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Playas a la italiana, cerca de Nápoles

Costa amalfitana: un apacible recorrido con vista al Mediterráneo

Turismo

Frente a la isla de Capri, Amalfi, Positano y Ravello: una seguidilla de pueblos con alma marina, paisajes notables e historias para descubrir al andar

AMALFI (El Mercurio, de Santiago).- No hay una receta única para trepar cerros, atravesar curvas y pendientes y dejarse caer al mar en la costa amalfitana, en Italia. El camino es una gran serpiente, angosta, llena de oscilaciones, y lo primero que se debe hacer es decidir cómo se recorre: si en auto alquilado, en moto o en micro.

Esta última opción es la mejor, si se trata de evitar el estrés de manejar en una zona desconocida y abiertamente peligrosa para los indecisos del volante. El clásico transporte colectivo, celeste, barato, puntual, es conducido por ases del volante que con un bocinazo sortean todas las curvas cerradas, que son muchas.

Se trata de distancias cortas en kilómetros. El viaje más largo es, por ejemplo, de una hora y media, entre Sorrento y Amalfi. Para los que prefieren el auto propio y moverse a la hora en que se le dé la gana, es importante saber que encontrar estacionamiento entre Positano y Ravello durante el día no es fácil. Por eso la moto no es mala idea.

El movimiento se nota

Lo segundo es determinar dónde se instala el centro de operaciones, si en Sorrento, Amalfi o Positano. Las tres alternativas son válidas, y la elección dependerá del gusto y el tiempo disponible. Si sólo se tienen dos o tres días para estar en la región, puede ser conveniente dormir en Sorrento e ir un día a Positano, otro a Amalfi y el tercero, por ejemplo, a la isla de Capri, donde van de vacaciones ricos y famosos (aunque Capri vale más si uno duerme en la isla, y porque tres días son insuficientes para disfrutar de la costa amalfitana).

Pero si se dispone de una semana o más, se puede optar por un par de días en Positano y tres o cuatro en Amalfi. Ravello, en esta misma ruta, es otra alternativa válida, sobre todo para gente mayor.

La tercera decisión importante es cuándo ir. Julio y agosto son complicados, queda advertido. Por ser verano-verano no sólo se aproximan a esta región los europeos de costumbre, sino también hordas de napolitanos en vacaciones. Tal vez los mejores meses para disfrutar la costa amalfitana sean mayo, junio y septiembre, cuando empieza el otoño y la bota itálica ha regresado al trabajo.

Está dicho, Amalfi, Positano y Ravello son los tres sitios más entrañables de este borde costero. Pero también los más turísticos y visitados. Nada de "secreto mejor guardado" ni de playa solitaria. Aquí el movimiento se nota. Pero con una salvedad, la mayoría de los visitantes llega sólo por el día. Lo que permite, si uno se queda, respirar más tranquilo desde que se pone el sol.

De Amalfi a Positano hay sólo media hora en micro. De Amalfi a Ravello, 20 minutos. Y en las cercanías están otros pueblos menos conocidos y no tan atractivos, como Minori y Maiori. Parar en Amalfi quizá sea lo más recomendable ya que este pueblo es el que se mantiene más puramente italiano. Aquí no todo es de exportación. Se siente el olor del mar, hay bares frecuentados casi exclusivamente por parroquianos locales, la cultura de la fábrica artesanal de papel es un clásico que los enorgullece y se puede comer pizza al taglio.

La vida en Amalfi transcurre principalmente en la Plaza del Duomo, con la catedral como protagonista, y en la calle peatonal y comercial Lorenzo d´Amalfi que arranca desde ahí y hacia el cerro. Entre los productos típicos, que son además característicos de toda la costa amalfitana, se cuentan los limones (algunos del porte de un melón, casi), los vinos, las cerámicas, las velas y el limoncello, licor de limón que se vende en envases de todas las formas imaginables.

Positano es diferente de Amalfi. Más exclusivo, si se quiere, objetivamente bello, pero con menos alma. Es peatonal, además. Los autos quedan arriba, en el camino costero. Llama la atención, también, por su original arquitectura: el pueblo entero está levantado sobre las rocas de los cerros.

Caminar por las callejuelas llenas de escalinatas, recorrer las tiendas de diseño, entrar por lo menos una vez en la pastelería La Zagara (una de las más tentadoras de la región), comerse una pizza en La Cueva del Sarraceno y visitar la iglesia son la ocupación del día, además de echarse en la playa que, hay que decirlo, no compite con las mejores de Brasil y el Caribe.

Ravello es más tranquilo. Para llegar hay que subir algunos kilómetros desde el camino costero. Ya arriba, es posible disfrutar de vistas verdaderamente hermosas. La plaza, grande y adoquinada, no es particularmente bonita. Frente a ella está la iglesia de San Francisco, levantada en 1222, cuatro años antes de la muerte de San Francisco de Asís, que por cierto estuvo más de una vez en Ravello. Una visita recomendable es la Villa Rufolo, desde donde contemplará una de las mejores postales de la región.

Si va por el día o si decide dormir en Ravello, una buena opción es el Hotel Restaurante Villa Amore. El comedor es en sí un estupendo mirador, las pastas son sabrosísimas, y para alojar se ofrece una buena relación precio-calidad. En verano, además, la Villa Rufolo es sede de conciertos de música clásica al aire libre, famosos por el maravilloso entorno.

Andrés, santo patrono

Amalfi fue ocupado desde el siglo 7 d.C. Mucha historia corrió por sus aguas desde entonces. Fue puerto de intenso tráfico comercial. En el siglo XI llegaban allí, de Oriente, especias, perfumes, telas y alfombras. La única forma de moverse en esta región era por agua. Sólo en el siglo XIX, Ferdinando de Borbón, rey de Nápoles, mandó construir un camino para unir Vetri con Positano, el mismo que los turistas utilizan hoy para llegar a Amalfi.

Las marejadas son pan corriente en Amalfi, sobre todo en invierno. La última aún no se olvidó: fue en 1987 y provocó bastante susto. El patrono de Amalfi es San Andrés que, según los amalfitanos, dispuso en 1544 que se levantara un temporal tremendo que evitó el inminente ataque de naves sarracenas.

Datos útiles

Cómo llegar

En avión US$ 1050
Desde Buenos Aires hasta Nápoles, con tasas e impuestos incluidos. Desde ahí, la mejor opción es alquilar un auto para recorrer la costa amalfitana.

Alojamiento

* * * * * US$ 250

* * * * US$ 90

* * * US$ 60

Más información

Ente Nacional Italiano de Turismo, Córdoba 345; 4311-4124.

En Internet

www.enit.it.

Francisco Mouat
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