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Un nombre para la sonrisa más célebre

La verdadera Gioconda se llamó Lisa Gherardini

Viernes 10 de septiembre de 2004

ROMA.– No era una prostituta florentina. Tampoco una cortesana, ni su madre, ni un autorretrato.

La Mona Lisa, más conocida como la Gioconda, esa mujer de rostro enigmático pintada por Leonardo da Vinci, inmortalizada en uno de los cuadros más famosos del mundo, existió realmente: era Lisa Gherardini, segunda mujer de Francesco del Giocondo, un rico comerciante de seda florentino.

Después de años de atrapantes y disímiles teorías sobre una de las obras de arte más conocidas del planeta –y la más visitada del Louvre, de París–, el enigma sobre la verdadera identidad de la Gioconda, una dama intrigante sobre la que se derramaron ríos de tinta, y de la que algunos hasta pusieron en duda su existencia, se habría resuelto.

Así resulta del último libro del historiador florentino Giuseppe Pallanti, que después de hurgar en el Archivo de Estado de Florencia, de la Opera del Duomo y del Spedale degli Innocenti y estudiar a fondo distintos documentos de la época llegó a la conclusión de que la figura pintada por Leonardo entre 1503 y 1506 fue real.

Se trata de Lisa Gherardini, una aristocrática joven señora de la región del Chianti, la famosa zona rural de los exquisitos vinos de la Toscana, segunda esposa de Francesco del Giocondo. Un hombre de negocios de buen pasar que era amigo del padre de Leonardo, sir Piero da Vinci, un escribano muy poderoso de Florencia.

"El retrato de Mona Lisa, hecho cuando Lisa tenía 24 años, fue probablemente encomendado por el propio padre de Da Vinci para su amigo", sostiene Pallanti, que hasta presume que quizás el padre le hizo el pedido para ayudarlo en tiempos en que el futuro inventor de varias máquinas aún no era conocido.

La obra cumbre de Leonardo se exhibe hoy en el Museo del Louvre, en París, y pese a su reducido tamaño -mide apenas 77 x 53 cm- es una de las pinturas más apreciadas por los turistas en todo el mundo.

Hipótesis confirmada

El descubrimiento del historiador florentino confirma la antigua intuición del pintor y escritor de arte Giorgio Vasari, que fue el primero que, en 1550, en su famoso libro "Vite", llamó "Mona Lisa" el enigmático capolavoro de Leonardo.

Se trata de una obra que, a diferencia de otros retratos de la época, carece de nombre del representado y data; una pintura sobre la cual, a partir de un famoso robo de la tela del Museo del Louvre en agosto de 1911 -recuperada dos años más tarde-, comenzaron a tejerse varias versiones.

En su libro "Monna Lisa, mulier ingenua", recientemente publicado, además de hacer un retrato de una mujer concreta, yendo más allá de los mitos y el halo de misterio que siempre envolvió a la modelo de Leonardo, Pallanti demuele todas las hipótesis, muchas de ellas fantasiosas, sobre la identidad de esas facciones enigmáticas.

Para él, en efecto, no hay que tener en cuenta las hipotéticas atribuciones de ese rostro a mujeres como Isabella d´Este de Ferrara; la napolitana Isabella Gualanda, una "favorita" del duque de Nemours Giuliano de´ Medicis, hijo de Lorenzo el Magnífico; la romana Cecilia Gallerani, o a "disparatadas" cortesanas o prostitutas.

Hay que descartar, asimismo, esa teoría de que en verdad la Gioconda -que se llamaría así por ser la mujer de Francesco del Giocondo y no por esa sonrisa "gioconda"- es la madre del artista, o incluso un autorretrato, algo que confirmaría la tesis que indica que Leonardo era homosexual.

La mujer revelada

Lisa Gherardini, según Pallanti la mujer de "La Gioconda", nació en Florencia el 15 de junio de 1479, vivió entre esta ciudad y la zona del Chianti toda su vida y se casó en 1495 con Francesco del Giocondo, un acaudalado comerciante que un año antes había perdido a su primera esposa, Camilla Rucellai.

Lisa tuvo cinco hijos, y si en la pintura sus manos aparecen hinchadas, sobre el vientre, sin alianza o piedras preciosas en los dedos, es porque no le entraban porque estaba embarazada de uno de ellos.

Nacido en 1465 y varios años más grande que Lisa, Francesco del Giocondo era un "nuevo rico" de la época, ya que se había convertido en el mayor importador y vendedor al por mayor de seda en Florencia, en ese entonces una ciudad en pleno esplendor.

El comerciante hacía negocios con Lorenzo el Magnífico, del cual era proveedor, y utilizaba el banco que su familia, los poderosos e influyentes Médicis, tenía en Roma para efectuar sus pagos al exterior.

Francesco del Giocondo quería mucho a Lisa Gherardini. Las investigaciones de Pallanti, que trajo a la luz el testamento que éste hizo antes de morir, en 1538, así lo demuestran. Al margen de dejarle todos sus bienes, la define "mulier ingenua", una forma de alabar su espíritu noble.

El gran historiador francés Jacques Le Goff definió el novedoso libro de Pallanti como "una biografía científica de una mujer hasta ahora inexistente".

Más allá de la posible resolución del misterio, lo que parece innegable es que Leonardo tenía una relación más que especial con esta pintura. Por algo Nick Rossiter, director de un famoso documental de la BBC sobre este genio, recordaba que "nunca entregó la obra, sino que siempre se la quedó, hasta la muerte, en 1519".

Por Elisabetta Piqué Corresponsal en Italia

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