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Masacre en una escuela

Miércoles 29 de septiembre de 2004
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LA NACION

CARMEN DE PATAGONES.- "Hoy va a ser un lindo día", dicen que dijo Junior, de 15 años, antes de extraer la pistola Browning calibre 9 milímetros de su padre y disparar, sin pausa, sobre sus compañeros de 1er año B de la Escuela Media N° 2 Islas Malvinas, de esta ciudad en el extremo sur bonaerense, a 1100 kilómetros de la Capital Federal. Junior, apodo por el que todos lo conocían, mató a tres alumnos y otros cinco están internados con heridas de diversa gravedad. Todos tienen la misma edad que el homicida.

Anoche, las jóvenes víctimas eran veladas en el estadio Trípodi, del Club Atenas, en medio del profundo dolor de todos los habitantes de esta ciudad. Se hicieron presentes el gobernador Felipe Solá y autoridades educativas nacionales y provinciales.

Horas después de la masacre, el adolescente -inimputable por su edad- había sido trasladado a Bahía Blanca, donde declaró ante la Justicia. Estaba lúcido, consciente de sus actos y confesó allí que en el último tiempo había tenido problemas con su padre, un suboficial de la Prefectura Naval.

La tragedia se desató luego de las 7.30 de ayer. Tras izar la bandera en el patio de la escuela, los chicos se dirigieron a sus cursos. Lo que parecía un martes más se convirtió, en pocos minutos, en un verdadero caos. Junior entró a clase, se paró junto a su pupitre, el primero al lado de la puerta, y no paró de disparar: agotó los trece tiros del cargador de la pistola reglamentaria de su padre. Tres chicos murieron : Sandra Núñez, Evangelina Miranda y Federico Ponce. Otros cinco sufrieron heridas de distinta gravedad.

El resto de los 29 alumnos del curso -de entre 15 y 16 años- entró en pánico. Unos se tiraron al piso y otros, como pudieron, intentaron huir. Unos corrieron hacia la biblioteca, otros hacia la salida.

Junior sacó el cargador vacío, que quedó tirado en el aula, e intentó colocar un segundo cargador y salió al pasillo. Dante Pena, uno de los mejores amigos de Junior, se le abalanzó gritando: "¡Qué hiciste!". Y junto con otros compañeros logró arrebatarle el arma.

En estado de shock, el chico comenzó a caminar hacia la salida y allí fue interceptado por la policía que había llegado al lugar alertada por las autoridades de la escuela, a la que concurren unos 400 estudiantes. No se resistió y lo detuvieron. Entre sus pertenencias tenía un tercer cargador y una cuchilla de campamento.

El titular de la comisaría local, Eduardo Roberto Diego, informó que cuando encontraron a Junior "estaba en estado de shock e intentaba salir de la escuela".

"En ningún momento habló ni dio explicaciones del acto que había cometido", aseguró el oficial.

Según sus compañeros, Junior después de izar la bandera, dejó entrar en el aula a todos sus compañeros. Allí, se paro junto a la puerta y disparó. Todos los tiros que no impactaron en los compañeros, lo hicieron en las paredes. Las marcas estaban a media altura, lo que indica que no fueron tiros al aire, para asustar, sino que tenían la intención de dar en el blanco.

El chico, que quedó a disposición de la jueza de menores de Bahía Blanca, Silvia Ramallo, fue trasladado ayer a la comisaría 1ra. de Bahía Blanca para preservar su integridad. Allí fue atendido por un psicólogo y una asistente social provistos por el gobierno provincial.

Junior es hijo de un suboficial de Prefectura que se desempeña en el Museo de la fuerza. Ayer uso el arma de su padre. El prefecto general Oscar Arce, que ayer llegó a Patagones para interiorizarse de lo ocurrido, dijo a LA NACIÓN que "el chico extrajo el arma de un ropero en el que su padre la había guardado anoche (por anteanoche) luego de realizar un servicio adicional.

Versiones surgidas del grupo de chicos del curso sostienen que el atacante "parece que discutió ayer" con sus compañeros, quienes, ante los disparos "a la pared, se escondieron debajo de los bancos", y por eso les "disparó a quemarropa".

El chico, que estaba en el aula contigua al ocurrir la masacre, dijo: "Escuchamos un montón de gritos, salimos del aula y vimos a tres chicas tiradas" y heridas a quienes los preceptores asistieron inmediatamente. Dos de los heridos, Rodrigo Torres y Pablo Saldías se encontraban anoche en grave estado en el Hospital de Viedma Artémides Zatti, donde también estaba internada Natalia Salomón.

En tanto, en el Hospital Ecay, de esta ciudad, permanecían "estables" Cintia Casasola y Nicolás Leonardi, según el último parte médico brindado al caer la noche.

El prefecto Néstor López, titular de la Subprefectura de Carmen de Patagones, informó que se inició un sumario interno para determinar la responsabilidad que le puede caber al padre en el luctuoso episodio.

López no descartó que puedan aplicarse sanciones contra el suboficial.

Anoche, la jueza Ramallo dispuso la realización de peritajes psicológicos y psiquiátricos a toda la familia además de un estudio socioambiental del adolescente y su entorno.

Ramallo adelantó su intención de interrogar a Junior. Ayer lo hizo con sus padres. En tanto que no precisó cuándo tomará declaración a los compañeros. "Voy a esperar unos días para tomar declaración a los chicos, quiero que recuperen serenidad porque lo ocurrido es muy fuerte", señaló la magistrada luego de visitar a los heridos en el hospital local.

El director general de Cultura y Educación bonaerense, Mario Oporto, llegó aquí al mediodía y mantuvo reuniones con familiares de las víctimas y con los docentes de la escuela. Según Oporto, hoy llegará a Patagones un grupo de profesionales de la Secretaría de Derechos Humanos provincial para trabajar en la contención de la comunidad educativa de la escuela.

Anoche, en el velatorio colectivo hubo escenas de dolor e indignación con los periodistas. Los vecinos, familiares y amigos mantuvieron algunos altercados para lograr que no instalaran las cámaras dentro del estadio de basquet, repleto de gente.

El presidente Néstor Kirchner calificó el episodio como "doloroso" y dispuso dos días de duelo nacional. Además, en todas las escuelas del país se realizará entre hoy y mañana una jornada de reflexión en la que se leerá una carta enviada por el Ministerio de Educación a todos los establecimientos educativos del país.

En tanto, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Sola, estuvo ayer en el velatorio. Al retirarse dijo que "esto es como un rayo que hubiera caído. Acá no hay ganadores ni perdedores: todos han perdido".

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