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El día después de mañana

Miércoles 29 de septiembre de 2004
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LA NACION

PARIS.- Los fastuosos palacios, el Sena, la Torre Eiffel iluminada como una gigantesca pulsera de diamantes y los cafés de mesas diminutas están tan espléndidos como siempre, aunque los castaños color cobre viejo, el cielo gris y una llovizna finísima confirman que acaba de llegar el otoño.

Cerrar los ojos en Buenos Aires y abrirlos en el Viejo Continente es una de las cosas que lo hacen a uno tomar conciencia de la finitud y vulnerabilidad del planeta.

Para el astrónomo real británico sir Martin Rees, familiarizado con la muerte y la destrucción que imperan en el cosmos, donde los agujeros negros pueden destrozar estrellas y las galaxias devorarse mutuamente en cataclismos inenarrables, la humanidad tiene un 50% de posibilidades de llegar a fines de este siglo... y otro 50% de extinguirse antes de 2100. En su reciente libro "Nuestra hora final" (Our final hour, Basic Books, 2003), evalúa las posibilidades de que nos destruyan el impacto de un asteroide, la degradación ambiental, el calentamiento global, la guerra nuclear o las pandemias. Rees también cree que la ciencia está creando otras amenazas y que, dado que los individuos tienen cada vez más poder al alcance de la mano, la humanidad debería preocuparse por prever una calamidad masiva, aunque improbable.  

El doctor Osvaldo Canziani, integrante del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de las Naciones Unidas, ve muchas de esas amenazas, si cabe, aún más cerca. Por ejemplo, en la expansión de la frontera agrícola basada en justificaciones que soslayan los problemas que pueden provocar los desmontes.

"Los recientes acontecimientos de Haití -afirma-, donde la pobreza llevó a la destrucción de los montes, generando condiciones propicias para las inundaciones locales, y la destrucción del entorno, la pérdida de la diversidad biológica, la reducción violenta de la retención de humedad e intensificación de la erosión de los suelos, con exacerbación de las condiciones de inundación y sequía, que están afectando distintas áreas del país y de otros países de la región, deberían constituir un llamado de alerta a la destrucción continua del medio ambiente en aras de un beneficio temporal potencial. En la década del setenta, cuando viajando por tierra desde Paraguay se podía observar la siembra del girasol hasta en la provincia del Chaco, en condiciones ambientales adversas, se produjeron pérdidas económicas y ambientales importantes de las cuales nadie parece tener memoria." Y agrega: "La sostenibilidad de los sistemas ecológicos no es un capricho de los que defienden el medio ambiente, sino la base del futuro sobre la Tierra".

Para Rees, sería posible neutralizar estos y otros peligros ubicando los problemas ambientales entre los temas importantes de la agenda política. ¿Será factible eso mientras se considera lógico y normal que un astro del fútbol (o uno del rock, o...) reciba cifras millonarias por presentarse en un programa periodístico, circule en camioneta con sirena o llegue a tomar un avión a minutos de la partida mientras el resto de los mortales debe soportar esperas de varias horas? Ojalá que sí... si pretendemos llegar a 2100.

ciencia@lanacion.com.ar

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