Editorial I
La ley sobre donación de alimentos
Muchas veces hemos condenado severamente desde estas columnas la inacción o la indiferencia del Congreso de la Nación ante ciertos requerimientos urgentes de la realidad social.
Hoy, en cambio, debemos aplaudir sin retaceos una decisión de la Cámara de Diputados. Nos referimos a la media sanción que el cuerpo otorgó anteayer al proyecto de ley que establece un régimen especial para la donación de alimentos, comidas y productos de almacén en buen estado.
Se trata de una iniciativa altamente valiosa desde el punto de vista social, pues tiende a respaldar a los llamados Bancos de Alimentos en la loable acción que desarrollan para combatir el hambre y la desnutrición.
LA NACION y varias reconocidas ONG vienen insistentemente reclamando desde hace cuatro años la aprobación de esta importante iniciativa parlamentaria, pero el Congreso no había mostrado hasta ahora el menor interés por abocarse a su tratamiento. Como dijimos otras veces, la desidia legislativa es siempre condenable, pero lo es mucho más cuando está de por medio una propuesta de imperiosa necesidad social.
Por eso celebramos hoy que la Cámara de Diputados haya tomado conciencia por fin de la importancia del proyecto y le haya dado media sanción. Muchas organizaciones de la sociedad civil apoyan desde hace años la sanción de esta ley: entre otras, Caritas, la Red Solidaria y la Red Argentina de Bancos de Alimentos.
Como es sabido, normalmente se arrojan a la basura, en el país, cientos de toneladas de comida en buen estado. Ello se debe a que ciertos productos alimenticios son necesariamente retirados de la venta porque tienen fallas en su envase o en su etiquetado o porque siendo perecederos están próximos a su vencimiento o tal vez porque se ha producido una sobreproducción o una sobreoferta y los canales de comercialización están saturados.
Con el fin de evitar que se destruyan o tiren, se impulsó hace cuatro años la sanción de una ley que introdujera las condiciones necesarias para que esos productos excluidos del mercado pudieran ser donados a los bancos de alimentos, que cumplen funciones de solidaridad social. En muchos otros países existen leyes similares; la que impera en México es conocida como la ley del buen samaritano.
Según información proporcionada por el Ceamse, en la ciudad de Buenos Aires se han procesado, en lo que va del año, 1.110.000 toneladas de basura. El 51,46% de ese conjunto de residuos corresponde a desperdicios alimentarios. Si proyectamos esas cifras al plano nacional podemos afirmar que en el país se producen mensualmente casi 100.000 toneladas de desechos alimentarios. Una estimación bien fundada permite suponer que el uno por ciento de ese desperdicio corresponde a destrucción de alimentos por parte de las industrias por las razones anteriormente enumeradas. Sólo con ese uno por ciento se podría dar de comer a 552.000 niños por día.
No hace falta agregar nada más para que se comprenda la importancia del proyecto de ley que Diputados acaba de aprobar y que ahora necesita la sanción del Senado. Confiemos en que la Cámara alta estará a la altura de sus responsabilidades y convertirá en ley el proyecto antes de que concluya su actual período de sesiones.
La opinión pública valora lo que han hecho los diputados nacionales que se pronunciaron en favor del proyecto y lamenta, en cambio, la actitud de quienes votaron en su contra, en muchos casos con fundamentos que revelan una marcada propensión a privilegiar las especulaciones abstractas o los discursos ideologizados por encima del compromiso claro y concreto con la realidad social. Felizmente, a la hora de la votación el proyecto salió airoso.
Los senadores tienen ahora la oportunidad de demostrar su grado de sensibilidad social y su cercanía con los problemas reales de la vida nacional. .
