores italianos y la Argentina dio vuelta el codo final con una importante ventaja.
Siempre con un Scola incontrolable y con Ginóbili haciéndose cargo del compromiso y de cada ofensiva, mientras Nocioni batía récords de salto en alto por encima de las torres italianas y Wolkowyski imponía toda su musculatura para alejar de la zona pintada a los mastodontes azules. El reloj, que parecía enemigo, a 4 minutos del final, con una ventaja de 13 puntos (73 a 60), empezó a congraciarse con los corazones celestes y blancos. Hasta que llegó el bombazo que empezó a izar la bandera en lo más alto del podio. Alejandro Montecchia, en su último partido en la selección, en su despedida, clavó la última estocada en el lomo de los italianos con un triple tremendo y a menos de dos minutos del epílogo le dio una luz de 14 unidades (78-64) a su equipo.
Las guirnaldas, los globos, los gallardetes empezaron a colgarse del techo. Empezaba la fiesta. Nocioni puso una tapa increíble, casi medio metro por encima del aro; Manu clavó dos libres y para terminar la faena, como contra EE.UU., Scola deshilachó la red con una tremenda volcada. Pocos podían creer lo que pasaba. Los italianos había sido arrollados por la habilidad, la experiencia y el hambre de un grupo monolíticamente unido. Llantos, saltos, fiesta. Como en un cuento de hadas. Pero verídico. El mejor equipo de basquetbol del momento había ofrecido su última sinfonía.
Una nueva era
La selección argentina, que por primera vez venció a Italia en partidos oficiales, se convirtió ayer en el primer equipo sudamericano que obtiene un título olímpico. Además, ya se aseguró la clasificación para el Mundial de 2006. Sobre 16 torneos, EE.UU. tiene 12 conquistas, seguido por Unión Soviética, con dos, y Yugoslavia y Argentina, con uno.
57,6 fue el porcentaje de lanzamientos de dos puntos de la Argentina, el mejor del torneo
76,2 el promedio de puntos que recibió la Argentina en el torneo, uno de los más bajos en los Juegos
82 es el promedio de puntos que convirtió la Argentina en el certamen .
