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Entrevista

Diego Peretti: un galan atípico

Revista

A los 41 años, es uno de los actores más versátiles, capaz de moverse entre el cine, el teatro y la TV sin mayores conflictos. Protagoniza La ópera de tres centavos en el teatro San Martín; Locas de amor, en Canal 13, y está punto de estrenar el film No sos vos, soy yo. Charla en profundidad con este hombre de nariz prominente que se ha ganado fama de sex symbol

Jerry Lewis, el histriónico, el delirante profesor chiflado. A él lo imitaba Diego Peretti en las playas de Necochea, a los 8 años, durante las vacaciones familiares. "Sí, fui payaso -dice como si confesara un crimen del pasado-. Pero nunca imaginé que llegaría a ser actor."

A la actuación llegó tarde. Primero se recibió de médico: pensaba ser pediatra, luego fue cirujano y finalmente se decidió por la psiquiatría. "En casa siempre fue importante tener un título universitario; era un deseo muy fuerte de mis padres, sobre todo de mi viejo -recuerda-. Mi hermano (Alejandro) intentó hacer lo suyo con ingeniería., pero abandonó. Yo seguí, aunque ya a la mitad de la carrera supe que no era lo mío."

-O sea que terminaste la carrera para satisfacer el deseo de tu padre.

-No hay dudas de que fue por eso. Para mí era muy importante satisfacerlos a ambos. Los dos (Aldo Juan, italiano, y Margarita Venegas, española) eran luchadores incansables y creían que un título te daba cierta seguridad.

La elección de la medicina no fue casual: su padre tenía un problema cardíaco importante que por años mantuvo en velo a la familia. "Puede ser una de las razones; tengo recuerdos de estar siempre atento a lo que le ocurría al viejo."

Pero el destino quiso que el Peretti que jugaba a ser Jerry Lewis encontrara en la actuación su verdadera vocación, la misma que comenzó como un hobby y que hoy, a los 41 años, sigue abrazando con fuerza.

-En el '95 llegaste a la tele con Poliladron. Allí encarnabas a El Tarta, pero a la vez trabajabas como médico. ¿Esto afectó la relación con tus pacientes?

-Nunca me generó problemas; al contrario, muchos se sentían más libres de contarme lo que les pasaba. Por aquel entonces atendía en el (hospital) Castex y era muy común que me pidieran que les autografiara las recetas como El Tarta. Al poco tiempo abandoné la medicina para meterme de lleno en esto.

- ¿La psiquiatría y la actuación tienen algo en común?

- Las dos tienen como objeto el estudio del alma, y es fascinante poder sumergirse en ella.

Hay varias razones por las que un hombre puede ser feliz, y Peretti encontró en Mora una de las más maravillosas. "Una gorda divina, rechoncha", dice el padre primerizo de la criatura de dos años y medio. "La vida familiar es un ámbito en el que me siento muy cómodo; claramente es el lugar donde debo estar -sostiene Peretti-. Cuando me abstraigo y miro la escena desde otra perspectiva, me abruma el orgullo de ser parte del armado de una familia. Quizás, desde la cotidianidad uno no se da cuenta, pero a la noche, antes de ir a dormir, disfruto de lo que veo y soy feliz junto a Natalia (su mujer) y Mora. Ojalá mis viejos estuvieran para compartirlo" (su padre murió en 1992 y su mamá, dos años después).

¿Galán yo?

"Ese es el poder la ficción", se escuda rápidamente al aludir al rol de galán que parece perseguirlo. Con una nariz que gana en encantos y que no busca esconderse, a lo Cyrano de Bergerac, Peretti jugó a ser un seductor en Los simuladores, al mejor estilo Bond. "Ravenna -dice sobre su personaje- vivía con tres mujeres cultas y sexy, y las tres estaban contentas. Era muy seductor, un tipo extremadamente lúcido. Jugábamos a mostrar a un ganador en un physique du rol muy diferente del de Gustavo Bermúdez; era un contraste muy interesante."

-¿Te gusta verte como galán?

-Nunca me preocupé por serlo. Hay un actor en televisión que no es galán, pero que hace de galán, y es (Osvaldo) Laport. Es un actor que siempre construye personajes. Lo que hizo en Campeones me pareció extraordinario.

Porteño de pura cepa, Diego Peretti nació en 1963. Se crió en el barrio de Constitución, en un departamento sobre una empedrada y angosta avenida San Juan, en la esquina con Lima, muy cerca de Canal 13. "Los veía a todos -recuerda entusiasmado-, bajaba para ver a Palito Ortega, a Sandro, a Serrat, a Rafael (mi vieja se volvía loca); a todos los que iban a lo de Pipo Mancera. Era muy emocionante."

Creció en los 70, una década de fuerte trasfondo político, con una apertura musical que aún hoy considera fundamental, gracias a bandas como Pescado Rabioso, Led Zeppelin y un cine cargado de títulos como El Padrino, Ultimo tango en París o Taxi driver, que descubrió con el tiempo, pero que en aquellos años ya despertaba su interés. "Siempre me interesó más este tipo de películas que la saga de Superman. Me gustan esas películas movilizadoras, emocionales, capaces de quitarte el aliento por diez cuadras."

En 1982, la clase 63 fue una de las que lucharon en Malvinas. Peretti no. En el sorteo para el servicio militar le toco número bajo.

-¿Pero igual querías ir?

-Hubo amigos que fueron. Sentía una contradicción tan fuerte, no desde lo territorial, sino por lo generacional: chicos como yo estaban peleando allá y yo sentía un impulso enorme de estar ahí, de anotarme, de colaborar, más allá de que de alguna forma intuía que los que nos habían llevado a esa guerra eran traidores de la patria.

-Al final, la actuación te ayudó a exorcizar está contradicción.

-Fue con una obra que hice en el San Martín (Bar Ada, de Jorge Leyes, en 1996), que trataba sobre un ex combatiente de Malvinas, y de alguna manera me ayudó a procesar esa angustia atragantada.

A la distancia, Peretti está convencido de que las imágenes que mamó de la política de los 70, como la vuelta de Perón, fueron las que lo llevaron a militar, desde el '83 y en sus años universitarios, en el Partido Intransigente. "Nunca voy a olvidar la cara de mi vieja diciendo «milicos en el gobierno no puede haber», en plena decadencia del gobierno de Isabel Perón. La tenía clarísima: ella había llegado a la Argentina dejando atrás la Guerra Civil Española, sabía lo que era tener un militar en el gobierno, venía de padecer a Franco. Esa conciencia política me quedó."

-¿Y por qué el Partido Intransigente?

-Alende no se vende (repite el lema del partido). Tenía una idea democrática de la realidad tan fascinante, pero bueno, lamentablemente se murió sin llegar a ser presidente. Tal vez le faltaba carisma y no logró definir al grupo que lo rodeaba.

De perfil bajo y hasta casi tímido, Diego Peretti guarda celosamente su intimidad. "No me molesta hablar de los seres que amo, pero intento no exponerlos. Hay ciertos límites que uno no debe cruzar.""

-Sin embargo, las reglas de juego parecen indicar que hay que exponerse para no quedarse afuera.

-¿Quién lo dice? A mí el actor que se la pasa hablando de su vida personal, exponiéndose todo el tiempo, me genera cierta duda, como si fuera un mago que muestra el secreto de sus trucos. Me da esa sensación. La cosa mediática me despierta cierto prejuicio. Hoy, en vez de ser un actor, sos un famoso.Y yo soy actor. Y me encanta.

Por Fabiana Scherer

Para saber más
www.teatrosanmartin.com.ar
www.cinenacional.com.ar
www.pol-ka.com.ar

Personal

  • Nació en 1963. Porteño de pura cepa, se crió en el barrio de Constitución. Es hincha de River. Su papá, Aldo Juan, daba clases de física y matemática en el colegio Otto Krause; su mamá, Margarita Venegas, vendía ropa en un local. La primaria la hizo en el Cangallo Schule y el secundario, en el Nacional Buenos Aires. Estudió medicina y se especializó en psiquiatría. En la actualidad está casado con Natalia, con quien tiene una hija, Mora.
  • De la mano de Raúl Serrano comenzó a hacer teatro. En el '95 desembarcó con fuerza en la TV con Poliladron. Luego llegarían RRDT, Campeones y Culpables. En 2002, junto a Alejandro Fiore, Martín Seefeld y Federico D'Elia, y con la dirección de Damián Szifron, protagonizó Los simuladores, uno de los mayores éxitos de la tevé de los últimos años.
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