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Economía

Sábado 11.10.2008 (actualizado hace 1494 días)

Software: algo se está moviendo

El año pasado, este sector vendió por 2830 millones de pesos y para este año se espera un aumento del 15 por ciento; con la sanción de la nueva ley crecen las expectativas de desarrollo de la industria
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Jueves 9 de setiembre de 2004 | Publicado en edición impresa 

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Software: algo se está moviendo

James Bond sabe de oleoductos. En varias de sus películas, el superagente espía británico aprovecha una de estas cañerías gigantes para escapar. Su transporte favorito, en esas ocasiones, es un trineo mecánico, que en la vida real se usa para controlar el estado interno de las tuberías. Pero si el programa que Fabián Heredia está desarrollando en su casa del barrio porteño de Once funciona, el agente 007 tendría que buscarse otro medio de transporte para sus huidas.

Heredia trabaja en un programa que permitiría analizar las zonas de riesgo de los oleoductos por vía electrónica. "Según me informaron expertos del sector, el programa puede tener un valor de mercado inicial de 25.000 dólares", dice el programador. Pero eso llevará tiempo. "Un año, quizás", indica. Mientras tanto, se mantiene con pequeños trabajos de programación, que le alcanzan para cubrir los costos de su empresa Fasck, unos $ 1000 mensuales, y no mucho más. "Tuve contacto con desarrolladores chinos que quieren relacionarse con programadores argentinos", cuenta el licenciado en Análisis de Sistemas en diálogo con LA NACION.

La experiencia de Heredia refleja el renovado interés por el software made in Argentina. En 2003, el sector registró un aumento de ventas del 20%; el volumen de negocios alcanzó a 2830 millones de pesos. Para este año, la Cámara de las Empresas de las Tecnologías de la Información (Cessi) prevé un aumento de un 15%. En 2006, se espera rozar los 4500 millones en facturación.

Como en otros sectores, el futuro está hoy en el exterior: "Para muchas empresas fue simplemente una cuestión de supervivencia, ir a vender afuera", dice Carlos Palotti, presidente de la Cessi. Según las estadísticas de la entidad, la venta de productos y servicios de origen argentino al extranjero originó en 2003 una facturación de 170 millones de dólares. En 2004, podría rozar los 220 millones. Empresas de México, EE.UU., Chile y España funcionan hoy con programas desarrollados en Buenos Aires, Córdoba y Rosario. El desafío son los mercados más competitivos: China, Israel, Italia, Canadá y Gran Bretaña.

Un plan estratégico

Para fomentar la tendencia, el Gobierno presentó un plan de acción y estratégico que prevé ayudas estatales hasta 2014. Entre las medidas anunciadas se destacan la sanción de la ley de promoción de software, líneas de crédito para fomentar compras de software y servicios por hasta $ 300.000 y programas de capacitación laboral. "Queremos que la Argentina sea un actor relevante del sector a inicios de la próxima década", dijo el ministro de Economía, Roberto Lavagna, al presentar el plan.

La iniciativa llegaría a tiempo, según expertos del sector: "Las empresas se enfrentan hoy en muchas ocasiones a un cuello de botella a la hora de encontrar personal capacitado y adecuado", indica Daniel Bercovich, de Bercovich & Asoc., consultora de recursos humanos para el sector de la Tecnología de la Información. El factor humano es uno de los elementos que define el éxito en este negocio: "Un 70% del costo total recae en el pago de salarios y recursos humanos", dice Palotti. Cerca de 25.000 personas tienen hoy trabajo fijo gracias al software de producción local, 8000 de ellas en el sector de la exportación.

"Muchas de las empresas ya existían con el uno a uno", cuenta Daniel Bercovich, que trabaja en el sector desde los 90. "Tras la crisis, las firmas mantuvieron un núcleo de trabajadores más confiable, pero con el boom de la exportación muchas crecieron de golpe." Algunas, que hasta hace dos años trabajaban con un staff de 15 a 20 empleados, hoy les dan trabajo a 100 personas, según comenta el consultor. "Otras ponen escuelitas de capacitación, pero eso es una cuestión de inversión en Investigación y Desarrollo (I+D), y eso depende fundamentalmente de la estabilidad del país."

Sobre la base de la Encuesta Nacional de Innovación y Conducta Tecnológica de Empresas Argentinas realizada en 2001, las empresas gastan en I+D un 0,33% de su facturación anual. Según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, en países líderes, como Suecia y Finlandia, las empresas invierten hasta un 4,74 por ciento.

El sector de tecnologías de la información en la Argentina se compone de 700 empresas registradas. Un 18% exporta. "Sin olvidar que hay un gran número empresas, tipo unipersonales, que prestan sus servicios y no están documentadas", señala Palotti.

El grueso está compuesto por firmas pequeñas y medianas con menos de 50 empleados y que en muchos casos no llegan a los 15. Cliente preferencial es el sector de las pymes.

La industria despegó en los 90 con la demanda que originó la ola de privatizaciones y la entrada de capitales extranjeros. Empujado por la euforia de la era de las empresas "punto.com" el software made in Argentina creció y llegó, incluso, a ocupar un lugar destacado en el mundo del diseño virtual. "El 50% de los sitios en español que se diseñaban a fines de los 90 llevaba sello de origen argentino", indica Palotti. Pero el estallido de la burbuja de Internet, la aceleración de la recesión en la Argentina y, finalmente, la debacle financiera y social de 2001, causaron la caída del mercado interno. Sólo en 2003 el sector comenzó a recuperarse.

Favores de la devaluación

"El 3 a 1 me benefició mucho", dice Heredia sobre el tipo de cambio que se implantó después de la devaluación. "Las empresas dejaron de llamar al exterior para contratar a programadores. Ahora buscan acá". Una que lo hizo fue Morken SA, proveedora de equipamiento y servicios vinculados con la industria petrolera. "La petroquímica es uno de los nichos obligados para el software argentino", explica Palotti.

Los expertos diferencian la industria en tres grandes grupos de productos: trabajos de diseño, software de base, que son los sistemas operativos que hacen funcionar a una PC, y el desarrollo de aplicaciones, que responden a necesidades específicas de cada negocio. Es aquí donde el programador creativo juega un papel de peso. "No podemos pretender ser una segunda India", dice, marcando la distancia con el líder en el nivel mundial en cuestión de productos informáticos. "Pero sí, desarrollar nuestra especialidad y hacer, con ello, diferencia." Según el empresario, India tiene una ventaja comparativa en temas de costos y en mano de obra calificada para la producción de sistemas estandarizados.

"El argentino no es tan bueno cuando se trata de desarrollar un producto sistematizado. Pero es uno de los mejores cuando se trata de inventar, mejorar, diseñar. Ese es nuestro valor agregado", señala Palotti, y advierte que la ventaja del tipo de cambio no está para quedarse. "Eso en algún momento va a cambiar, es un plus a corto plazo. Pero nosotros tenemos que pensar a largo plazo."

Las características del programador local hacen que la Argentina sea un lugar de preferencia para programas y servicios informáticos especializados en la agroindustria, el marketing interactivo, el diseño y el servicio de aprendizaje virtual (e-learning). Carlos Rivero Bianchi, director de Globaltech, empresa que se especializa en software para el control de procesos de logística, matiza: "El mercado argentino tendría que tratar de posicionarse, más y más, como un polo informático para productos especializados".

Los cuatro centros informáticos que se formaron en el interior en los últimos años marcan el paso en la dirección correcta. Empresas de la magnitud de la japonesa NEC y las estadounidenses Motorola e IBM establecieron centros de producción, investigación y desarrollo en ciudades como San Luis, Córdoba, Rosario y Tandil a cambio de beneficios tributarios.

Una encuesta de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) presentada en 2003 sustenta las opiniones de los expertos. El indicador elaborado entre las principales empresas le otorga a los profesionales locales las mejores notas en el desarrollo de aplicaciones a medida y en temas de innovación. La Cepal destaca, sin embargo, dos grandes obstáculos que podrían hacer peligrar la evolución del sector en un futuro no tan lejano: la reducida escala de producción en el país y los sistemas de comercialización. Desde agosto el software local cuenta con un instrumento que, según los expertos, ayudaría a paliar estos defectos: la ley de promoción de software.

"No teníamos más que este año para hacer este paso, que era tan obligado", señala Carlos Rivero Bianchi. "No nos olvidemos de que Brasil ya está muy bien posicionado y que Uruguay, por muy pequeño que sea, se está erigiendo como un paraíso fiscal para este tipo de industria", dice. El gobierno uruguayo exime del pago de Ganancias.

La nueva ley argentina reducirá fuertemente la carga impositiva, que podría bajar del actual 40% a 18%. "Es un avance, aunque se quede todavía lejos de los líderes en esta industria", opina Bianchi. Países como Israel o Irlanda les exigen a sus empresarios impuestos de un 5% sobre el costo total de negocio.

Pero no todos podrán beneficiarse con uno de los puntos de la ley: las promociones para la contratación de personal. "Para acceder a ellas, las empresas tienen que demostrar que un importante porcentaje de su inversión se destina al rubro I+D argentino", dice Bianchi. "Y aquí las filiales argentinas de multinacionales como IBM o Motorola salen ganando porque, a diferencia de las empresas nacionales, pueden hacer valer las inversiones que les llegan desde sus casas matrices en el exterior. Las locales, no."

La ley prevé que desarrolladores de software y prestadores de servicios que acrediten la generación de valor agregado, exportación, investigación y desarrollo y empleo podrán beneficiarse con una reducción de hasta un 60% en ganancias y de hasta 70% en aportes para la contratación de personal.

Las características del producto hacen que tampoco se pueda delegar mucho su comercialización. "Salta a la vista que hoy el verdadero margen de ganancias se produce en el mercado extranjero", dice Rivero Bianchi. Su empresa cuenta con 12 empleados fijos; sus principales clientes están en Chile, Colombia, Venezuela y Perú. "Pero con ir una vez al año a una feria en el exterior o visitar un mercado no alcanza. Se necesita una red de comercialización, representantes en el exterior, y eso cuesta tiempo y dinero", indica Bianchi.

Heredia, por ejemplo, por ahora se quedaría fuera del apoyo gubernamental. "A mí esto no me ayuda mucho", comenta el joven empresario. "Mi negocio todavía no genera volumen como para poder contratar gente. Pero hay que verlo desde un punto de vista más global. Y para el rubro en general si tiene sentido." Por ahora piensa seguir especializándose en los hidrocarburos y terminar su programa, porque hasta que no termina no cobra.

"Pero lo más importante es que estas ayudas legales no sean pan para hoy y hambre para mañana. O sea, que con el próximo gobierno vuelva todo a cambiar."

Por Flavio Cannilla
Para LA NACION

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