Tema libre / Graciela Peyrú
Acero en la piel
El piercing, o la práctica de perforarse el cuerpo para adornarlo con joyas o implementos metálicos, se ha extendido entre los jóvenes. Aquí, la autora indaga en esta tendencia que –afirma– intenta expresar aquello de lo que no se habla
Perforarte es retar a los límites de tu propia sensibilidad. El dolor deja de ser tal para convertirse en estipulación, en la búsqueda de la sensación extrema, la posibilidad de transformar el propio cuerpo al gusto!"
"¡Hola! Quería saber si hacerse un piercing en el cuello, en la zona de la garganta, duele mucho y si se corren muchos riesgos. A la hora de tragar puede resultar muy molesto? Ya llevo como ase 10 días con un piercing en el labio y la inflamacion sige, ¿es normal? me puse un palito de orégano por q la argolla me aprisionaba, es pequeño, delgado q no es del porte del percing, se lo agradeceria demaciado si respondieran, gracias?" (Extractado de foros temáticos sobre piercing, en distintos sitios de la Web. Los errores ortográficos fueron respetados.)
Piercing es la práctica de perforarse el cuerpo colocándose joyas o implementos metálicos– oro, acero quirúrgico, titanio, etc.– para transformar el cuerpo, adornarlo, convertirlo en una manifestación en sí misma. El piercing ha ingresado, desde hace años, dentro de una lógica de mercado que se nutre de las diversas motivaciones que pueden tener sus adherentes. Hoy ya no son sólo un grupo, sino cientos de miles los jóvenes y adultos que lo hacen porque lo pueden hacer, porque está al alcance de muchos.
Los últimos veinte años, acompañados por una cierta robotización del individuo en Occidente, han hecho perder dimensión al cuerpo tangible frente a la explosión de las imágenes digitalizadas. Al mismo tiempo, adquirió gran desarrollo, académico y comercial, el arte corporal (body art).
Los símbolos son expresiones profundas de la naturaleza humana y, como el piercing, han ocurrido en todas las culturas y en todos los tiempos. Hoy, la frecuente utilización del propio cuerpo como lienzo podría buscar constituirse en un ritual, pero no lo hace; podría denotar status social, mas tampoco. La guiche (perforación localizada en el perineo), el septum (perforación de la membrana que está bajo el cartílago central de la nariz), junto al ampallag (perforación horizontal de la cabeza del pene) y sus múltiples variantes zonales, parecen expresar aquello que no se está diciendo en otros lenguajes.
Los antiguos ritos de pasaje y sus perforaciones corporales aseguraban a los iniciados el reconocimiento social adulto, el ser aceptados y respetados por toda la comunidad. La ausencia de estos ritos en Occidente torna más impreciso el registro de los ciclos vitales. La pubertad estará cada vez más distante de la responsabilidad social. Se ha llegado a hablar, entre nosotros, de una adolescencia interminable. Cuerpo amado, cuerpo odiado, la única relación que el cuerpo no puede tolerar es la indiferencia. Catherine Zeta-Jones (35) declaró a la revista Styles: "Hay que hacer con el cuerpo todo aquello que te haga feliz. La vida es demasiado corta. Si estás triste y la cirugía estética te pone contento, simplemente usala".
Como en una pendiente pulida y aceitada, los usos culturales del cuerpo no sólo sostienen tatuajes y el piercing: las primeras cirugías (elevar senos, alivianar párpados, adelgazar caderas) hoy se realizan mucho antes de los veinte años.
Entrevistas, series televisivas y artículos periodísticos dan oxígeno a las prácticas de transformar instantáneamente el cuerpo. Una cierta apatía insensible, que recicla imágenes ideales, afecta a las sociedades actuales. Los más jóvenes son especialmente vulnerables. Sitios web de ministerios y secretarías de Salud mundiales aconsejan a los jóvenes que se están por perforar tener cuidado con el "profesional", la iluminación del local y la calidad del adorno por colocar. Ninguno de ellos llega a plantear a los adolescentes la posibilidad de no replicar esta fantasía tribal.
Cuando nuestros jóvenes no pueden expresar sus ansiedades en su mundo social, por parecerles a ellos mismos insustanciales, deponen su capacidad de asirlas, contenerlas y canalizarlas, y estallan contra el cuerpo. En este contexto, los artistas y los adolescentes actuales utilizan el cuerpo (o algo cercano al cuerpo) como signo de su época. En diversas encuestas, más de la mitad de los estudiantes universitarios norteamericanos entrevistados se había realizado un tatuaje, un piercing o una escarificación (dibujos realizados en la piel con cicatrices provocadas para ese fin).
En una cultura en la que las imágenes rebasan toda posibilidad de pensar, el cuerpo de los jóvenes será, fundamentalmente, un territorio cultural. Los piercing, los tatuajes y la automutilación son, como la pornografía y la violencia de las series de acción, propuestas vinculares dentro de una estrategia social. ¿Moda, estética o rito corporal?
Al construir nuestros modelos de éxito pasamos por los polos de endiosar y demonizar a los adolescentes. El cuerpo juvenil, permanentemente idealizado, se fragmenta y se rearma día a día: es perforado una y otra vez para participar de una cultura que transforma su esencia en espectáculo.
Las conductas violentas de los adolescentes se insertan, sin solución de continuidad, en los sostenes principales de la cultura actual. En las múltiples violencias que permean nuestras sociedades resulta difícil discernir, en cada caso, el compromiso de una instancia social. La eternización de la adolescencia y los escamoteos de la responsabilidad están determinados por la incapacidad de la sociedad adulta de integrar a los jóvenes en roles laborales y sexuales más adultos. En medio de la sobresaturación de nuestra época, necesitamos comenzar a distribuir equitativamente cada responsabilidad.
Cada niño, al crecer, necesita redefinir su identidad, su quehacer y sus pertenencias. El piercing y el tatuaje, tan corrientes hoy, son expresiones culturales que intentan decir aquello que no se dice en nuestro mundo interno y en el universo social. Será tarea central de la psicología tratar de ayudar a descifrar el sentido, los sentidos, de esta moda. Sentidos que eluden expresiones más directas.
El cuerpo no es nunca sólo el cuerpo. Colaborar a esclarecer los sentidos de este nuevo consumo puede ser una labor fértil de los especialistas.
Descifrar sentidos es tomar postura frente a una práctica corporal masiva que, por el momento, elude toda distancia crítica.
(Colaboró en este artículo el psicólogo Santiago Bavosi)
La autora es médica psiquiatra y presidenta de la Fundación para la Salud Mental .
