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Psicología positiva, un enfoque que nos enseña a ser optimistas

La clave es centrarse en las capacidades de las personas, no sólo en sus problemas

Sábado 06 de noviembre de 2004

Aunque la vida parezca caérseles encima, hay personas que siempre son optimistas. Y otros que, a pesar de tenerlo todo, no pueden dejar de mirar la realidad desde la más amarga de las perspectivas.

Y mientras nadie fue capaz de establecer aún si estas diferentes maneras de enfocar la vida dependen del ambiente, la personalidad, la genética o quizás hasta del mismo azar, un grupo de psicoterapeutas argentinos debate hoy, en una jornada organizada por el Centro Privado de Psicoterapias (CPP) y la Fundación Aiglé -a cuyo frente están los licenciados Hugo Hirsch y Héctor Fernández Alvarez- sobre psicología positiva, que apunta a incorporar el optimismo en psicoterapia. La jornada es arancelada y se realiza en Virrey Loreto 2348, de 9.30 a 17.30; informes: 4788-9600.

El licenciado Hugo Hirsch, director del CPP, explica que esta escuela ya se ha instalado en otros países, pero que aquí -posiblemente por la fuerte dominancia de ciertas teorías que ven en la condición humana más un drama irresoluble que una oportunidad- aún no está demasiado difundida.

"La mayoría de las propuestas comienzan por definir lo que está mal -afirma Hugo Hirsch-. La patología o lo que no funciona es el «nudo». Desde la psicología positiva, el acento está puesto en observar los recursos y las soluciones que las personas tienen", y entonces cita el ejemplo de un paciente que refiere una larga crisis matrimonial salpicada, de a ratos, con momentos de bienestar.

"La propuesta terapéutica -ilustra Hirsch- es que este señor investigue en detalle cómo se generan estos buenos momentos, más que en ponerse a repasar, por enésima vez, en todo lo que está mal entre ellos."

Hirsch añade que este enfoque nació en los EE.UU. cuando Martin Seligman, al cabo de 25 años de estudiar la depresión, comenzó a preguntarse, en cambio, por qué en lugar de deprimirse había muchos que, sencillamente, eran o intentaban ser felices.

El desafío de resistir

"La idea de psicología positiva se vincula también con el concepto de resiliencia -continúa Hugo Hirsch-, que ha sido tomado de la física y es la capacidad de los materiales para regresar a su estado inicial aunque hayan sido completamente alterados. Pero si la utilizamos en psicología o en cualquier otra ciencia humana, resiliencia quiere decir más que eso, y es, por ejemplo, la capacidad que muestran muchos niños para atravesar circunstancias por demás difíciles o trágicas y salir fortalecidos de eso. Todos estos años aprendimos mucho sobre factores de riesgo. Sin embargo, olvidamos que un factor de riesgo no es necesariamente una condena."

Hirsch explica que lo típico del pensamiento pesimista, según Seligman, es pensar: "Lo que me pasa de malo es lo único que me pasa, abarca toda mi vida, va a durar para siempre y yo soy responsable o culpable de eso".

"Parte del modelo clásico de la terapia cognitiva es cuestionar este tipo de pensamientos -añade -. Esto tan malo, ¿abarca realmente toda mi vida? Una manera de sostener el optimismo es ver que «lo malo» es una parte y no la vida entera y, además, que no tiene por qué durar siempre. Algunas personas piensan y sienten así naturalmente, otras pueden aprender."

Hugo Hirsch no niega las dificultades que plantea quedarse sin trabajo o sin vivienda, o estar enfermos y no disponer de recursos para la atención. Pero, otra vez, insiste: "Siempre hay algo bueno, en cada situación. Hay algo que se le puede sugerir a la persona y algo que se puede hacer por él, y así le resultará más fácil. La psicología positiva incluye intervenciones en ámbitos comunitarios".

Si bien disponer de recursos materiales es imprescindible, distintas investigaciones, añade Hirsch, demuestran que una vez satisfechas las necesidades básicas no existe una relación necesaria entre la riqueza y el bienestar y que cuando las necesidades básicas están satisfechas, los individuos se mueven hacia un estadio donde aparece una nueva garantía de infelicidad: el vivir comparándose con lo que hizo el vecino (y uno no).

Familias a prueba de todo

Dice Hugo Hirsch que uno de los aspectos que condicionan el buen destino es nacer en el ámbito de una familia optimista, que define como "una familia que, básicamente, ayuda a sus integrantes a confiar en su capacidad para resolver problemas".

Estas familias, ¿son muy habituales? "No, por cierto -admite el psicoterapeuta-, pero se puede ayudar a que encuentren esa capacidad. Y también es posible trabajar desde las posibilidades, no de las carencias, en el ámbito de la escuela. La idea es preguntarse: «¿Qué tiene este chico además de sus problemas y qué tienen los que están a su lado? ¿Con qué contamos, en lugar de pensar qué nos falta?» Estamos investigando el tema, con población escolar de Buenos Aires. Ya podremos compartir los resultados."

El director del CPP añade que un buen ejemplo de familias que creen en la capacidad de sus integrantes son, a menudo, las familias de chicos con capacidades diferentes.

"Hay algo para aprender acerca de cómo ellos manejaron sus dificultades y no se quedaron enterrados hasta el cuello en su situación -dijo Hirsch-, en cómo enfrentaron la situación, crecieron y aprendieron de ese proceso."

La pregunta inevitable es si la psicología positiva no guarda algún parentesco -aunque sea lejano- con la tendencia del "está todo bien" y la negación de los problemas.

"Nada más alejado de eso -advierte el psicólogo-. Es una actitud en la cual la persona trata de ponerse a sí misma y a los demás en una situación en que los problemas no sólo no son negados, sino que necesitan ser resueltos. Ahora, si queremos enfocar la cuestión en términos de apreciación de la realidad, es posible que el pesimista mire más en detalle que el optimista. Pero para muchas situaciones de la vida tener demasiado presentes los detalles de todo lo que pasa no es bueno: lo único que se logra así es limitar, paralizar o inhibir la acción."

Gabriela Navarra

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