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Emprendedores rurales

Secretos de la cría de un animal típico

Campo

Néstor Casale fundó el primer criadero en cautiverio de estas aves, de las que se extraen plumas y carne magra

SANTA ROSA.- En un pequeño establecimiento de Embajador Martini, en el norte de La Pampa, Néstor Casale eligió la cría de ñandúes americanos como actividad productiva alternativa. Dedicado a la producción agropecuaria en los campos que arrienda a chacareros de la zona, en 1996 inició su singular criadero con los ejemplares nacidos de huevos provenientes de dos nidos que recolectó en el campo. Para hacerlo, obtuvo un permiso provincial de la Dirección de Fauna de La Pampa y ésa fue la única vez que incursionó en el hábitat natural de los ñandúes pampeanos (rhea americana).

Pertenecientes a la familia de las ratites, estos primos de los avestruces africanos figuraban por entonces en el Apéndice del Registro Nacional de Especies, lo que impedía su comercialización, pero ya muchos países avanzaban con la cría en cautiverio "y sabíamos que era una cuestión de tiempo", contó el productor.

San Agustín fue el primer criadero de ñandúes en cautiverio de La Pampa, condición que mantuvo hasta hace un par de años, cuando un emprendimiento similar comenzó a desarrollarse en el extremo suroeste de la provincia, en Colonia 25 de Mayo, a la vera del río Colorado. Cuando Casale comenzó, sólo había en el país dos criaderos de este tipo, ambos en la provincia de Buenos Aires, pero actualmente la cría de ñandúes se ha extendido a Entre Ríos, Córdoba, y a la Patagonia, donde prosperan con éxito los criaderos de choiques.

"Aunque no es una tarea muy complicada, como en todo emprendimiento alternativo hay que improvisar y desarrollar la propia experiencia", advierte Casale. Básicamente, el criadero está conformado por una serie de corrales, con alambrados perimetrales de 1,50 metro (algo más bajos para los charos); una sala de incubación; y las salas de cría, techadas, con campanas a gas para calefaccionarlos, porque las crías no pueden regular su temperatura corporal hasta que no llegan al kilo y medio.

En cada corral de 80 metros de largo y de 19, 23 o 25 metros de ancho, Casale coloca 5 o 6 hembras, con 2 y hasta 3 machos. Las hembras ponen sus huevos sobre el suelo, entre octubre y febrero, y un buen ejemplar puede producir hasta 50 huevos, a razón de uno cada dos días, aunque fácilmente llegan a colocar un huevo por día si las condiciones ambientales son las adecuadas. En San Agustín, de todos modos, el promedio de las nidadas oscila los 30 huevos, que luego de ser recolectados pasan a la sala de incubación. El período de incubación es de 38 días, de los que pasan 34 en la incubadora de volteo automático, y los últimos 4 en la nacedora (sin volteo). Al nacer, los pichones de ñandú pesan unos 400 gramos y son llamados "charos" hasta alcanzar la adultez, a los 24 meses, cuando pesarán alrededor de 25 kilogramos. Un ñandú puede vivir entre 15 y 20 años.

La dieta de los ñandúes pampeanos está compuesta por balanceados, alfalfa y maíz (que el propio Casale cultiva), y algunas veces también reciben pellets de trigo o girasol.

"Son animales dóciles, muy mansos, pero requieren un ambiente tranquilo, añejador de perturbaciones externas" cuenta el emprendedor. Durante los 8 años que lleva junto a los ñandúes, Casale ha realizado cuidadosos procesos de selección, que le ha permitido mejorar fenotípicamente sus ejemplares y por eso, además de producir carne, en los últimos años se ha dedicado también a generar reproductores.

El criadero pampeano todavía se encuentra en etapa de expansión, "con una producción anual que oscila los 100 charos y que aspiramos aumentar hasta 300 ejemplares, que es la capacidad ideal para nuestro establecimiento".

Usos

La carne de ñandú es completamente magra, sin grasa intermuscular, de color rosado o rojizo, muy tierna cuando se trata de charos de entre 3 y 5 kilos, y de sabor similar a la carne de ternera, aunque más seca. Tiene cada vez mayor demanda en mercados de Europa y Estados Unidos, pero los volúmenes que requiere la exportación todavía representan un límite inalcanzable para el criadero pampeano. "Hace unos días nos pidieron 225 kilogramos de carne, de segunda calidad, para enviar a Estados Unidos, pero no pudimos concretar el negocio porque no teníamos suficiente cantidad", se lamenta Casale. Desde Buenos Aires, en cambio, suelen llegar pedidos menos voluminosos y más fáciles de abastecer, generalmente de restaurantes que atienden turistas extranjeros y algunos sitios exclusivos.

Además de la carne, luego de la faena se industrializan el cuero y las plumas. En San Agustín, los Casale (Néstor, su esposa, y sus hijos Belén y Fernando) confeccionan sus propios plumeros, que tienen gran demanda en el mercado lugareño. "Queremos procesar el cuero y elaborar productos de marroquinería", confiesa Casale, para el que el objetivo principal es que el valor agregado de todos los productos quede en La Pampa. "Por eso preferimos esperar algún tiempo hasta poder montar la estructura necesaria, en lugar de sacar materia prima para industrializar afuera", dice.

En un futuro no muy lejano, Casale piensa experimentar con la producción de aceite, que contiene ácidos grasos similares a los de la leche materna, de aplicación en la industria alimenticia y farmacéutica. .

Flavio Frangolini
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