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Secuestro y robo en un taxi

Sistema: con el conocido esquema de un taxista combinado con ladrones, se produjo otro caso de asalto en pleno centro y privación de libertad por varias horas

Sábado 01 de marzo de 1997

La historia parece repetida y sin que se pueda hacer nada contra esta nueva modalidad delictiva, la del taxista que roba a sus pasajeros con la ayuda de cómplices estratégicamente ubicados.

Según supo ayer La Nación, un pasajero que subió a un taxi frente al edificio IBM de Leandro N. Alem y Marcelo T. de Alvear el jueves de la semana última fue secuestrado durante varias horas por el taxista que conducía el auto.

Pocas cuadras después de haber ascendido al taxi, cuando éste se detuvo en el semáforo de Callao y Marcelo T. de Alvear, dos individuos que bajaron de un Fiat Duna blanco y de otro taxi, un Renault 9, se subieron sorpresivamente al taxi de la víctima y lo inmovilizaron para comenzar allí un largo recorrido por la ciudad, rumbo a Palermo y Núñez.

En el camino, los delincuentes, que mantenían a la víctima bajo amenazas con armas de fuego, se detuvieron en varios cajeros Banelco para extraer dinero con la tarjeta robada.

La privación de libertad duró varias horas, hasta que finalmente abandonaron al pasajero en Palermo advirtiéndole que no hiciera denuncias ni observara las características de los autos o de los delincuentes.

El pasajero -que sólo quiso identificarse ante La Nación como Néstor M. por temor a represalias- indicó que es la segunda vez que le roban en la misma forma. Hace pocos días, según se informó en La Nación, el ex diputado Jorge Vanossi sufrió también una idéntica situación en dos oportunidades.

Ahora los asaltos en los taxis incluyen prolongados paseos

Organización: el chofer del auto de alquiler estaría claramente involucrado con quienes asaltaron y mantuvieron cautivo a un pasajero durante tres horas en la Capital Federal; los delincuentes contaron con el apoyo de dos automóviles

Una banda de siete ladrones que roba a desprevenidos pasajeros de taxi, con la modalidad de irrumpir en el vehículo en el centro de la ciudad, circula por Buenos Aires y los lleva de "paseo" durante varias horas. Dos autos, uno particular y otro taxímetro, les servirían de apoyo. Uno, un Duna blanco y el segundo, un Renault pintado de amarillo y negro.

Así lo relató Néstor M., un empleado de comercio neuquino de paso por la capital, que el jueves a la tarde debió soportar durante tres horas las amenazas y los apretujones a que lo sometieron dos individuos que se metieron en el auto en que viajaba cuando éste llegó a destino.

Tomó el taxi frente al edificio de IBM, en Leandro N. Alem y Marcelo T. de Alvear, hasta ésta y Callao. Allí se abrieron las puertas de adelante y de atrás del rodado, y dos hombres de alrededor de 45 años, bien entrazados y afeitados, se metieron gritando como si fuese un procedimiento policial.

Como a un traficante

"Dame la droga, dame lo que llevás ahí encima", vociferaron al tiempo que forcejeaban para quitarle el attaché, del que le sacaron dinero en efectivo después de revisarlo.

El acompañante del chofer amagó unas frases, como para amedrentar al conductor, mientras que el de atrás apuntaba al pasajero con un arma automática.

"El chofer estaba visiblemente nervioso, pero ya desde que tomé el taxi. Se notaba que estaba con ellos. Frenaba bruscamente y miraba por el espejo, aunque yo apenas me di cuenta de que venía con otros autos de apoyo después de viajar por Salguero hasta la costanera, por la avenida General Paz y por Libertador hasta Núñez", contó el damnificado.

"A la altura de la cancha de River paró, se bajó el que iba adelante y se subió otro hombre, más profesional, que me pidió las tarjetas de Banelco y los códigos. Fueron parando sobre la avenida en varios cajeros automáticos y extrayendo de mis cuentas todo el efectivo. Incluso me dijeron que les extrañaba que tuviera tan poca plata en el banco. Claro, les dije que soy empleado y mi mujer, maestra."

Tuvo que hablarles para calmarlos, porque se pusieron nerviosos y empezaron a encañonarlo y a empujarlo hacia atrás, contra el arma, al salir de la Capital;el agredido temió que lo peor pudiera pasarle.

Ciento ochenta minutos después

Desde las 13 hasta las 16 duró la travesía, que concluyó en una zona de Palermo, adonde el asaltado pudo convencerlos de que lo dejaran allí. Le devolvieron las tarjetas y le dejaron diez pesos para que se tomara otro taxi, no sin advertirle: "Ni se te ocurra mirar las patentes de los autos. Mirá que el de atrás te está apuntando desde el auto. . ."

Sentado a la mesa de un bar en una ciudad que se le muestra muy agresiva, la cara pálida como el que sintió el aliento de la parca en la nuca, Néstor pensó muy bien sobre la conveniencia de hacer la denuncia.

Ya había estado a punto de sufrir un infarto arriba del coche, cuando el de la pistola forcejeaba con él y el de adelante lo empujaba. Y todavía le faltaba terminar un trámite.

En diciembre último le habían sacado ciento y pico de pesos en otro taxi, también en Buenos Aires, y había dejado constancia en la comisaría de la zona donde transitoriamente vive cuando viene a la Capital.

"Lo único que se me ocurre para prevenir este tipo de asaltos, de los que sé que hay tres o cuatro por día por comentarios que escuché en la seccional, es que las consignas que están en el centro bien podrían detener por tres minutos a los taxis que llevan a dos pasajeros atrás y a uno adelante, y pedir los documentos.

"De esta manera, que se puede instrumentar si las autoridades envían un radiograma a todas las comisarías, se lograría evitar que tomen desprevenidos a los usuarios de taxis y que además de robarles, los paseen horas por la ciudad", concluye Néstor.

Virginia Santana

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