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Trapero y su cine sobre ruedas

Espectáculos

"Familia rodante" (Argentina-Francia-España-Italia-Gran Bretaña-Brasil/2004). Guión y dirección: Pablo Trapero. Con Graciana Chironi, Liliana Capurro, Ruth Dobel, Federico Esquerro, Bernardo Forteza, Laura Glave, Leila Gómez, Nicolás López, Sol Ocampo, Marianela Pedano, Carlos Resta y Raúl Viñoles. Fotografía y cámara: Guillermo Nieto. Música: Hugo Díaz, León Gieco y Juanjo Soza. Edición: Ezequiel Borenstein, Nicolás Goldbart. Sonido: Martín Grignaschi. Dirección de arte: Sergio Hernández. Producción hablada en castellano y presentada por Distribution Company. Duración: 103 minutos. Apta para todo público.

"Familia rodante", el tercer largometraje de Pablo Trapero, está lleno de paradojas y contradicciones. En cuanto a su propuesta temática (el viaje de una familia numerosa en casa rodante por la Mesopotamia para concurrir a un casamiento), se trata de la película más simple y diáfana -incluso más que "Mundo grúa"- de su carrera, pero, en el terreno de la complejidad de su producción y de su andamiaje narrativo es la más ambiciosa y audaz -incluso más que "El bonaerense"- de este emblemático representante del nuevo cine argentino.

Es probable que "Familia rodante" deje una sensación menos satisfactoria y convincente que los dos films previos de Trapero. Es que el director, de 33 años, optó esta vez por una estructura coral, polifónica (con un trabajo sobre los personajes que por momentos remite al cine de Robert Altman) y por situaciones que van cambiando bruscamente de registros, pendulando entre la comedia pura (física y verbal) y sórdidos conflictos ligados a los afectos. Estas decisiones, si bien hacen que la trama resulte menos sólida y redonda, también muestran a un Trapero abierto a experimentar -muchas veces con acierto; otras sin demasiada sutileza- nuevos rumbos para su cine. "Familia rodante" es, en muchos sentidos, una película de transición hacia algo que se está gestando y que este talentoso realizador se encargará de revelar en próximos trabajos.

Mezcla de road movie con tragicomedia familiar costumbrista (algunos la compararán casi inevitablemente con productos televisivos como "Los Campanelli" y "Los Roldán"), el film de Trapero sigue el viaje de Buenos Aires a Misiones de doce integrantes de una familia que se trasladan a bordo de una casa rodante Chevrolet Viking modelo 1958, verdadera reliquia automovilística, pero con un pequeño gran inconveniente económico: el desmedido consumo de nafta.

Categoría narrativa

Protagonizada por Graciana Chironi (la carismática abuela del director, de 84 años, que ya participó en los dos films anteriores) y un amplio elenco, en el que predominan los actores no profesionales, "Familia rodante" muestra facetas sorprendentes del director, como su capacidad para construir gags, la sensibilidad para retratar el despertar sexual de los adolescentes o la capacidad para aprovechar -en términos dramáticos y no pintorescos- la fuerza de los paisajes del litoral.

La película ratifica y amplifica la categoría narrativa de Trapero, que se luce con la puesta en escena en medio de un verdadero tour-de-force como el que significó rodar casi toda la trama en un set de filmación en movimiento. Una odisea de 1400 kilómetros, con 70 técnicos, 12 actores principales y escenas pueblerinas que demandaron la participación de hasta 500 extras.

El trabajo del talentoso director de fotografía Guillermo Nieto sintoniza a la perfección con la evolución del film, ya que tanto la naturaleza (que pasa de las llanuras a la selva mesopotámica) como las relaciones humanas (cuando empiezan a aflorar de forma creciente e incontrolable los secretos y mentiras, las miserias y las frustraciones, los resentimientos y las fantasías que han sido reprimidos durante años) van mutando hacia dimensiones cada vez más complejas, enrarecidas y salvajes.

Más allá de los apuntados desniveles del guión, que hacen que algunas situaciones (abundan los accidentes, los romances y las peleas) resulten algo forzadas y no del todo atrapantes, Trapero demuestra una vez más su proverbial capacidad para la dirección de actores y logra que de cada uno de los diálogos se desprenda una credibilidad, una verdad y una intensidad que en la pantalla -se sabe- son muy difíciles de conseguir. .

Diego Battle
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