Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

En Dinamarca, casarse con un extranjero obliga a un virtual exilio

El país tiene estrictas leyes inmigratorias

Martes 14 de septiembre de 2004

COPENHAGUE.- Cuando Signe Norgaard Nielsen y Franklin Lamot Lescaille se conocieron en La Habana hace unos tres años, no tardaron en enamorarse y tomar la decisión de casarse. Pero cuando la pareja solicitó permiso para vivir en Dinamarca, el país donde nacieron Signe y sus antepasados, comenzó lo que se ha convertido en una larga y penosa experiencia para ellos.

Su solicitud fue rechazada por las autoridades danesas, que procedieron de acuerdo con una serie de leyes inmigratorias que son consideradas las más severas de toda la Unión Europea y que han tenido un fuerte impacto.

Según Suecia, las nuevas leyes han obligado a unos 1000 daneses casados con extranjeros a vivir del otro lado del estrecho entre Copenhague y Suecia, ya que se les prohíbe establecerse en Dinamarca. En muchos casos, para ir a trabajar o estudiar, el miembro danés de la pareja cruza diariamente el largo puente elevado desde Malmoë hasta Copenhague, o toma la balsa, como ha hecho Signe Norgaard Nielsen durante un año y medio, desde Helsingborg, en Suecia, hasta Helsingor, en Dinamarca.

El puente fue bautizado el Puente del Amor por la revista The Economist, que dio cuenta de la situación hace un par de meses. Sin embargo, el apodo no se popularizó entre las parejas que, en realidad, llevan una vida dividida entre dos países, aunque sí expresan su contrariedad por la ley.

"No he hecho nada en contra de mi país y, sin embargo, me siento expulsada", comentó Nielsen, de 24 años, acompañada por su esposo, de 23.

Quienes promovieron la legislación afirman que el propósito de la nueva ley no fue la expulsión de daneses, sino el inevitable resultado de la iniciativa oficial de reducir el flujo de extranjeros, a menudo procedentes de países no europeos, que agobian el sistema de bienestar social, cometen más de la mitad de los delitos, y tienden a formar sus propias comunidades dentro de Dinamarca.

El caso danés acaso haya producido un resultado poco esperado, pero refleja una creciente inquietud en muchos países europeos por el aumento de comunidades no europeas, a menudo musulmanas. Este fenómeno ha impulsado la proliferación de varios partidos de derecha que se oponen a la inmigración, entre ellos el Partido Popular danés, que obtuvo 22 de las 179 bancas del Parlamento danés en las elecciones de 2001.

Pero sólo la relativamente pequeña Dinamarca, con 450.000 inmigrantes en una población de 5.300.000, ha llegado al extremo de promulgar regulaciones que básicamente obligaron a algunos de sus ciudadanos a elegir entre sus seres queridos o su país.

"El 65 por ciento de los inmigrantes y refugiados políticos en Dinamarca -unos 130.000- nunca trabajaron, y eso representa un gran problema", advirtió Ivan Vesselbo, un parlamentario del Partido Liberal.

Entre otros requisitos, la legislación danesa establece que ambos cónyuges deben tener una edad mínima de 24 años para poder establecerse en Dinamarca. El razonamiento fue que las personas de esa edad podrían ser más capaces -en contraste con las de 18 o 19 años- de resistirse frente a las presiones paternas para que se casen con alguien de su propia comunidad, al tiempo que se les da la oportunidad de alcanzar un mayor nivel de educación.

Sin embargo, entre los problemas que generó la nueva ley fue que arrastró en su red a propios daneses como Signe Nielsen, que tenía 22 años cuando se casó con Franklin Lamot Lescaille, de nacionalidad cubana.

De hecho, la ley hace difícil que las parejas de daneses y extranjeros vivan en Dinamarca, aunque tengan más de 24 años. También exige un ingreso mínimo de 50.000 dólares por año, junto con un depósito de 10.000 dólares hasta que el cónyuge extranjero obtenga la ciudadanía. Otro requisito es que la pareja tenga departamento propio y no autoriza los subalquileres o viviendas provistas por familiares. E introduciendo lo que parecería ser un elemento subjetivo, la ley establece que la pareja mantenga un vínculo más fuerte con Dinamarca que con cualquier otro país.

"Eso es difícil de probar, y por lo tanto venir a Dinamarca es un problema para algunas personas", dijo Vesselbo.

La ley -dicen los críticos- tiene también el ridículo efecto de hacer que les resulte más fácil venir a Dinamarca a los extranjeras provenientes de otros países de la Unión Europea que a algunos daneses. Por ejemplo, un sueco casado con una egipcia puede vivir en Dinamarca de acuerdo con el requisito de la Unión Europea de permitir el libre movimiento laboral entre sus miembros.

Traducción de Luis Hugo Pressenda

Por Richard Bernstein De The New York Times

Te puede interesar