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Ricos más ricos para ayudar a los pobres

Por Martín Krause Para LA NACION

Domingo 19 de septiembre de 2004

En algún momento, todo aquel que opina sobre la situación social de un país debería hacerse una pregunta clave: si lo que le interesa es que los pobres tengan oportunidad de mejorar su situación o si lo que le preocupa la diferencia de ingresos entre ricos y pobres. Una cosa no implica la otra, ya que bien puede darse una situación en la que se amplíe la brecha entre ricos y pobres, pero al mismo tiempo la situación de éstos sea mejor. Este suele ser el resultado del progreso económico.

No es que quieran tratar directamente este tema, pero un trabajo elaborado por Marco Cagetti y Mariacristina de Nardi de las Universidades de Virginia y de Minnesota respectivamente presenta un análisis cuyas conclusiones se relacionan con esto.

En primer lugar, los emprendedores son una fracción pequeña del total de la población (alrededor del 10%), pero tienen una buena proporción de la riqueza (cerca del 40%) y una mayor tasa de ahorro que los no emprendedores.

Asimismo, los emprendedores son un muy alto porcentaje de los mismos ricos (hay ricos que no son emprendedores): más del 60% de los hogares en el 1% de mayor riqueza son emprendedores, al igual que casi la mitad del 5% de mayor riqueza. Siendo datos de los Estados Unidos, muestra que es ésa una sociedad donde el éxito empresarial es altamente recompensado (por los mismos consumidores, por supuesto, a menos que sean fortunas obtenidas del gobierno).

Los autores, entonces, realizan distintos ejercicios considerando los cambios que ocurrirían con distintos sistemas impositivos.

Resulta interesante ver los resultados que se obtienen con ciertas modificaciones del impuesto a las ganancias, las cuales no dejan de confirmar algunas conclusiones que tienen larga data en la ciencia económica, y en el sentido común.

Sus análisis muestran que una mayor progresividad de este impuesto (esto es, tasas más altas para los sectores de mayores ingresos), deterioran la acumulación de capital y reducen la producción, si bien es cierto que disminuye la concentración de la riqueza. Es decir, se obtiene una sociedad más igualitaria, pero al alto precio de una sociedad más pobre: se iguala para abajo. Esa mayor progresividad perjudica sobre todo a los emprendedores jóvenes y a los más viejos debido a que reduce el retorno neto de impuestos e incrementa el costo del financiamiento.

Un aumento del 5% en la progresividad del impuesto daría como resultado una caída del 3,3% en la relación capital/producto y un 8,2% en la producción agregada.

Una modificación que llevara el impuesto hacia una tasa proporcional (la misma tasa porcentual para todos los niveles de ingresos) daría como resultado un incremento del 13% en la relación capital/producto y aumentaría la producción agregada ¡en el 40%! Eso sí: la concentración de riqueza aumentaría, ya que luego de tal reforma el 1% más rico pasaría de tener el 30% al 40% de los ingresos totales, y el 20% más rico pasaría del 81% al 98% de la riqueza total.

Cualquier "igualitarista" pondría el grito en el cielo ante semejante resultado, pero antes de apresurarse a gritar sería bueno evaluar el conjunto de los efectos que se obtendrían con dicho cambio, porque el aumento del 40% en la producción agregada no puede sino tener un importante impacto en la situación de los más pobres.

Por dos razones: porque ha aumentado mucho la oferta de productos que consumen y, por ende, sus precios serán menores y porque la inversión de capital hace a cada trabajador más productivo, por lo que aumentará su demanda.

Es que, como decía el Principito, hay algunas cosas esenciales que no son visibles a los ojos.

El autor es economista y rector de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresa (Eseade).

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