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Domingo 31 de octubre de 2004 | Publicado en edición impresa

Entrelíneas

Los nenes con los nenes

Por Pablo Sirvén | LA NACION

Twitter: @psirven    |   Ver perfil
 
 
 

Pocos se atrevían antes a nombrarlos con todas las letras; ahora están instalados prácticamente en una virtual cadena nacional de veinticuatro horas. Cosas del típico péndulo argentino, que no conoce de términos medios y que con la misma contundencia va de un extremo al otro.

Si en el pasado se condenaba a los gays a vivir escondidos vergonzosamente debajo de las piedras, en la actualidad, en cambio, se los tiene como habitantes preferenciales del efímero pedestal de la gloria mediática. Hoy, cultura, estéticas, movidas, políticas, comicidad y modas suelen estar impregnadas por una pátina homosexual, ni hablar en el cine, en el teatro y en todo tipo de lugares públicos "temáticos".

Repasemos: el programa de TV más exitoso del año, "Los Roldán", juega con las equívocas relaciones entre un hombre (Gabriel Goity) y un travesti (Florencia de la V, quien además se convirtió, de la noche a la mañana, en la vedette principal de la calle Corrientes; "gasta" las tapas de las revistas y es tema principal de los programas de chimentos); en el ciclo que compite con la producción de Ideas del Sur, "Los secretos de papá" su protagonista (Dady Brieva) compone a un falso gay; "Padre Coraje", por su parte, coloca en un lugar relevante de su trama la condición homosexual de Froilán Ponce (Luis Machín); Soledad Villamil y Andrea Pietra se besan en "Locas de amor"; "Ser urbano" anuncia para pasado mañana sendos informes relacionados con el mundo gay (caballito de batalla preferido del ciclo conducido por Gastón Pauls); Ronnie Arias y Fernando Peña, más allá de otros talentos que indudablemente tienen, son celebridades por hacer de lo gay una bandera.

Ya no se trata sólo de darle un justo lugar de expresión a las minorías sexuales. El desborde, el sobredimensionamiento sobrevuela peligrosamente y los efectos podrían ser contraproducentes.

La tendencia no es exclusivamente nacional: en Francia acaba de inaugurar sus transmisiones PinkTV, un canal especialmente para aquellos que gustan de contradecir a su sexo biológico y la TV norteamericana desborda de series con temáticas por el estilo ("Will & Grace"; "Queer Eye for the Straight Guy", "Boy Meets Boy", "Queer as Folk", etcétera) que se ven en todo el mundo.

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¿Acaso estamos a las puertas de un nuevo autoritarismo sexual de signo contrario al anterior o es tan sólo el mismo de siempre, sólo que ha cambiado su ropaje formal y represivo de antes por un vestuario más colorido y modales descocados?

Los encolumnamientos "políticamente correctos" que se van dando en animadores, columnistas y "opinators" que circulan por la radio y la TV, que se apuran en aplaudir con obsecuencia desinhibida el "nuevo orden" -recordar el linchamiento público reciente que sufrió la modelo Valeria Mazza sólo por opinar que prefiere un papá y una mamá para los chicos adoptados-, sugieren la intervención de activos "comisarios políticos sexuales" listos para saltar a la yugular del que ose desmarcarse mínimamente de la "cultura gay" crecientemente predominante.

Así como antes el autoritarismo sexual reprimía sin piedad las diferencias, escondiendo debajo de la alfombra aquello que se apartara de "lo debido", volviéndolo ominoso e innombrable, hoy, por el contrario, todo eso gana la superficie de manera ostensible y con pretensiones hegemónicas.

Quizás, ojalá, se trate de un efecto momentáneo: el resorte replegado y constreñido dentro de una caja diminuta sale con fuerza cuando se descorre la tapa. Sólo el correr del tiempo acomodará los tantos, pero mientras eso no suceda, habrá que estar atentos para que los extremos -lo homofóbico, por un lado; cierto fanatismo gay, por el otro- no llenen de piedras el camino por el que la mayoría de los seres humanos, cualquiera que fuere su condición sexual biológica o adoptada, desean transitar, libres de discriminaciones, respetándose a sí mismos y a los demás, enriqueciéndose en la diversidad y sin ser llevados de las narices con discursos propagandísticos blancos o negros, maniqueístas y mesiánicos que no conducen a ningún lado.

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En España se armó hace poco una gran batahola por el tema de si los gays deben o no adoptar chicos; en Italia casi se comen crudo a un ministro por decir: "¡Pobre Europa! Los culattoni ("maricones") son mayoría"; en las inminentes elecciones presidenciales norteamericanas también metieron baza (¿sí o no a los matrimonios unisex?). ¿Será que el mundo ha comenzado a girar sobre este único eje?

Si la "heterosexualidad obligatoria", con sus rudos modales, creó traumas inconcebibles, censuró y persiguió, no parece un buen camino para combatirla repetir la historia con una suerte de "homosexualidad obligatoria" que, al fin y al cabo, se autodiscrimina porque transfigura aquel gueto hipócrita y silencioso, en el que habían sido aislados, por otro gueto, pero ruidoso y desafiante, que no quiere saber nada de diluirse en el seno de la sociedad porque hace de lo sexual su principal razón de ser.

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El sábado próximo tendrá lugar una nueva edición de la festiva Marcha del Orgullo Gay, entre Plaza de Mayo y el Congreso, expresión más divertida y revulsiva que reivindicatoria.

Anoche, en el Malba, fue la última función de "Lesbianas de Buenos Aires", el documental de Santiago García, y está en pleno curso, hasta el miércoles próximo, en el cine Cosmos (Corrientes 2046) y en el Espacio Incaa Km 3 (Libertador 1248), a 3 y 5 pesos, respectivamente, la entrada a cualquier función de Diversa, festival de largometrajes y cortos de temática GLTTB (que significa gay, lésbica, travesti, transexual y bisexual). Dicha muestra exhibe todo tipo de producciones extranjeras y nacionales, juntamente con actividades paralelas que incluyen mesas de debate, charlas y galería de obras de arte y fotografía. Entre tanto material hay dos muy elocuentes cortos franceses titulados "Las invasiones gays" que parodian los films de extraterrestres que conquistan la Tierra. ¿Ficción o expresión de deseos?

Las temáticas que abarca el festival y sus tratamientos, más que fuertes y controvertidos, son sólo aptas para espectadores de comprobada amplitud y tolerancia. El resto hará bien en abstenerse. .

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