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De crónicas imposibles

Josefina Licitra cuenta historias y... ganó un premio

Miércoles 13 de octubre de 2004

Josefina Licitra adora escribir. Y se alimenta de lecturas para que sus textos fluyan. Es periodista, y por esa soltura y una buena nota ganó el certamen latinoamericano de prensa que organiza la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, que preside Gabriel García Márquez. Hizo una de esas crónicas que parecen imposibles: entrevistó a la líder de una banda de secuestradores, que tenía 15 años y una historia larga, cuando era buscada por la mitad de la policía.

El 31 de agosto último, en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey, México, Licitra recibió el premio de una escultura maciza y 25.000 dólares por ese artículo, Pollita en fuga, publicado hace dos años en la edición argentina de la revista Rolling Stone. Y asistió ahí mismo a un seminario junto con Horacio Verbitsky, Joaquín Estefanía -director de la escuela de periodismo de El País- y Jack Fuller -presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa-, entre otros. Fue la primera vez que participó en un concurso y, afirma, lo hizo porque el fotógrafo Alejandro Lopzyc le dio la idea.

Quizás el tema de la nota ganadora pueda resumirse en una pregunta de Licitra: "En qué medida la biografía es, siempre, una suma de elecciones". Cuenta la historia de Silvina, de 15 años, acusada de liderar una banda de secuestradores. Licitra narra cómo la encontró en la clandestinidad, fugada por cuarta vez de un instituto de menores y a punto de dejar este mundo por un aborto causado a golpes y una consiguiente infección mal atendida. También cuenta su infancia, feliz hasta los 6 años, cuando aún el HIV no se había llevado a sus padres. "A los 9 ya tenía una 9 milímetros y a los 12 robaba supermercados", resume.

La nota originó un debate público. Licitra había entrevistado a una menor prófuga, y defendía el derecho a proteger su fuente. "Nadie me pidió que declarara dónde estaba, pero sí me llamaron de radios y programas de televisión para que hablara de Silvina. Sin querer, me convertí en la vocera de su historia", recuerda. "Creo que la ética profesional no existe. La ética es personal y debe llegar a todos los aspectos de la vida", reflexiona. De todas formas, concede que en el periodismo tiene la responsabilidad de cumplir con lo que se promete a un entrevistado. "Hay que respetar lo sagrado del off", agrega.

Licitra se especializa en espectáculos, información general y tendencias, pero a veces las historias la atrapan. Recién llegó de Jujuy, donde rastreó la de una madre que mató a su hijo. Pero aclara que lo suyo no es la sección policiales: "Hay una fascinación por lo marginal. Se cree que por el tema una noticia tiene valor. Pero yo creo que hay que pensar qué es lo que se quiere contar, elegir una historia por algo concreto y novedoso". Desde Pollita en fuga pasaron dos años hasta que encontró otra. "No me interesa terminar como algunos periodistas a los que sólo les falta poner una sirena arriba de sus autos para convertirse en patrulleros", aclara.

Sigue en contacto con Silvina, sabe que se peleó con lo que le quedaba de familia, una tía, y que por eso va a permanecer en el instituto de menores hasta que cumpla 18 años, porque no hay ningún otro adulto que se haga cargo de ella. Pero no puede visitarla; a las autoridades del instituto no les cayó bien lo escrito por Licitra. "Yo no les dije que era periodista, porque no me iban a dejar entrar", cuenta.

La periodista, de 29 años, comenzó a trabajar en 1994 como colaboradora de LA NACION Revista. Actualmente trabaja en forma independiente y escribe para revistas como Veintitrés, Rolling Stone, Interviú (España) y Gatopardo (Colombia). A partir del premio, también colabora con la revista dominical del diario El País, de España.

Se recibió de periodista en TEA, estudió además algo de Comunicación Social, Ciencias Políticas, y actualmente va por el año y medio de Letras. "Me gusta escribir y ganarme la vida haciéndolo. El periodismo permite ir a lugares y conocer gente que de otra forma jamás podría", sonríe.

La nota

En el número 64 de Rolling Stone -julio de 2003- fue posible enterarse de que Silvina, de 15 años y pelo fucsia, había liderado una banda de secuestradores, se drogaba desde los 13, se escapó 4 veces del instituto de menores, había intentado suicidarse y había sufrido un aborto espontáneo, probablemente por los golpes que le había dado la policía. "No tenemos a nadie, los que no están muertos están presos", le dijo hace tiempo a su tía.

María Paula Zacharías

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